Edición DICIEMBRE 2007

Por: Samantha G. A.
It is the passion flowing right on through your veins
And it's the feeling that you're, oh, so glad you came.
It is the moment you remember you're alive
It is the air you breathe, the element, the fire.
It is that flower that you took the time to smell
It is the power that you know you got it well.
It is the fear inside that you can overcome.
It is the soundtrack of your ever-flowing life
It is the wind beneath your feet that makes you fly.
It is the beautiful game that you choose to play
When you step out into the world to start your day.
You show your face and take it in and scream and pray
It is the gold, the green, the yellow and the grey
The red and sweat and tears, the love you got.
- Nelly Furtado
¿Cómo empezar? A veces tantas cosas me pasan tan rápido que me cuesta trabajo ponerlas en un orden coherente. Supongo que lo más sencillo y sincero es dejar de lado técnicas literarias y adornos. Voy a escribir esto con toda la cotidianeidad con la que me sucedió, como en voz baja y con el cambio de estación.
Hace no más de medio año yo era una estudiante prometedora en una de las mejores universidades de México. Al final de la carrera me gradué con honores, varios reconocimientos y la fe de familiares, maestros y amigos que me visualizaban logrando una exitosa carrera en alguna compañía importante. Recuerdo que mis compañeros de generación, incluyendo a mis amigos, se sumergieron en los procesos de reclutamiento de varias empresas mucho tiempo antes. Salían de clase con dirección a una entrevista, currículum en mano y una buena corbata en el cuello mientras yo salía de clases para ir a mi rincón favorito de la biblioteca de la escuela dispuesta a pasar horas leyendo, haciendo tarea o viendo las nuevas obras de mis fotógrafos preferidos.
Una pequeña explicación: a lo largo de mi carrera y vida he sido el tipo de persona que prefiere caminar por terracería en vez de usar el camino pavimentado que ofrece la sociedad. Me gustan los lujos tanto como me gusta ensuciarme las manos, los pies y la cara. Soy el tipo de persona que perteneciendo al mundo de los negocios se maravilla ante el talento de los músicos, pintores, escritores, los artistas. Creo que desde muy chica escogí ubicarme exactamente sobre la línea que separa a los bohemios de los capitalistas, así que tener un puesto importante en una mega compañía no me atrae más o menos que publicar un par de cuentos cortos bien escritos. Supongo que tengo mi buena dosis de romanticismo y drama porque en vez de tener novios en la misma ciudad con los que puedo tener una relación “normal”, me las he arreglado para andar con extranjeros que aún teniendo el alma de niños (de artistas) y gozar de una vida intensa y poco ortodoxa, simplemente no viven en el mismo país que yo, pertenecen a culturas bien distintas y pueden venir a verme sólo una semana cada tantos meses. De ahí que en vez de buscar trabajo pasé los últimos tres meses de mi vida como estudiante considerando seriamente irme a Estados Unidos sin plan alguno con tal de, por fin, estar con el niño que desde hace tres años me hace creer que TODO es posible.
¿Quién se resiste a la seguridad, a la imagen que te ofrece ese “tienes todo para triunfar”, “si estudias con nosotros, la suerte no cuenta”, “un currículo con grupos estudiantiles y formación cultural te va a abrir muchas puertas”? En mi graduación recibí esa promesa de fe y éxito y la guardé en mi maleta de viaje. La YMCA me ofreció un trabajo de verano, así que a la voz de “all you need is love” volé al país del norte para encontrar al hombre que me esperaba con brazos abiertos, una sonrisa enorme y que gritaba “esta vez no hay un boleto de regreso” ¡Es tan bonito planear así! Sin preocupaciones, sin estrés, siguiendo únicamente lo que dice mi corazón y con esa promesa doblada en la maleta como mi backup. Me sentía tan contenta de ser así de libre, de poder decir “lo dejo todo” y por un semestre me entrego a una vida sencilla, sin demasiadas responsabilidades.
Pero como dije antes, soy mitad bohemia y mitad capitalista, así que si decidí dar ese paso fue porque me vendí la idea de aplicar a compañías americanas una vez en la Unión Americana. De todas formas no quería quedarme en México, y asistir a entrevistas será más fácil estando en la misma ciudad.
Verán, tengo esa mala costumbre de armar imágenes A DETALLE de cómo van a ser las cosas en el futuro. La razón por la cual es una pésima costumbre es que si las cosas no suceden como las esperaba me cuesta trabajo disfrutarlas y me arriesgo a vivir esperando que un nuevo futuro llegue, donde las cosas “ahora si van a ser mejores”. Si no se tiene cuidado, se cae en vivir a futuro, no en el presente, y nunca se es verdaderamente feliz.
El verano estuvo mucho más duro de lo que esperaba, pero cuando se terminó Zack y yo nos fuimos de road trip. Todo estuvo perfecto. De regreso a Michigan él empezó su último semestre de Universidad, consiguió trabajo y yo... me di cuenta de que el argumento “profesional” que había construido para poder volar a Estados Unidos sin sentirme hippie era puro blof. Todo se reducía a que la única razón por la cual yo estaba ahí era para estar con él ¡Nada más! Dependía enteramente de él. Lo de encontrar trabajo no se había simplificado, al contrario, me había puesto en la situación de buscar empleo con una visa de turista que no me daba derecho legal para trabajar.
Los días se mueven con demasiada calma cuando nuestra mayor ilusión son los momentos que vamos a pasar con alguien cada día. Para mí, una chava que pasó los últimos nueve años de su vida a un ritmo sumamente movido, donde cada minuto era valioso para completar alguna tarea, encontrar conferencista o dominar la coreografía de baile, no tener ningún proyecto, ninguna meta distinta a pasar algunas horas con su novio puede ser verdaderamente crítico. No tienes quién te evalúe y diga “buen proyecto... buena investigación... bien hecho…” No tienes más que a ti misma para asignarte valor. Ese backup que guardé en la maleta y que me decía “eres buena, tienes potencial” ahora no me servía de nada. Mi mundo exterior había cambiado radicalmente mi estilo de vida, y nada podía hacer al respecto. Nada que no fuera trabajo interno, claro.
Sintiéndome así de consciente de mi existencia, me empezaron a pasar varias cosas; mi cuerpo dolía un dolor diferente al que deja el ejercicio, sobre todo en los hombros y la espalda. Me fascina dormir, pero aquí me cuesta mucho trabajo conciliar el sueño y no sólo eso, sino que hubo varias noches en las que despertaba al menos una vez de algún sueño que raya en pesadilla. Pasaron semanas en las que lo último que quería era hacer amigos y prefería pasar horas en mi computadora viendo pinturas, esculturas o fotografías. Hace un par de semanas, viendo algunas hojas caer con la primera lluvia de otoño, viendo esas nubes grises, frías, casi purificadoras, lloré por enésima vez, sin una razón específica, desde que se acabó agosto. Según SIRIUSFEM lo que me ha estado pasando puede ser un despertar divino.
Suena bonito, pero no es cosa fácil porque es un nivel de conciencia sumamente real, donde no hay obligaciones que te distraigan. Es como ir caminando por la calle, viendo los escaparates y de repente ver mi reflejo, cerrar los ojos, respirar y darme cuenta de que me corté todos esos hilos llamados “familia”, “escuela”, “amigos”, “país” y demás entes que suave pero firmemente hacían de borde para que yo no diera un paso en falso. Esos bordes ya no están. Es una sensación de ligereza que causa un poco de vértigo y donde puedo ver claramente cómo yo y mis acciones determinamos cada detalle de mi vida. Y quiero decir todos y cada uno de los detalles que componen mi vida. Desde salir a caminar y APRECIAR cómo las hojas rojas y amarillas de los árboles caen con el mismo viento que mueve mi cabello o SENTIR muy dentro de mí que aunque no estoy trabajando como todos esperaban, venir a este país fue una buena decisión, hasta entender que tengo TOTAL control sobre cómo me siento cuando mi novio tiene clases todo el día y puede pasar sólo algunas horas conmigo. Darme cuenta de que tengo esa fuerza y, si así lo elijo, usarla puede ser tan fácil, bueno, es intimidante. A veces tanta claridad, tanto entendimiento resulta abrumador. Pero no me malentiendan, esta ha sido una experiencia muy interesante y enriquecedora.
Pese a los dolores de hombros y espalda, pese a la falta de sueño y el exceso de sensibilidad supongo que en algún momento a todos nos hace bien despertar y contemplarnos. Chance y crecemos un poquito en el camino.