Edición Abril 2007


¿SOMOS IGUALES EL NIÑO Y EL ADULTO?

 

siriusfem, niño, adultoUna maestra me pidió que observara a su grupo de primer grado de primaria porque decía que tenía problemas de disciplina. Quiero aclarar que ella tiene experiencia, que fue colega mía y que siempre he pensado que es una excelente profesora, y por lo tanto, me sorprendió que me pidiera ayuda. Al estar en el salón me llamó la atención cómo han cambiado los niños. Hace 20 años, los alumnos de primer grado podríamos decir que parecían unos ángeles bajados del cielo que miraban a la maestra con expectación y admiración y obedecían rápidamente con gusto. Lo que observé este día fue muy diferente.

Lo primero que me llamó la atención fue su postura: no parecen  estar sentados en sus sillas, sino echados sobre sus sillas. Pareciera como si no tuvieran control de sus cuerpos, que las extremidades les estorbaran y que sus lenguas no pueden estar quietas. Interrumpen constantemente o hablan entre ellos. Les cuesta trabajo poner atención cuando la maestra está hablando y no escuchan instrucciones. En un momento dado, la maestra les dijo que iba a repartir unas piedritas para que con ellas se ayudaran a hacer unas operaciones de matemáticas. Los niños empezaron a protestar y uno sugirió que se pusiera a votación. –Sí- dijo un niño- vamos a votar si nos reparten las piedras, alcen las manos los que quieren piedras... Y antes de que la maestra pudiera hacer algo, los niños estaban alzando las manos.

Por supuesto que la profesora repartió las piedras, que eran de vidrio, y les encantaron, pero no deja de impresionarme la actitud de los niños. ¿De dónde viene la idea de que los niños pueden votar? Hace años nos quedaba muy claro que las personas tienen que estar maduras para votar, que tienen que tener juicio para tomar este tipo de decisiones... Pero de alguna manera esto ahora no está claro, ni para los adultos, ni para los niños. En Estado Unidos los niños saben que tienen el derecho de demandar  y utilizan esto para manipular a padres y maestros, los cuales viven con temor de llamarles la atención y  terminar en la corte.

Pero ¿qué ocurre si el adulto no puede poner límites claros a los niños? ¿Nos sorprende que sean groseros, irrespetuosos y agresivos? La influencia de esto ya se empieza a sentir en nuestro medio. Les estamos entregando el poder a los niños en aras de tratarlos como “iguales”. Y sí son iguales, pero sólo en cuanto al respeto y dignidad que todos merecemos como seres humanos, pero no somos iguales en cuanto a madurez y juicio. Les estamos dando un poder que no pueden ni saben manejar. ¿Usted le daría las llaves de su automóvil a un niño? ¿Por qué no?  Póngale un cojín en el asiento y una extensión al pedal y está listo. Si esto le parece absurdo ¿por qué no nos parece absurdo que los niños voten, o demanden o decidan a qué colegio quieren ir? ¿Qué nos espera si vivimos con niños poderosos y adultos temerosos, titubeantes?  Adultos que en vez de tomar su responsabilidad, se la entregan a los niños.

Retomemos el lugar que nos corresponde y hagámosles un gran favor a nuestros hijos. Recuperemos nuestro sentido de autoridad, y aclaro, AUTORIDAD, no autoritarismo. Autoridad viene de la palabra “autor”, y ¿de qué somos autores los adultos? Pues de nuestras vidas que las estamos escribiendo día con día. Es un privilegio ser padres y tener la oportunidad de guiar de una manera responsable a nuestros hijos, asumiendo nuestra autoridad. Recordémoslo cuando estemos frente a ellos.  

 

 

Rosa Barocio
rosa@rosabarocio.com
www.rosabarocio.com


 

 

 

 

 

Informacion Legal | Publicidad | Directorio
Hecho en México
Sirius Fem, www.siriusfem.com y www.siriusfem.com.mx son marcas registradas, Derechos Reservados.