Edición Diciembre 2006

siriusfem, mi sociedad

 

FRASES CÉLEBRES

 

Una petición de fin de año para el maestro Elizalde,
experto en eso de “hacerse de palabras”


¿De dónde vienen algunos dichos en franco desuso y que no obstante, siriusfem, fraces celebres, mi sociedadcuando los reconocemos están plenos de sentidos, sabores y nostalgias? ¿Es cuestión generacional? Quizás. Cuando opté por escribir sobre del asunto hice una encuesta con personas muy jóvenes, nacidos a fines de los setenta y principios de los ochenta y, salvo las consabidas excepciones, ninguna sabía a qué se referían tales “dichos”; ya son otros los circulantes, por ejemplo “te ves pandroso” o “estás debrayando”, similares a los antediluvianos “no te azotes”, “bájale dos rayitas” o “traes un buen patín” que harían sonrojar al más “gruexo” de los jóvenes setenteros.
Los tales “dichos” a que me refiero son de las abuelas y en una ocasión le escuché una joyita de estas a una amiga a la cual le falta mucho para abuelear: su hijo (en plena edad odiosa: cuatro años) dedicaba sus mejores afanes a sabotear la velada que pasaba (yo) con su mamá. Ya se sabe: agarraba los cacahuates japoneses con el único fin de tirarlos en el jardín; pedía suculentas franjas de jamón serrano para dárselas al gato y no dejaba de fastidiar. Mis intenciones cada vez más explícitas eran de llevármelo y darle una vuelta (de pescuezo) por ahí, pero en eso, mi amiga soltó la frase proustiana, plena de magdalenas y tazas de té: “deja de estar bailándole la manzanilla a Raúl”. Me sorprendió. ¿Cuánto hacía que no escuchaba esa frase? “Bailar la manzanilla”. Era una forma muy correcta de decir “deja de estar jodiendo, pinche escuincle” y así lo entendíamos los niños de los sesenta. Opté por buscar más de esos “aforismos” y darles su “traducción pagana” a la espera de una contribución docta (de ahí la primera línea de este texto).
Pocos serán quienes no han escuchado eso de “andar del tingo al tango”. Significa, como bien lo dijo el príncipe de la canción, “rodar de acá para allá; ser de todo y sin medida”, de acuerdo, pero ¿por qué eso del tingo y del tango? ¿Qué es un tingo? Misterio.
En su momento, a algunos de los lectores de estas líneas los habrán mandado a “descolar hormigas”, lo cual, en términos literales, debe ser algo sumamente laborioso, inútil y eventualmente doloroso si se pone uno a hacerlo en un hormiguero. Tal frase significaba dejar en paz a los adultos, no meterse en conversaciones que no nos incumbían o, en síntesis, dejar de jorobar. El equivalente, igualmente en desuso, sería “vete a ver si ya puso la puerca” y el más mesurado: “tate sosiego”, es decir, “cálmate ya y no la hagas de tos”.
Para las mujeres decentes o lo que ello significaba en tiempos remotos, era una ofensa sugerirles que andaban de “chinas libres”, pues suponía cierto uso y disfrute de su cuerpo, lo cual, por fortuna, actualmente ya no implica ningún sentimiento culpígeno. El misterio, al menos para mí, estriba en saber ¿cómo andaban las chinas en condición de libertad? ¿Sería lo mismo decir “andas de noruega libre”?
Luego venían las advertencias de las mamás, esas cabecitas blancas ignorantes de la educación abierta y participativa, quienes ante una respuesta irreverente de su retoño soltaban una contundente y odontológica advertencia: “vas a ir a recoger los dientes a media calle”. Una imagen ciertamente atemorizante que a veces iba acompañada de una “aproximación” concreta y nada metafórica: una cachetada al majadero escuincle. Otra advertencia estaba cifrada en el clásico “ai te lo haiga, cabrón” (traducción: ahí te lo haya, tontuelo) pues llevaba implícita la amenaza en caso de desobedecer a la autora de nuestros días. Otra sería la confirmación, en la adolescencia, de que nuestros gustos por una pareja (novio, novia) estaban plenamente correspondidos (para mal): “está el canasto pa´l garrero” o sea, los dos “están pa´l perro”. Años después, Serrat suavizó el asunto en su clásica “La mujer que yo quiero”, que no necesitaba bañarse cada noche en agua bendita (¿pues qué hacía la inocente?) pero igual su mamá opinaba que tenía muchos defectos y su papá que tenía demasiados huesos (pero ella es más verdad que el pan y la tierra).
Otra amenaza: “no le buigas” (¿qué es buigas?); una sugerencia: “tantearle el agua a los camotes” (¿alguien aún, se pone a hacer dulce de camote?). Una constatación: “saliste con tu domingo siete”.
¿Qué pasaba cuando a alguien “se le aparecía Juan Diego?” A mí se me apareció varias veces y así me fue; cuando el beato y ahora casi santo se aparecía “con todo y ayate”, las cosas eran peores. La siguiente es una delicia y va con contexto: “habíamos quedado de vernos en los portales y cuando llegamos... anda vete; ya no estaba”.
¿De dónde viene eso de (sin albur) “andar con la vara alta”?
Así se podrían enumerar muchas otras frases aforísticas y no tanto, pero ustedes tendrán las suyas y serán mejores.


Raúl Mejía
rausmejia22@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

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