Edición Agosto 2006

Ser o no ser madre: esa es la cuestiÓn

 

 

Cuando tenía como 8 años supe que mi tía “Fulana” no había podido tener bebés. “¡Qué raro!”, pensaba. No me era lógico que una pareja felizmente casada no tuviera hijos. “Pobre, se debe de sentir muy mal, no poder tenerlos, ¡qué desilusión!”.
siriusfem, maternidad, ser o no ser madreEn mi mundo infantil eso era lo que pasaba: una familia sin hijos no era una familia. Pero si yo era una niña y pensaba así, me puedo imaginar cómo habrá sido en el mundo de los adultos. Seguramente se rumoraba que “su fábrica estaba defectuosa” o la miraban con ojos de pena. ¿Adoptar? ¡Imposible!, en un México como en el que aún vivimos (consideren el de antes) eso de tener un niño que no era tuyo es raro.
Pasaron los años y mi tía y su esposo siguen juntos, al parecer queriéndose como el primer día. No puedo decir lo mismo de muchos otros matrimonios en mi parentela…
Y, claro, yo crecí. Pero no me casé a la edad “que se debía” y por lo tanto he elegido de manera diferente y he llevado mi vida por caminos distintos a los “comunes”. Si me hubiera casado a los 22, seguramente tendría por lo menos un bebé o estaría en la espera. Pero no fue así. Cada año uno se vuelve más exigente, más mañoso, más conciente y, por lo tanto, muchas veces más precavido (¿o miedoso?).
Así que aquí estoy, soltera y sin hijos a los 30. Sé que todavía tengo muchos años reproductivos y la verdad es que mi reloj biológico ni se me ha presentado “hola, mucho gusto”, pero hay cosas que me hicieron pensar en la opción de la maternidad.
¿Opción de ser madre? Sí, opción. A las mujeres de mi generación nos ha tocado vivir tiempos difíciles, de cambios y transiciones. Tenemos mucho más opciones, somos independientes y seguras, por lo que hemos retrasado etapas de la vida que en la época de nuestras madres eran ley. Resulta que las mujeres como yo viajamos, nos emancipamos, salimos con diferentes hombres en búsqueda del que nos haga “tilín” y meditamos cada decisión que tomamos.
La mujer hoy en día es vista como un ser valioso por lo que es y se va despojando poco a poco de su rol de “sólo procreadora”. Es decir, la mujer es mucho más que una fábrica de bebés.

La opción de ser madre. ¡Qué difícil! No hablo de la foto linda de la mujer meciéndose en una silla, con un precioso gordo en los brazos, su piel tersa e impecablemente maquillada. No, hablo de la experiencia de criar un hijo. Si el tener un hijo fuera esa foto, pues qué bien, ¡a parir todas!. Pero no he conocido a ninguna madre así. Generalmente las modelos de esas fotos no son las mamás reales de los bebés, ellas están detrás de cámaras con los pies hinchados, muchos kilos de más y unas ojeras marca ACME. Además, el ser madre no es sólo parir… es mucho más que eso.

Hace poco una amiga me estaba contando que su marido se quejaba de que estaba deprimido y muy cansado y que le decía que tenía que ser empática con él. Ella me dijo “¡pero si yo no he dormido en 7 años! (edad de su hijo mayor) Y, ¿A mí quién me entiende?”. Me sentí muy mal por ella y muy contenta de que mis desvelos se deban a un libro o a una charla con amigos y siempre por elección propia. Claro que el verla con su más pequeña hija (una cosita preciosa de 10 meses, que además se emociona cada vez que me ve y alza sus regordetas manitas para que la cargue) me parece hermoso y correcto.

¿Cuál es la complicación, entonces? Bueno, en mi búsqueda de respuestas hablé con mujeres de muchas edades, todas cercanas a mí, y me encontré muy sensatos razonamientos ante la maternidad. La mayoría de las solteras mayores de 30 años no la ven como una necesidad a cumplir, sino como el fruto de una relación en pareja satisfactoria y feliz. Por otro lado, las mujeres en sus veintes lo ven como “un gran deseo”, incluso, como un sueño que han tenido desde pequeñas… ¿será que conforme van pasando los años y vemos que el príncipe azul no llega nos volvemos más “con los pies en la tierra”?

El sentimiento de ser madres supongo que está ahí, en algún gen dentro de nosotras esperando a salir... ¿instinto?

Cuando niñas es muy común que juguemos con las muñecas y las hagamos “nuestros bebés”. Esas monas cada vez son más “evolucionadas”, hacen del baño, las alimentas, hasta hablan... así que desde chiquitas estamos siendo entrenadas para ese papel que se espera algún día realicemos. Tal vez es sólo que las fábricas de juguetes en realidad buscan satisfacer la necesidad de la niña de tener un bebé en sus brazos y llenar su instinto maternal, con lo que ellos, sacrificadamente, se vuelven millonarios.

Pero, ¿será cierto eso de que todas las mujeres anhelamos ser madres? Amigas mías lo han sabido desde pequeñas (todos a su alrededor lo hemos sabido) y en cuanto encontraron un marido, se lanzaron a la aventura de procrear.

Recuerdo que otras amigas estaban deseando encontrar un “proveedor” de esperma... asumiendo que ellas se enfrentarían a la decisión de ser madres solteras. Los años han pasado y ninguna lo ha hecho. Ahora bien, ellas tenían muy claro que querían ser madres, que era su vocación en la vida. ¿Y el resto? Muchas de nosotras no lo tenemos claro aún, es decir, no está a flor de piel el sentimiento maternal; a muchas nos gustan los niños... por ratitos y somos excelentes tías.

Lo preocupante es que algunas de la mujeres con las que he hablado se sentían mal por no desear ser madre… ¿será que la sociedad conservadora nos ha hecho creer que es algo que debemos hacer, que es nuestra función como mujeres y que si no cumplimos ese “requisito” no servimos?

No lo sé, no tengo respuesta ante eso y no creo tampoco que la verdad esté escrita en piedra y que sea una verdad general para todas. ¿Qué no somos individuos, con características distintas? Entonces, ¿por qué habríamos todas las mujeres de este planeta ser madres?

El instinto está ahí, dentro de nosotras... tal vez sí es algo inherente al sexo femenino. El que sea más fuerte en unas que en otras depende de muchas razones: el carácter, la experiencia de vida, la forma de pensar, la religión y la crianza, es decir, nuestra niñez y experiencia como hijas.

Muchas mujeres han deseado tener un hijo y no lo han tenido por distintas razones. Pero muchas otras sí los han tenido y sólo porque era “lo que seguía” en la vida, como lo fue casarse, estudiar algo... etc., tal vez sin detenerse demasiado a meditar si realmente lo querían con todas sus fuerzas.

Actualmente habemos muchas mujeres que, aunque somos independientes, pensamos que el hecho de traer un ser humano al mundo no es cuestión de sólo desearlo. Hay numerosas cosas que considerar: una pareja (no queremos que crezca sin una figura paterna), una estabilidad emocional (nos da miedo echar a perder al hijo al educarlo) y económica (queremos darle lo mejor de lo mejor) y demás... lo cual no significa que seamos egoístas, sino más concientes.

Ya que una mujer decida sí tener o no un hijo, es algo muy personal y ante eso, no hay nada que decir, nada que argumentar. Cada quién sabe qué sucede detrás de las paredes de su casa y en su cabecita. Creo firmemente que el ser madre es una decisión que se debe de meditar (cuando se tiene la oportunidad de hacerlo) y planear. Ya no estamos en los tiempos de nuestros padres cuando todo se daba por hecho, o cuando no había demasiadas opciones para las mujeres. Ahora tenemos voz y voto y una mayor conciencia para detenernos y preguntarnos ¿quiero ser madre?

 

Cristina Mendoza
cristina@yahoo.com.mx

 

 

 

 

 

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