Edición DICIEMBRE 2007

SER NIÑO

Por: Miriam Sarli y Pulpo Paz

 

siriusfem, ser niño, infantilÚltimamente me he estado preguntando: ¿Cómo hacer para no dejar de ser el niño que llevamos dentro sin ser un inmaduro? Porque es toda una cuestión, ¿no?

Así que, con la ayuda de Pulpo, intentemos esbozar las características que debe tener una persona para no ser un Peter Pan sin llegar a ser el Capitán Garfio.

  1. Capacidad de asombro. Cualidad que siempre se manifiesta en los niños. ¿Por qué perderla de grandes? Hay cosas tan maravillosas en esta vida. Ver un arco iris (Sí, es raro, pero traten de ver uno después de la lluvia), cada uno de los logros de nuestros hijos a medida que crecen, descubrir culturas y mundos nuevos. Los niños siempre tienen algo para aprender. Y es la capacidad de asombro lo que les permite interesarse en ese algo. Pero no se les vaya la mano. Los extremos siempre son malos. Capacidad de asombro no significa tener que suministrarse algo para ver detalles nunca antes vistos. Díganle no a los “viajes inducidos”. Buscar el duende al final del arco iris es una cosa; conversar con el conejo de Pascuas es otra.

  2. Ganas de jugar. No me malinterpreten, no hay doble sentido en esto (pero cada quién...). En la vida podemos pasar un tiempo en familia, con amigos, con nuestros hijos disfrutando de algún tipo de juego. Relaja, nos saca el estrés y alguna que otra carcajada. ¿Quién no añora sentarse en el piso y jugar con los autitos o peinar una muñeca? Tampoco es cuestión de pasarse la vida frente a la Play Station 2 como un zombi. Un poco está bien. Necesitar del “Counter strike” y tararear sus efectos de sonido, puede ser un tanto más grave.

  3. Capacidad de ver la simpleza en la realidad. ¿Han visto cómo esos locos bajitos ven todo más claro que nosotros? Los adultos nos hacemos varias películas de un solo tema y ellos encuentran las soluciones tan fácilmente. El Principito decía que lo esencial era invisible a los ojos. Seamos capaces de ver la boa que come elefantes.

  4. Ganas de reír. ¿Cómo hacen los niños para encontrar la risa aún en momentos jodidos? Todos ellos encuentran motivos para reír, sea cual sea su situación. ¿Por qué nosotros no, luego de un día problemático? Nuevamente los extremos son malos. No lleguemos al extremo del demasiado. Una buena risa es terapéutica; una risa molesta y pesada genera rechazo. Si de verdad queremos volver a reír, empecemos por hacerlo de las historias que nos hacemos en nuestras cabezas, de las excusas tontas que ponemos para todo, de los problemas que nos inventamos. Aprendamos a reírnos de y con nosotros mismos. Creo que es un camino para encontrar nuevamente la simpleza de las cosas.

  5. Amor incondicional. GRAN cualidad en los niños. Tienen tanto, pero tanto amor que ni siquiera saben lo que significa la palabra discriminar. Ellos simplemente aman. Y no les da vergüenza expresar ese amor. ¡NO! No estoy hablando de salir a la calle y abrazar a todo el mundo cantando: “All you need is love”. Simplemente aprender de su facilidad de hacer amigos… y, ¿por qué no?, un abracito silbando la canción por lo bajo…

  6. Capacidad de perdón. Se pueden enojar con nosotros pero así como se enojaron se vuelven a contentar. No conocen el rencor, sólo aparece con los años y luego de que varias personas nos hieran de forma brutal. Nos volvemos desconfiados, incapaces de mostrarles a los otros lo que somos. Solamente por miedo a ser heridos.

  7. Capacidad de decir la verdad. No hay nadie más sincero en este mundo que un niño. Reza el dicho: “Los borrachos, los locos y los niños son los únicos capaces de decir la verdad”. Uno aprende a mentir. Uno aprende a engañar a otros o simplemente a ocultar la verdad. Los chicos, además de decir la verdad, tienen una capacidad asombrosa de decirla de forma sabia y sin herir (nos hacen pensar, ¿o no?). Tampoco se vayan al extremo de, por fin, tocar la puerta del vecino y decirle que nos cae de la patada, ¡NO!... Sean honestos, pero a la vez diplomáticos. Lástima que a los niños los educan, a los borrachos se les pasa y a los locos los encierran.

  8. Capacidad de ver el alma del otro. No sé cómo lo hacen, pero lo hacen. Se dan cuenta de qué es lo que nos pasa por dentro. Así lo queramos ocultar, ellos saben si algo no está bien. Y hasta pueden dar en el clavo sobre cuál es el sentimiento que más nos está perturbando. Eso no significa que nos la pasemos preguntándole al otro: “Algo te pasa y no me querés decir. ¿Qué? ¿Ya no te importo? ¿Soy un cero a la izquierda y poco confiable?” Denle la oportunidad al otro de hablar cuando así lo desee. ¡No lo atosiguen!

  9. Libertad. Son muy, muy libres. No tienen inhibiciones. Si hay que embarrarse, simplemente lo hacen y se convierte en toda una aventura. Si hay que decir algo, lo dicen. Si tienen ganas de salir corriendo, lo hacen. No están pendientes del “qué dirán”. Aunque tampoco es cuestión de hacer disparates y salir corriendo desnudo en plena calle. A menos que descubras que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen desalojado y grites Eureka. Libertad no es lo mismo que libertinaje.

  10.  Una gran imaginación. ¿Cuántos añoramos esos mundos mágicos que nos inventábamos y en los que vivíamos miles de aventuras? ¿Por qué perdemos la capacidad de soñar? Aunque sea un minuto, cerrar los ojos y soñar. ¿O, por qué no, soñar despierto? Nos hace bien y aún es gratis. Acá también aplica el NO a los “viajes inducidos”. Un poco de voluntad. Se puede volar sin energizantes ni polvos mágicos. Sigan este mantra: “Mi imaginación es más grande que mi presupuesto”.

Al menos estas son las cosas que, creo, hacen que llevemos un niño dentro. Se me pudo haber escapado algo. Soy adulta y pude haberlo olvidado.

 

 

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