Edición Agosto 2007

Por Rosa Barocio
Me decía una madre de familia, “El otro día fui a la feria y estoy preocupada. Mi hijo se subía a los juegos y se escondía cuando terminaba, para que el operador no lo viera y le diera otra vuelta sin pagar. Después de que hizo esto en varios juegos me lo llevé a casa y lo castigué. No sé que le pasa, pero no entiende.” Le pregunté la edad del niño y me dijo que tenía 4 años, lo cual me sorprendió mucho, porque, por supuesto, pensaba yo que se trataba de un niño mayor, de por lo menos 8 o 9 años.
Creo que una de las dificultades que están experimentando los padres de familia de hoy en día, es la confusión de cómo tratar a los niños y qué esperar de ellos. Escuchamos que hay que respetarlos, que es importante tomarlos en cuenta, que tengamos cuidado de no lastimarlos, etc. En general, creo que esto ha conducido a los padres a tratar a los niños como si fueran unos pequeños adultos. Se les pide que tomen decisiones desde una edad muy temprana porque creemos que esto es tomarlos en cuenta, sin ver que ponemos una carga sobre el niño que no está listo para asumir, y que nosotros nos lavamos las manos como padres, para después quejarnos del resultado.
Cuando trabajaba como coordinadora general de un colegio, no dejó nunca de sorprenderme que después de entrevistar a los padres y explicarles el funcionamiento y sistema educativo del colegio, me decían, “Todo nos parece muy bien, pero vamos a ver qué decide nuestro hijo.” Vale decir que en la mayoría de los casos se trataba de niños de preescolar. Siempre pensaba, “Que tonta fui, de haber sabido que la decisión era del niño, hubiera dejado a los padres meciéndose en los columpios y hubiera entrevistado al niño en la oficina.”
¿Dónde quedó el sentido común? ¿En base a qué va a tomar un niño pequeño la decisión de si este colegio le conviene o no? Quizás en si le gustaron los columpios del jardín, o si le gustó el juguete o dulce que le dieron en la dirección... y pienso, qué fácil es lavarnos las manos de nuestra responsabilidad, así, cuando el niño no quiere ir a la escuela, le decimos, “A no, tú lo escogiste, así que te aguantas.” Y, santo remedio.
Otro ejemplo que vemos comúnmente es el siguiente. El padre está en el videoclub y el hijo le dice, “Quiero rentar esta película, papá.” El padre le responde, “No hijo, es para adolescentes y adultos y tú sólo tienes 9 años.”
El hijo replica, “Pero ya todos mis amigos la vieron ¡nunca me dejas ver nada!”
El padre le advierte, “Bueno, ¡pero donde te asustes y te quieras pasar a nuestra cama en la noche, verás!”
Cuando el niño efectivamente se despierta asustado ¿qué le dice el padre? “¡Te lo dije, pero necio que eres, te lo dije!”
Los niños muchas veces todavía no pueden medir las consecuencias de sus decisiones, somos nosotros los padres los que tenemos que sostenernos cuando sabemos que se puede lastimar con lo que ven en el cine o la televisión. Si no, ¿cómo les borramos después de su subconsciente esas imágenes que los asustan? ¿Cómo les quitamos el miedo cuando han visto escenas violentas o perturbadoras?
Si queremos crecer como personas lo primero que tenemos que hacer es tomar nuestra responsabilidad como adultos y como padres de familia. A mayor responsabilidad, mayor crecimiento y mayor conciencia. Si nos responsabilizamos con nuestros hijos en casa eso se verá después reflejado en nuestra sociedad. Si nuestros hijos ven que nosotros como adultos asumimos nuestra responsabilidad, les estamos dando el ejemplo para que ellos también crezcan responsables.
Y volviendo al caso del niño de 4 años que no se quería bajar del juego, si yo soy su madre, voy y le digo al operador que no ha pagado y lo bajo. Yo asumo la responsabilidad por este niño pequeño que aún no tiene la madurez para hacerlo, y le muestro lo correcto.
Si queremos educar tenemos que empezar dando el ejemplo. El niño pequeño no aprende con palabras, sino con hechos.
Asumamos nuestro papel como padres tomando la responsabilidad que nos corresponde.
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