Edición Junio 2006

Nuestro cuerpo vivo; el que vivimos y experimentamos cada día, es poder. No sólo poder hacer, ver, escuchar, tocar, oler, sentir, nuestro cuerpo es también poder querer, desear, pensar, decidir.
El cuerpo de las mujeres, de cada mujer, es el primer lugar donde se ejerce el poder de autoafirmación.
¿Quién puede tomar decisiones sobre el cuerpo de cada mujer?
Si el cuerpo es nuestro, ¿quién tiene el derecho y el poder de decidir acerca de todo lo que a nuestro cuerpo le sucede y le afecta positiva o negativamente? Se podrá contestar que la dueña del cuerpo y las decisiones sobre el cuerpo es de cada mujer.
El problema es que, desde que somos niñas nos enseñan a distanciarnos de nuestro propio cuerpo ¿cómo puede ser eso? ¿Acaso podemos vivir en nuestro cuerpo sin poder verlo ni tocarlo ni cuidarlo? ¿Acaso hay otras personas que deciden por nuestro cuerpo?
Sí, así es. Hay niñas a las que no se les permitió verse, tocarse, que ni siquiera se les permitió decidir qué vestido ponerse y cuando son adultas, les cuesta trabajo decidir sobre cuestiones fundamentales como tener o no relaciones sexuales, embarazarse o no y evitar infecciones de transmisión sexual. Cuando son adultas, la pareja, los ginecólogos y médicos tienen el derecho de tocar su cuerpo y hasta sus genitales y muchas veces ellas no.
¿Cómo nos educaron para que no nos tocáramos nosotras mismas?
¡Cierra las piernas!... ¡siéntate bien!... ¡déjate ahí!..¡las niñas no hacen eso!.. la menstruación es sucia… el embarazo es una enfermedad… el placer es pecado… las mujeres que no tienen hijos no sirven….
Son algunas frases que escuchamos y que nos distanciaron del contacto con nuestro cuerpo, perdimos conciencia del gran poder que somos capaces de vivir con nuestro cuerpo.
El poder mirarlo, tocarlo, cuidarlo, curarlo cuando sea necesario.
El poder sentir placer con el ejercicio, el movimiento, la danza, el juego la risa.
El poder sentir placer con aquello que hacemos, creamos, trabajamos.
El poder menstruar cada mes, poder gestar un nuevo ser, poder amamantar, son poderes vitales que debieron llenar de admiración a nuestros antepasados y nos deberían seguir asombrando a nosotras mismas.
El poder sentir placer, bienestar, gozo.
El poder decidir si tenemos pareja, relaciones sexuales o no.
El poder decidir si deseamos gestar un nuevo ser o no.
Es poder decidir si utilizamos algún anticonceptivo y de que tipo.
El poder decidir como nos cuidamos para prevenir ITS y VIH/SIDA.
El poder negociar las mejores opciones para nuestro disfrute y el de nuestra pareja (Si tenemos una).
Gisela Sánchez
gis_eliux@hotmail.com