Edición Febrero 2007

Pues mucha liberación, mucha información, mucho presupuesto para las mujeres, será el sereno, pero muchas de nosotras seguimos siendo inseguras. Personalmente recuerdo a más mujeres que hombres justificando los actos propios para obtener aprobación.
¿Quién esperaba ser elegida por el príncipe en el baile? Cenicienta. ¿Quién esperaba el beso de amor, luego de haberse rendido ante el envenenamiento de una mujer más lista? Blanca Nieves. Por cuestiones de cultura que por el momento no vale la pena mencionar, muchas mujeres seguimos a merced de lo que otros decidan por nosotras.
“Conocí a un hombre, nos llevamos muy bien y creo que quiere algo conmigo, pero no me lo ha dicho claramente (claro, hay que esperar que al tipo le dé la gana atreverse)… Él acaba de terminar una relación, se ve triste y me confía varias cosas, me siento halagada por ello (¿y tú, sientes la confianza de acercarte a él para platicarle el problemón que significa la relación con tus padres, ese dolor de cabeza que no te deja hace un mes, o lo desgastante que es cuidar sola a tu hijo?) La última vez que lo vi, me vestí como una reina, creo que hace mucho no me veía tan guapa, pero es que él me inspira (¿Y ya te diste cuenta que él no se bañó hoy y que su saco lleva diez puestas en tres semanas?) Me emociona mucho pensar en una relación con él, ya sé casi todo acerca de su vida (¿Él te ha preguntado algo acerca de ti? ¿Es capaz de manifestar un poco más que una insinuación sobre sexo contigo?.)”
“Siempre que me escribe un correo electrónico, le respondo de inmediato, sé que está muy ocupado y por eso no me molesta que tarde una semana en escribirme. Cuando lo hace es muy breve, mira lo que me escribió, ¿crees que estas dos líneas me estén dando a entender lo que siente por mí? Estoy ilusionada con él”. (Seguramente él no sabe que interrumpiste un trabajo importantísimo para escribirle en tres cuartillas lo maravilloso que ha sido conocerlo.)
“Estoy empezando a sospechar que le parezco demasiado joven. Creo que me tiene paciencia, pero en realidad no me ha propuesto algo concreto. Y ese consejo tuyo de preguntarle directamente, no me parece tan adecuado. ¿Qué tal si se molesta? ¿Y si dejo de interesarle? ¿Tú crees que yo le agrade, aunque sea un poco? ¿Y si de pronto decide volver con su ex?...”
¡Basta!
¿Cuándo dejaremos de permitir que las decisiones más importantes de nuestra vida sean tomadas por otros? ¿Cuándo empezaremos por preguntarnos, antes que ninguna otra cosa, si el sujeto que conocimos es lo que nosotras buscamos?
La pregunta clave, para asuntos de pareja, trabajo, familia, salud y política es: ¿Qué quiero yo?
¿Necesito un amigo, un amante o una pareja? ¿Quiero conmigo a una persona que no habla más que de él mismo, o alguien que comparta su experiencia de vida y al mismo tiempo me escuche con atención? ¿Quiero un inmaduro que me vea cara de terapeuta, o un hombre dispuesto a revelar su condición humana que no espera que yo le resuelva sus conflictos?
¿Voy a esperar el tiempo que sea necesario hasta que llegue un hombre (el que sea) y me elija, un hombre que, en señal de magnificencia me haga el honor de estar con él?
¿No será que me da miedo preguntarme a mí misma qué es lo que quiero y hasta dónde estoy dispuesta a ceder por ello? ¿Será que en el fondo no deseo una relación de pareja constructiva, porque ello implica un arduo trabajo en mi interior y de conocimiento del otro?
A la próxima que tengamos en puerta una relación, vale la pena preguntarnos todo lo anterior. El panorama cambia totalmente si dejamos caer la venda de nuestros ojos, aceptando que él no es Brad Pitt, Antonio Banderas, Sean Connery (y aunque lo fuera) y nosotras no somos la Bella Durmiente.
¿Quieres una relación adulta? ¡Asúmete como tal!
Nohemí Vargas Anaya
naomi0033@hotmail.com