Edición Enero 2007

 

CELULITIS

 

Sábado a las ocho, y como de costumbre ya no podía dormir más. Después de varios intentos fallidos por volver a los brazos de Morfeo, me di por vencida.

siriusfem, saludSentada entonces en la cama, con mi novio entregado ciegamente a sus sueños y sin ninguna señal de regreso próximo, decidí ir en busca de una de mis lecturas favoritas.

De regreso a la cama tenía la Vogue de enero en mis manos y el humo de un chai caliente endulzaba mi mañana.

Comenzó mi estudio. Diseñadores, ropa, accesorios y los adorados zapatos. Mi mente volaba libremente entre los anillos de Dior, las bolsas de Balenciaga y la ropa de una armada completa de dioses.

Llegué a la página 70. Con un trago de mi té para cubrir el raspón causado por el título siguiente, comencé a leer. “Adiós, piel de naranja.” Pensé: un bombardeo más para aumentar el trauma de las mujeres, aun las que no lo padecemos, según el veredicto del espejo.

Empecé a leer, dándole la oportunidad a tantas palabras. La lección empezó: “la aparición de la celulitis no es un exceso de grasa acumulada en una zona, sino que se trata de todo un desequilibrio a nivel celular”, explica Howard Murad, Doctor y autor de The Cellulite Solution. Después, el veredicto doloroso: “9 de cada 10 mujeres sufren de este trastorno.”

Volteé a ver si mi novio seguía dormido o si había alguna oportunidad de poder escupirle la noticia. Pero no hubo movimiento alguno. Entonces seguí leyendo y llegó la desgracia. Después de la reconfortante noticia del doctor Murad y la estadística que indicaba ser un padecimiento concurrente y natural, empezó el ataque a la autoestima y la seguridad. El trauma. Página y media dedicada exclusivamente a los magníficos aparatos inalcanzables que nos ayudarían a solucionar nuestra desgracia. Me caché pensando en dónde y cuándo podría comprar algunos de esos aparatos maravilla, obsesionada no por la desgracia sino por los métodos para combatirla.

Acabé el artículo, mi novio seguía dormido. Le di un beso y cerré la revista. Me di cuenta que no hay peor enemigo que nosotras mismas porque nos juzgamos y comparamos a partir de un ejemplar en donde las mujeres son íntimas amigas del photoshop y novias de la cirugía plástica.

Antes de meterme a bañar no pude evitar ser juzgada por el espejo una vez más. Sonreí, porque sé que si nosotras somos nuestros propios jueces exagerados y malditos, cambiar nuestra percepción no es misión imposible.

 

Regina Merino
22 años
reginamerino@gmail.com

 

 

 

 


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