Edición Enero 2007

 

SI TE HA PASADO, PERDONA, APRENDE

 

siriusfem, si te ha pasado aprendeNací en la Ciudad de México el 10 de septiembre de 1987, mi infancia la viví con una madre histérica, obsesionada con el quehacer y un papá que viajaba de lado a lado. Él era mi héroe, nunca nos regañaba a mi hermana y a mí, jugaba con nosotras, etc., al contrario de mi mamá, que se la pasaba regañándonos, obligándonos a todo; para mí era una madre inconciente que lo único que quería era hacer sufrir a sus hijas: una de 6, mi hermana, y una de 5 años, yo. Mi madre siempre quería que todo lo tuviéramos bien limpio, no podíamos jugar si eso implicaba tener que bajar unos peluches o juegos de mesa o ensuciarnos. Ahora que lo recuerdo, hubo momentos en los que sí nos dejaba salir a jugar con una amiga de nombre Adriana que vivía en el edificio de enfrente. Pero yo tengo en mi memoria más recuerdos dolorosos de ella que felices.

Mi padre, casi nunca estaba en casa, es arquitecto, y en ese entonces estaba construyendo una zona residencial en Cuernavaca, por lo que viajaba y viajaba y cuando llegaba a casa eran juegos y juegos, pero claro, no podía faltar el currículo de mi mamá sobre nosotras y todo lo que habíamos hecho en el lapso de tiempo en el que había estado ausente.

Cuando vino la devaluación del peso mexicano mis papás decidieron mudarse de casa (con mi “Ana” y conmigo, claro) pero a otro estado: Michoacán. Llegando, gracias a Dios, ambos consiguieron trabajo: mi mamá de maestra y mi papá de arquitecto y maestro. Mi hermana tenía una amiga de nombre Miriam, su madre se llama Lety. Mi papá le daba clases a ellas dos, por lo tanto, tenía reuniones con los padres, entre ellos la señora Lety. Ahí viene la primera infidelidad. Mi papá ingenuo creyó que no me daba cuenta de todo esto...

Pasó el tiempo, y en una ocasión mi mamá y yo lo comentamos. Resultó que las dos habíamos percibido lo mismo; mi papá  sólo respondió: “Es que tenía muchos problemas y pues yo la escuché, pero nunca hubo nada”.

Fui creciendo y di un nuevo paso: la secundaria... Niños nuevos, un maestro por cada materia, una diferente forma de trabajar, pero algo no había cambiado, mi papá seguía siendo profesor y ahora era mi turno para que me diera clase. Me daba la materia de “Artísticas”. Mi mejor amiga se llamaba Diana, ¡ah!, por cierto, le gustaba mi papá. Ahí viene la segunda infidelidad. Omito detalles para que no degraden tanto la imagen de él como lo hice yo. Mi papá, teniendo una aventurilla con una niña de mi edad... ¿Existió un héroe alguna vez? ¿Dónde quedó? Si en algún momento tuve un héroe descubrí que era el más humano entre los humanos y más errante que cualquier errante. Simplemente dejé de tener papá. Yo llegaba a la hora que se me pegaba la gana, hacía lo que quería y si en algún momento a mi papá se le ocurría reclamarme, con una sola mirada le decía: “Tú no tienes por qué reclamarme, primero cumple tú, y luego, ven y dime”. Él se quedaba callado, sabía lo que había hecho, tenía y sentía culpa. Pero no me importaba, para mí él había muerto.

Pasaron muchas cosas en ese lapso, él y Diana se seguían viendo a escondidas, mi mamá no aguantó y se separó. Para ser sincera, me dio gusto, se la pasaban gritándose y ofendiéndose, mi hermana y yo, rogábamos que se separaran. Cuando mi papá llegó a casa, sus cosas estaban a un costado de la puerta esperándolo para irse. Nunca vi a mi mamá tan mal, desgastada, flaca, enferma, ojerosa, cansada; esa mujer era a la que le tenía tanto coraje, la que pensé que era de roca... esa mujer estaba derrotada. Lloraba y lloraba. Mi papá se fue a vivir a un instituto que mi mamá y él fundaron. Ahí quedó, vivía en basura prácticamente, todo desordenado, oscuro, triste; su vida me daba pena pero reía porque “lo merecía”. Le seguía hablando y todo, pero ya lo dije, para mí relativamente no existía.

En ese tiempo yo platicaba con mi mamá y le decía: “¡No mamá, no regreses con él!”, me dolía verla así. Ella fue a buscar ayuda con sacerdotes, con todo tipo de personas, hasta que se encontró con una mujer en la que confiaba mucho y ¿saben qué le dijo? “Regresa con él”. Y ¿saben qué hizo mi mamá? Regresó.

Así es, suena tan fácil, pero aguantó humillaciones, pisoteos, faltas de respeto... A ella no le importó, sólo lo buscó y reconquistó. Mi papá regresó a casa. Han de pensar “qué mujer tan loca, tan tonta”, pero yo no la juzgué, acepté su decisión, estuve con ella hasta el último momento.

Ahora entiendo tantas cosas... Aquella mujer histérica de mi infancia, era una mujer sola, sin apoyo, yo viví dos infidelidades, ella vivió tres. A mi papá no lo juzgo ya, lo perdono y me doy cuenta que no soy quién para juzgarlo. ¿Cómo decirle a mi papá qué está bien y qué está mal? ¡No soy quién!

A mi papi lo quiero mucho y lo he perdonado, espero él sepa perdonarme. De eso han pasado 5 años más o menos. Mi papá y mi mamá me han enseñado muchísimas cosas, no se han dado cuenta, no lo han hecho a propósito, pero han sido mis mejores maestros.

Si quieres algo hay que luchar, no hagas cosas de las cuales tengas que arrepentirte, ten fe, mucha fe, cree en ti sobre todas las cosas, no pisotees a nadie, después tú puedes ser pisoteado. Tal vez dirán que sólo tengo 19 años, y estoy de acuerdo, para ser sincera aún me siento pequeña, sigo esperando crecer y descubro el mundo como si acabara de nacer.

Vivo la vida como quiero, sonrió cuando debo hacerlo y lloro cuando el momento lo amerita. Yo sé que sin mi Dios no habría salido adelante. Él me ha enseñado muchas cosas, y mira, no sé si tú tengas un Dios o una religión, pero lo más importante en esta vida es perdonar, despojarse hasta de uno mismo para hacer el bien. Sonreír.

Vive la vida como tú quieras, ama, perdona, desea, ríete, llora, ensúciate, equivócate, pero si haces todo eso, hazlo porque lo quieres hacer y ten en cuenta que es tú decisión, nunca te arrepientas, mejor aprende. No soy perfecta, cometo errores, pero trato de cambiar, no sé si lo he logrado pero he tratado de ser mejor. En esta vida se tropieza una y otra vez. No soy muy grande para hablar de todo eso, sólo trato de compartir algo de mí.

Ahora estoy en la universidad, para ser sincera no se me ha hecho fácil adaptarme, pero es como aprender a caminar, sé que con el paso del tiempo podré correr.

Toma lo que te pueda servir, de todos modos solamente tengo 19 años...

¡Ah! Una recomendación: siempre haz y habla como piensas, hay que tratar de ser coherentes con nuestros actos.

Que Dios los bendiga.

 

Anónimo
19 años
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