Edición Abril 2007

Después de todo lo que está pasando en cuanto al desalojo de una de las vecindades más nombradas en el barrio de Tepito, lo único que me queda por decir como ex-inquilino de una de estas, es lo siguiente.
A mis 11 años, mi papá vendía películas en formato BETA y VHS, en la esquina de Jesús Carranza y Bartolomé de las Casas. Llegábamos a las 9 de la mañana y ya lo estaban esperando sus clientes para comprar de mayoreo; después desayunábamos en las tortas de pierna que están sobre Bartolomé de las Casas, esto mientras que el puesto se iba formando con las películas piratas.
Al medio día mi padre se metía a la vecindad ahora desalojada y empezaba la partida de conquianes (juego de baraja). Se jugaba de 10 y 20 pesos la entrada y el viejito se pagaba doble. A veces perdía y por supuesto que en otras ocasiones ganaba, el problema de cuando ganaba era que se ponía bien pedo.
Entre los jugadores estaba el señor que vendía plumas, el de los cassettes vírgenes para grabar las películas y demás personajes típicos del barrio, como el hojalatero que en lugar de arreglar un carro chocado lo desmadraba más.
Durante el día, sólo podías escuchar los gritos de la persona de los químicos que decía “Llévese su jumbina, chochos para dormir, gallitos para la erección”, y un sinfín de nombres de pastillas que en realidad eran polvo con colorante y la gente las compraba argumentando que estaban bien buenas y regresaban a comprar más. A estos le podías sumar los típicos que venden comida y van de puesto en puesto diciendo “¿Ahora qué te traigo manito? Tenemos milanesa, caldo de gallina, arroz rojo, frijoles de la olla y de postre jericalla o arroz con leche”.
Recuerdo que todos lo viernes al rededor de las 3 de la tarde se empezaba a sonar la llamada para la fiesta o el toquín en la vecindad; las mejores fiestas que recuerdo son las de esa vecindad.
Toda la gente vestía de gala, pues cómo no si en el barrio se mueven las mejores marcas de ropa y a buen precio; se contrataban sonido y grupo musical, pura salsa y huaracha bailábamos. Cabe recordar que en el barrio estamos los mejores bailarines de salsa, aunque digan que Iztapalapa es uno de los mejores, eso es pura mentira, yo desbanqué en un baile a dos pendejos que dizque bailaban y nada más le hacían al tonto.
Todas las morras vestían en ese tiempo pantalones Carrera y Sasson, eran los de moda, bien pegados a las nalgas... se veían de postre. Esos pantalones los usábamos con zapatos topsider y camisas de marca Gitano o la Ocean Pacific. Eran muy buenas fiestas, tomábamos coñac, wisky, para acabar pronto, había de todo. Siempre se echaba la casa por la ventana, un chingo de comida, y de verdad que la pasábamos de poca madre. Todos sabíamos quién era quién, que El Chabelo, que El Rey, El Hijo del Rey, El Borrego, que en paz descanse.
El Borrego fue uno de los más chingones en la grabación de películas en formato BETA y en VHS, tenía en su casa más de 40 videocasseteras grabando día y noche, a parte de que tenía otras dos casas con la misma cantidad de videograbadoras, también trabajando 24 horas al día. Fíjense, si hacemos cuentas el borrego sacaba diariamente 380 películas de 1 hora 30 minutos, mandaba sacar la foto y se hacía la caja con un compa en la plaza Santo Domingo, la rotulaba y se metía en la caja, después se remetía en el plástico caliente y salían como nuevas. Cuando esto de la grabación se acabó por la llegada del DVD, al Borrego se le acabó su imperio y se dedicó al juego de conquianes; puso su casino clandestino en el barrio y aparte tenía a dos o tres muchachas para el servicio del jugador. Para explicarles bien cómo estaba la machaca, se operaba de la siguiente forma: se invitaba a jugar a puro cabrón de billete que tenía que pagar para poder entrar y de cada juego ganado tenía que dejar un porcentaje a la casa. ¿Suena manchado? pues no, el de la casa tenía que proveer a los jugadores de toda clase de vino y botanas, y a veces hasta una cena chingona y si el jugador tenía ganas de estar acompañado, se le conseguía una buena piel para consentirlo.
El Borrego murió de un paro cardiaco en medio de una de estas noches, llevaba tres días jugando sin parar, de pronto se para de la mesa y dice “Voy a tomar un baño y regreso”. Terminó de bañarse, se vistió y se quedó dormido un rato. Después se dieron cuenta de que ya estaba muerto.
Cómo extraño al Borrego, era un buen tipo, aparte era el papá de mis primos.
El Medina era bueno para la baraja y controlaba los puestos de las plumas, todas gabachas y de buena calidad; de él no recuerdo mucho, pero también fue un buen cabrón.
Cuando se hacía la madriza en la fiesta no pasaba de que te reventaras un tiro derecho y después ya estabas chupando, con la trompa rota y el otro con el ojo de cotorra, pero hasta ahí.
Tepito ya no es como antes, ahora te rompes la madre y después pasan en un carro estilo New York y te vacían la pistola.
Extraño mi barrio y me duele lo que le están haciendo a mi familia de barrio.
Podrán quitarnos el predio pero en la sangre seguimos llevando y viviendo el barrio de Tepito.
Esto, es sólo una historia basada en la vida real de un servidor.
Blue Demon
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