Edición Abril 2007

siriusfem

 

BARCELONA BAJO LA LLUVIA

 

siriusfem, barcelonaNo entiendo, a pesar de sus amplias calles Barcelona no tiene esquinas. Entiéndase esquinas al ángulo de 90 grados, así como una "L". Hay que caminar más y si se toma en cuenta que casi no ha dejado de llover por los últimos tres fríos días, los resultados obtenidos son: nariz enrojecida, pantalones húmedos y fotos llenas de gotitas.

Estar en España, sin embargo, me hace feliz. Por mucho tiempo no supe lo que eran los acentos, y ¡qué decir de las "ñ"! Qué bonito es poder poner signos de admiración al inicio y al final. Qué fácil es viajar por aquí, todo el mundo te entiende, aunque tú te hagas bolas con los idiomas y le hables en inglés a tu casera y en español a tus compañeras de viaje (una japonesa y una malaya).

¡Qué bonito es Barcelona! y no se equivoquen, que otras ciudades también me han gustado mucho, sólo que después de una semana difícil en Italia esto me parece la gloria. ¿Difícil? bueno, si se toma en cuenta que pasamos toda una noche en la estación de trenes de Roma y otra en el aeropuerto de Milán, todo tiene sentido (al menos eso espero).

Nos quedamos en casa de una señora catalana muy arregladita toda ella, Doña Paquita (recuerden, el Doña es de rigor, estamos en España). Nos sentimos como princesas; después de no bañarnos por un par de días (“No somos sucias, somos salvajes”, diría Yukino, la japonesa) el tener agua corriente, lavadora, cocina, ¡hasta plancha!, nos parecen los mayores lujos de este mundo, ¿quién podría pedir más?

La compañía es muy agradable. Estamos rentando un cuarto con dos camas individuales. Hay otras dos chicas que también alquilan una habitación: una argentina, Paula, y una mexicana, Lettsy. Dimos con este sitio por mi amiga Gaby, sí, la misma que fue a visitarme a Inglaterra. Estamos fascinadas por entrar a la vida de “la gente normal”. Claro que es un sentimiento distinto el quedarnos con nativos, pues aprendemos parte de su cultura. Por ejemplo, Doña Paquita recibe por las tardes a sus amigas para tomar café, todas más o menos de la misma edad, encopetadas y hablando sólo en catalán. Sí, los catalanes son muy celosos de sus costumbres y en esta región de de la “Madre Patria” se respetan y hasta se pelea por conservarlas.

siriusfem, barcelonaBarcelona es como salido de un cuento del más puro surrealismo... y de hecho así es. Eso de las esquinas a lo que me refiero en un principio se llama “planeación conciente y bien hecha” de una ciudad. Me encanta ir al centro (la zona Gótica) y ver una España conocida, una España con edificios antiguos, de piedra, así como lucen otros lugares de este país, y luego salir un poco y encontrar figuras mágicas aquí y allá, fuentes enormes que bailan al son de la música, parques en donde te transportas a un mundo fantástico, un mundo colorido y muy lejano a la España que habíamos conocido hasta ese momento.

Eso sí, me siento como madre, carrereando a las chamacas y dándoles sus zapes para que despierten y se pongan vivas (aquí, digamos que no hay mucho turista "ojo rasgado" o piel amarilla, como dice Suk Hwa, la malaya) por la zona donde nos estamos quedando, y llaman la atención.

Nuestro primer día decidimos caminarlo hasta donde la lluvia, el frío y las fuerzas nos lo permitan. Paramos en el Hospital de Sant Pau que es, de hecho, nuestro primer encuentro con el mundo del Modernismo europeo, encabezado por, ¿quién más?, Antoni Gaudí. Este hospital fue la obra de Luís Domènech i montaner, un arquitecto que se dedicó a hacer edificios públicos, a diferencia de Gaudí que casi todas sus obras fueron encargos privados. Qué mejor manera de empezar. Cada detalle de la arquitectura cuenta, todo nos comunica; cada pieza está ahí por una razón; te puedes imaginar a los artesanos creando cada pieza única, cada cara, cara escultura, cada mural, cada vitral... “El Modernismo catalán se opuso a la estandarización de objetos de la Revolución Industrial y apostó por el mantenimiento de las tradiciones artesanas”, dice nuestro folleto del hospital.

Barcelona pasó por un periodo llamado “Eixample” (de renovación y expansión) en 1860, cuando las murallas de la vieja ciudad fueron demolidas y la nueva comenzó a levantarse. Es por eso que en este lugar podemos viajar a una época muy antigua y a una no tanto, a una que se asemeja más a nuestras “épocas antiguas” (como americanos, viviendo en un “nuevo” continente), es decir, de los siglos XIX y XX. Uno queda fascinado ante las fachadas de lugares como La Pedrera, Casa Batlló, Casa Amatller, Casa Lleó Morera, La Caixa y Cases Rocamora, estupendos ejemplos de lo que, para todos los viajeros que hemos pisado estos suelos, la ciudad representa.

siriusfem, barcelonaPero nada como la iglesia de “La Sagrada Familia”. Ahí es cuando las tres perdemos la razón por Gaudí, queremos casarnos con él (qué bueno que murió hace mucho tiempo, porque si no habría batalla campal por su amor). Aún inconclusa (y en construcción por más de un siglo), la magnífica edificación está basada en la naturaleza misma: columnas que semejan troncos de árboles, fachadas que nos transportan a grutas, hasta torres que nos recuerdan a los árboles de navidad (“It is too early for a Christmas tree!”, dice divertida Suk Hwa). Es muy chistoso, porque para mí es como una iglesia del futuro, pero no lo es.

El barrio Gótico (o el viejo centro) es hermoso; ¡tan distinto al resto de la ciudad! Las calles son angostas, llenas de tiendas, de artistas callejeros disfrazados de ángeles que se cubren los rostros cada vez que quieres tomar una foto (si no paga, no mira) y de gitanillos tratando de robarte. La Catedral es muy bonita, pero lo mejor fue que nos tocó un concierto de un coro austriaco de niños. Nos sentamos a escuchar cómo las potentes y dulces voces salían de sus rubios cuerpecitos vestidos de rojo. A las tres se nos salieron las lágrimas de la emoción.

La Rambla, esa avenida larga llena de puestos, artistas y turistas, nos lleva hasta la costera y al World Trade Center. ¡Tantas palomas! (¿que nunca descansan?), un centro comercial, agua y carcajadas saliendo honestas y ruidosas de nuestros extranjeros cuerpos.

siriusfem, barcelonaTerminamos la visita en el Parc Güell, ese parque en donde cada una de las “paredes”, “grutas”, “rocas”, “bancas” es una obra de arte, una creación minuciosamente planeada. Y por fin sale el sol. Músicos callejeros, hippies disfrutando y tres amigas hablando de caricaturas de nuestra infancia, “Candy Candy” es la obligada. Subimos una casi interminable escalinata hasta el mirador cantando la rúbrica de esta serie, ¡es tan divertido cómo tres idiomas se unen en el coro “Caaaandy”!

No nos alcanza el tiempo para conocer toda la ciudad. Parece que Barcelona nunca termina, que siempre tiene más y más que ofrecer. Muchos españoles afirman que la capital de España tendría que ser ésta y no Madrid. Ya habrá otra oportunidad para seguir admirándonos por cada uno de sus rincones, por cada una de sus historias.

Nuestra próxima parada es El País Vasco, haciendo escala en Zaragoza. En ambos lugares nos esperan caras amigas y, suponemos, alguna que otra bebida alcohólica para celebrar nuestra visita. Estamos ansiosas por seguir explorando suelos, sueños españoles.

 

La Lata Viajera
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