Edición Enero 2007

Hablar del amor puede llegar a ser abstracto y ambiguo porque podemos encontrar diferentes acepciones, y porque cada quien en su realidad lo percibe de manera distinta. Pero finalmente todos podemos coincidir en que el amor es un sentimiento esencial en nuestras vidas, que cuando se comparte con alguien y es incondicional y correspondido, puede llegar a ser una experiencia maravillosa. Pero, ¿qué pasa cuando sucede lo contrario?, cuando aquella persona con la que deseas compartirlo no te corresponde, o algún día lo hizo, pero llegó el momento en el que él decidió tomar un camino diferente al tuyo. Pues eso me pasó una vez a mí, esa experiencia maravillosa terminó por convertirse en un capítulo en mi vida difícil de borrar.
En los siguientes renglones está plasmado un poco de aquello que me aconteció. Para algunos resultará algo cursi, pero simplemente puedo decir que fue lo que yo viví… mi sentir, mi vivir.
¿Cómo olvidar a esa persona que una vez te hizo sentir especial pero a la vez abrió una herida en tu corazón difícil de cerrar?
¿Cómo hacerlo?, si con un parche al corazón no lo puedes tapar.
¿Cómo hacerlo?, si es tan inmenso el dolor y sabes que no hay medicina que lo pueda aminorar; que ni con el mejor remedio casero vas a poder cesar esa sed sofocante que no te permite olvidar.
Traté de pretender que era sólo una pesadilla que en realidad se convirtió.
Traté de llenar mi mente con mil y un cosas que no tenían valor.
Traté de llenar el vacío pensando de él lo peor, pero créeme que ni eso funcionó.
Traté de luchar contra la razón pero fue inútil porque obviamente salió triunfante el corazón.
Cuántas veces deseé que existiera la magia para así poderlo desaparecer, son incontables las noches llenas de lágrimas que pasé, pues creía que en cada lágrima una parte de él se iría.
Pretender que su presencia no me incomodaba y que su ausencia nada provocaba, sólo fue hacerme más daño, porque por dentro todo se derrumbaba.
Saber que un día lo podía tocar y ahora sólo lo puedo imaginar.
Saber que está ahí, tan cerca de mí, y que aún así la distancia va a ser cada vez más.
El tratar de aparentar que él ya me da igual, es algo tan patético porque sé que no me puedo engañar. Que tengo que aceptar que soy vulnerable a su presencia, porque cuando lo veo no puedo evitar recordar todos esos momentos que me hizo pasar, porque cuando él me ve, son indescriptibles los sentimientos que en mí empiezan a nacer.
Qué tonta fui al pensar que al intentar odiarlo, lo iba a poder olvidar, pues alguien una vez me dijo que odiar es sólo una forma de amar.
Es mi infierno y me tortura, mi delirio y mi locura.
Él era y fue todo para mí y me duele saber que yo no fui, soy, ni seré nada para él.
Sólo me queda seguir amándolo hasta que esta llama que llevo dentro se termine por apagar o termine haciendo lo que él había empezado ya: consumirme lentamente hasta conmigo acabar.
Arabia Ramírez
19 años
arabis22@gmail.com