Edición Septiembre 2006

Hablando de "Dependencia y autonomía de la Madre mexicana", quiero enfocarme en concreto en la que llamo "La Madre Mil Usos", que es aquella que deja de ser ella misma para entregarse a cualquier tipo de responsabilidad.
Históricamente hemos visto que el concepto de “Mamá” se ha convertido en sinónimo de sirvienta, cocinera, enfermera y muchas cosas más, porque desde hace miles de años las madres dejaron de ser personas y asumieron la responsabilidad de cuidar a sus hijos.
Muchas mujeres dejan de tener gustos, de ir al cine y hasta de comprarse cosas porque dicen que tienen como obligación cuidar a sus hijos e hijas, pero al final del día se dan cuenta de que renunciaron a ser ellas mismas sin importar las consecuencias, las cuales pueden llegar hasta el abandono cuando no cumplen con lo que se les exige.
A las mamás las llenan de deberes y sus valores humanos dependen de qué tan bien los realicen. O sea, eres mejor madre si cambias bien los pañales o si le tienes la comida lista a tus niños. Les dicen que deben ser abnegadas y consideradas con sus hijos, que deben sacrificarlo todo por ellos y ellas, pero nunca les han dicho que deben ocuparse de cosas más importantes como: educar, abastecer, vestir, proteger y jugar con sus pequeños. Poniendo como prioridad estos pasos, antes de las “obligaciones”, podrás ver que tus hijos irán creciendo como buenas personas.
Hay que resaltar que desde hace cientos de años nos han metido en la cabeza la idea de que la madre debe ser pura y casta, que debemos tenerla siempre en un altar y que debe acercarse casi a la divinidad. En pocas palabras, todas las madres en México deben ser como la Virgen de Guadalupe.
Recuerda que virginidad en nuestra sociedad es una condición de castidad, que las mujeres no pueden ni deben tener una vida sexual, porque entonces dejarán de ser puras, lo cuál sólo es permitido hasta que sean entregadas por su padre en la iglesia. Lo curioso es que una vez casadas, queremos que sigan siendo iguales, entonces ¿creemos que las mexicanas deban evitar tener vida sexual como los hombres?
Aquí es donde nos damos cuenta de que la "virginidad" se ha convertido en una forma de sometimiento, en donde el "macho" mexicano domina a la mujer y le cobra "una cuota sexual", para convertirla en suya para siempre. Lo peor de todo es que vemos que aunque nuestras mamás sean virginales para nosotros, eso no quiere decir que sean las mejores personas del mundo. El hecho de ser madre no hace a la mujer una mejor persona y ejemplos en la vida hay muchos, porque hay mamás que roban, que asesina, que venden drogas y que abusan de niños y niñas.
Debemos cambiar ese concepto de “madre pura y casta” y entender que la virginidad no representa nada en realidad; que la sexualidad es un acto de voluntad y que son sus acciones las que las convierten en buenos o malos seres humanos.
Una tradición es un acto que se repite constantemente; una repetición histórica de un fenómeno cultural. Cuando hablamos de las madres, nos damos cuenta de que históricamente les hemos llenado sus vidas de decenas de tradiciones sobre cómo deben de comportarse. ¿Te has fijado de que ella es quien más responsabilidades tiene en nuestra vida? Es nuestra enfermera, abogada, intérprete, crítica de arte, cocinera, chofer, cargadora y tantas cosas más, porque así siempre ha sido; es decir, es la tradición que las madres sean las responsables de la vida de todos y cada uno de los miembros de una familia, con todo y mascotas. ¿Te das cuenta de que eso es injusto?
La tradición nos marca que en México, las hijas pasan de una paternidad a otra en el momento en que se casan. Son hijas de un padre controlador, de quien llevan su apellido y al momento de casarse, se convierten en las hijas de un nuevo papá y ahora llevan el apellido del padre y del marido mientras que el apellido de sus madres comienza a desaparecer. Esta es la primera gran tradición de las madres en México: en su mayoría, pasan de depender de un hombre a depender de otro.
Cuando las féminas son incapaces de tener autonomía, entonces se convierten en objetos y en esas tradicionales sirvientas que hemos conocido a lo largo de los siglos en nuestro país. Para cambiar eso, es aconsejable que siempre tengan una fuente de ingresos propia, una forma de ganar dinero, porque de lo contrario, dependerán siempre de su esposo y por lo tanto, de sus caprichos, pues son ellos, los que mantienen económicamente la casa. Y además, cuando el hombre es el proveedor, se siente con el derecho de no colaborar con las labores de la casa.
Fíjate como las madres solteras en ocasiones se sienten con mayores libertades, pues ellas trabajan para su casa; pero más aún, las mujeres que trabajan y no tienen hijos, aunque estén casadas, tienen una vida más plena, porque pueden tomar sus propias decisiones.
Claro, hay que recordar que la sociedad sigue presionando a las mujeres diciendo que aunque trabajen, deben ser ellas las que mantengan en pie el hogar, por lo que muchas siguen pensando que además de trabajar fuera de casa, su obligación es seguir trabajando en el hogar, aunque su pareja no lo haga, porque así lo dicta la tradición.
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