Edición Enero 2007

 

¿VOY A SER MAMÁ? PERO… SÓLO SOY ADOLESCENTE

 

“Hoy por la tarde decidí ir a la clínica, no podía esperar más. Mi periodo ha sido siempre irregular, pero en esta ocasión creo que no puedo esperar más, han pasado ya casi dos meses desde que tuve mi última menstruación y estoy muy preocupada. Pero… sólo me descuidé una vez, se nos hizo fácil y no creí que pasara nada si sólo era una vez. Mañana me entregan los resultados y no sé qué hacer”.

Cuando recibí el sobre y leí el resultado decidí hacerlo sola, me daba mucha pena que se dieran cuenta de la situación. La prueba era positiva y yo no podía ni respirar, aún no acabo la prepa y mis padres se van a volver locos. Debía decírselos, pero obviamente no sabía cómo…

En ese momento en donde lo menos que necesitas es buscar respuestas en el exterior, me encontré una vieja compañera, de esas que sólo encuentras en las fiestas, y tenía tal necesidad de desahogarme que no pude más y se lo conté. Sin pensarlo ni un poco me dijo que abortara, que no tenía por qué sacrificar mi futuro, que nada tenía por qué cambiar; me dijo que ella conocía una clínica y que solamente necesitaba cuatro mil pesos, o que en el mejor de los casos con unas pastillas bastaría.

Estaba confundida, triste, había fallado, ¿a quién o a qué? No sé, pero sentía que lo había hecho, me dolía algo dentro del pecho, tenía un nudo en la garganta, moría de miedo, no sabia qué hacer…

¿Qué tal si tomo la opción del aborto? Y ya, mis padres no se enteran, ningún plan cambia, pero… dicen que es peligroso y ¿si me pasa algo? ¿Qué hago? ¿A quién le pregunto? ¿A quién le digo? ¿Con quién lo platico? Daría lo que fuera por hablarlo con mamá, pero… no podría hacerlo.

En lo que decidía qué hacer habían pasado ya tres meses. Tomar las pastillas ya no era opción, así que después de un pleito en casa tomé la decisión, iba a abortar. Busqué a mi “amiga” y me dio el número de la clínica.  La cita sería para dentro de dos días.

Todo era muy extraño, algo muy raro pasaba dentro de mí. El día anterior a la fecha desperté muy temprano por el temor, y recostada sobre mi cama hice algo que nunca había hecho: Puse la mano en mi abdomen y comencé a hablarme, me pregunté qué era lo que realmente sentía y qué pensaba de ser madre; me pregunté qué opciones tenía y si me creía capaz de lograrlo. Y de repente sentí una fuerza impresionante y todo ese miedo que sentía, lo seguía sintiendo, pero en otra dirección. Ese mismo miedo me daría la fuerza para encontrar el camino, yo quería tener a mi hijo, no sabía cómo ni de qué manera, pero sabía que lo quería tener.

A partir de ese momento la ilusión empezó a crecer, pero con todo y la ilusión, aún tenía una piedra grande que reintegrar al camino para seguir por él, aún no había hablado con mis padres, no sabía cómo iban a reaccionar.

Por la noche, ya que mis hermanos estaban en sus camas y mi mamá veía la novela de las nueve, me senté a sus pies y comencé a llorar. Le conté la situación y ella lo único que respondió fue: “Ve a tu habitación y mañana lo platicamos, hoy no sé qué decirte”.

Por la mañana mis padres me esperaban sentados en el desayunador y, créanme, la expresión de sus rostros era tan dispersa y dura a la vez, que no puedo describirla. Me senté. Mi padre me preguntó qué era lo que pensaba hacer y muy segura de mí, o por lo menos eso quise creer, le saqué un múltiple manojo de posibilidades. Por dentro moría de ganas de abrazarlo y pedirle su apoyo, no quería dinero, no quería cosas, no quería ni siquiera vivir en la casa, sólo quería que me amara.

Se tomaron de las manos y me dijeron que aunque la idea no les agradaba por mi edad y los factores en que me encontraba, me daban las gracias por habérselos contado; me dijeron que me quedara en casa y que querían que siguiera estudiando, que contaba con su apoyo, pero que efectivamente el nuevo bebé era mi responsabilidad.

No lo podía creer, en verdad no lo podía creer. En ese momento busqué un empleo y organicé mi horario rigurosamente para poder realizar todas mis actividades. Por la mañana seguí mi prepa y por la tarde ahorraba todo mi pago para los gastos del bebé. Con el tiempo mis papás se resignaron a la idea y amaron cada día más a su futuro nieto.

Al pasar el séptimo mes los gastos de las vitaminas y visitas al ginecólogo habían disminuido en gran cantidad el ahorro para mi hijo y cada vez se me hacía más difícil trabajar con el entusiasmo y empeño que al principio.

Un día dentro del octavo mes de embarazo, mis padres estaban en casa, sentados, tomados de la mano. M senté con ellos. Mi papá inició; me dijo que él pagaría el parto, que me daría su apoyo económico y moral porque me ama pero que eso no significaba que tomaría el papel de padre de mi hijo. Yo acepté gustosa pero en realidad no tenía ni idea de lo que se refería.

El día de hoy mi bebé tiene cinco años. Lo amo y soy muy feliz con él. Terminé la preparatoria y estoy cursando mi primer semestre en la universidad.

Si bien es cierto que no cambiaría por nada lo que significa tener un hijo en mi vida, sí me gustaría contarles un poco más de todos los cambios que trajo consigo. En ese momento de mi vida no contaba ni con la mitad de la madurez que he adquirido en estos años, estaba descubriendo que yo existía, rodeada de gente buena y mala, era caprichosa y descubría el mundo a mis anchas. Me podía dar esos lujos. Mis sueños no tenían límites y me exigía lograrlos sin ningún pretexto. Mis problemas no eran mayores a ser compatible con un grupo de personas más que con otras o asistir a una fiesta en lugar de otra; era inestable y podía serlo, podía permitírmelo.

A partir del día que decidí tener a mi bebé mi vida cambió definitivamente, tuve que madurar. Dejé de salir con mis amigos porque ya no tenía el tiempo, dejé mis clases de pintura porque necesitaba trabajar, mis responsabilidades se cuadruplicaron y mi tiempo de juego cada vez fue menor. En pocas palabras, dejé de vivir muchas cosas de mi edad que son importantes en la vida de todo chavo.

Sin el apoyo de mi familia y de mis amigos más cercanos, por la inexperiencia que sentía, no tengo idea cómo hubiéramos podido salir adelante mi hijo y yo. Y lo repito una vez más, no cambiaría a mi hijo por nada, pero es cierto que ha sido difícil.

Si te encuentras en una situación cómo ésta, lo único que yo te diría es que escuches a tú corazón, dentro de ti está la fuerza para tomar cualquier decisión, y hagas lo que hagas, confía en ti misma.


MAYA
21 años
maya_mr85@hotmail.com

 

 


 

 

 

 

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