Edición Diciembre 2006

siriusfem, mi sociedad

 

LA DOBLE MORAL

 

¿Qué es la doble moral? Es el hecho de actuar acomodando los principios éticos y las creencias a la conveniencia particular de quien la utiliza. Es una forma de manipulación fragrante porque el objetivo último de quien la ejerce es justificar una acción que puede tener consecuencias negativas para los demás. Es un abuso de poder si quien aplica la doble moral no utiliza el mismo rasero para aplicar la ley, cuando se trata de juzgar a amigos o a enemigos. Desgraciadamente hoy en día los ejemplos de esta perniciosa estrategia sobran. Enumeraré a continuación tan sólo unos cuantos que ayuden a reflexionar sobre el tema.

siriusfem, la doble moral- La jerarquía católica se opone airadamente a la reciente aprobación en la Ciudad de México de la denominada “Ley de Convivencia” que otorga derechos y obligaciones a las personas que compartan un hogar, independientemente de su preferencia sexual. Los obispos y las organizaciones de utraderecha que los apoyan, como la Unión Nacional de Padres de Familia, consideran que dicha legislación atenta contra la estructura familiar tradicional y promueve conductas pecaminosas. Sin embargo, en contrapunto, ni los jefes de la Iglesia ni sus asociados han manifestado su repudio ni han tomado medidas concretas contra los sacerdotes pederastas. Ahí sí, la ropa sucia se lava en casa.

- Kamel Nacif y sus esbirros no han recibido el trato judicial que merecen por su probada asociación delictiva en lo que se refiere al escándalo suscitado por las revelaciones de la periodista Lydia Cacho con relación a la prostitución infantil tolerada. Al mismo tiempo que esto ocurre, ¿cuántas personas están en la cárcel por delitos realmente menores pero que no cuentan con los recursos económicos ni las relaciones para resolver sus asuntos penales? ¿Cuántos intereses se ponen en juego para defender lo indefendible? Empresarios, gobernadores “preciosos”, líderes camerales, todos ellos amigos, socios o empleados del prepotente empresario de la mezclilla, unen sus influencias para que la impunidad y el silencio se impongan.

- Con relación al consumo de las drogas adictivas, no se utiliza el mismo criterio para evaluar el terrible daño que causan el alcohol y el tabaco en comparación con las sustancias prohibidas como la marihuana, la cocaína o el éxtasis. Sin duda, a nivel mundial, el alcohol provoca más problemas sociales y padecimientos físicos que todo el resto de las drogas juntas, exceptuando el tabaco. Sin embargo, el alcohol está socialmente aceptado y nadie se considera drogadicto por tomarse unas copas de vez en cuando. Pero si se analiza a profundidad este asunto, las bebidas alcohólicas son sustancias tóxicas que producen adicción y quienes las consumen en exceso deberían ser etiquetados de la misma forma en la que la sociedad denomina a los drogadictos. Mejor sería que se procediera a discutir la legalización de los fármacos en el entendido de que cada quien debería de ser libre para decidir lo que hace con su cuerpo. Se terminaría con la violencia del narcotráfico y se podría aspirar a una sociedad más responsable siempre y cuando se llevara a cabo un programa real de información sobre los riesgos que implica abusar de las sustancias peligrosas.

Podría seguir planteando otros ejemplos y llenar muchas páginas más con ellos. Sin embargo, prefiero dedicar el resto de este espacio para reflexionar sobre la doble moral y su relación con el machismo.
En nuestra sociedad, los varones disfrutan de privilegios, permisos y justificaciones que las mujeres no pueden ostentar. En cuanto a la sexualidad, mientras que el hombre “tiene necesidades y urgencias naturales de su género que atender”, la mujer debe abstenerse y ser recatada, a menos que se arriesgue a ser considerada “fácil”, “descarriada” o, simplemente, “puta”. El fundamentalismo islámico lleva esta trampa ideológica al extremo, tal como sucedió en Occidente durante la era del oscurantismo y la persecución sistematizada de todo aquello que pusiera en peligro la moral y las buenas costumbres impulsadas por el poder puritano y la “Santa” Inquisición. La tergiversación del Corán coloca al género femenino en una posición de acoso permanente y de temor al castigo y los abusos se manifiestan de múltiples formas: desde el aislamiento y la sumisión total obligada, la esclavitud disfrazada de matrimonio o la negación absoluta para la mujer pueda decidir sobre las posibilidades de acceso al placer, hasta la ejecución pública mediante la lapidación o el ahorcamiento de las mujeres señaladas como bígamas o prostitutas.

¿No es este un ejemplo contundente de la aplicación institucionalizada de la doble moral? Aunque en nuestro país las mujeres han ganado enormes franjas de terreno en la defensa de sus derechos y en el acceso a una vida más digna y disfrutable, el machismo aún permea en los diversos estratos sociales. Se disfraza de “principios morales” y de acatamiento de las “buenas costumbres” y sigue afectando la libertad de un altísimo porcentaje de la población femenina.

No hay mejor antídoto para este veneno que la adquisición de conciencia en ambos géneros y la creación de nuevos paradigmas, mediante los cuales la humanidad se libere de los pesados fardos que representan las viejas creencias que durante milenios tanto daño han hecho.
De esta forma podemos concluir que la doble moral es un acto de terrible cinismo que requiere de la complacencia de quien lo sufre. Es también una manera de abuso y manipulación; es la búsqueda de beneficios mal habidos. Una ley no escrita que pretende mantener los privilegios del poder. Es una mascarada que lastima. Es una estrategia tramposa para justificar la injusticia y la aplicación facciosa de las leyes. Es el producto de la complicidad y la simulación. Es una mentira institucionalizada. Pero, ante todo, es un engaño que debemos desvelar en la búsqueda de una vida mejor.


Carlos Alcocer
carlos_alcocer58@yahoo.com.mx


 

 

 

 

 

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