Edición Febrero 2007

 

¿SE VALE DAR NALGADAS?

 

¿Qué piensas de dar una nalgada? 

Mi madre siempre me dijo, “Una nalgada a tiempo te puede ahorrar muchos problemas a futuro.”

Cuando doy mis talleres de disciplina para padres de familia, invariablemente alguno me hace esta pregunta. “¿Qué tienen de malo? Hay cosas que hacen más daño que dar nalgadas…”  Y estoy de acuerdo, a veces podemos hacer más daño con palabras que con una nalgada, pero ¿qué le estoy transmitiendo a mi hijo cuando arreglo las cosas de esa manera? ¿Alguna vez se han puesto a reflexionar?

siriusfem, dar nalgadas, madreUna madre de familia me comentaba que un día su hija de cuatro años estaba muy enojada con ella y le empezó a dar patadas. Entonces la madre la detuvo y le dijo, “¡¿Qué te pasa?! ¡Mi hijita, no me puedes pegar soy tu mamá!”   Y la niña le contestó, “¿Y por qué no? ¡Si tú cuando te enojas me das nalgadas!”

Esta niña tenía razón. Según ella, estaba enojada y era válido hacer lo mismo que su madre. En otras épocas quizás lo hubiéramos pensado pero no nos hubiéramos atrevido a decirlo y mucho menos a hacerlo. Pero los tiempos han cambiado y los niños cada vez nos regresan un poco más de nuestro propio chocolate. Cuando les pegamos, lo que les estamos enseñando es que cuando las cosas se ponen difíciles, así se solucionan, con violencia, y que se vale que el fuerte se aproveche del débil. Y luego, este niño va al colegio y cuando tiene una dificultad con algún compañero ¿cómo va a resolver el problema? Pues por supuesto que con un golpe. Y entonces la maestra lo regaña y le dice que es malo golpear. Y el niño se confunde. “Qué raro… si así es como arreglamos las cosas en mi casa”

Por otro lado ¿nos hemos puesto a pensar  la impotencia que debe sentir un niño ante la violencia, ante la ira incontrolada de un adulto, que en comparación a su pequeña estatura es como un gigante? Imaginemos por un momento que se nos aparece un hombre enojado de tres metros de altura y nos golpea. ¿Nos podemos dar una idea del miedo que sentiríamos al darnos cuenta que no  tenemos realmente la posibilidad de escapar, que nuestra vida está en sus manos? Eso sienten nuestros hijos cuando los golpeamos. Impotencia, frustración, resentimiento, miedo. 

Pero esto no quiere decir que las nalgadas no sirvan. Por el contrario, funcionan. Yo le doy una nalgada a mi hijo y entiende, no lo vuelve a hacer. Pero estamos pagando un precio muy alto por esta obediencia.

El precio que pago al intimidarlo es el precio de nuestra relación. Porque es imposible querer a una persona que nos provoca miedo. El miedo y el amor se excluyen uno al otro. Y después ¿nos sorprende que el mundo esté como está, cuando estamos condicionando a nuestros hijos a ser violentos desde pequeños? La violencia mundial sólo es un reflejo de la violencia que se aprende en casa.

“Oye, pero entonces, ¿cómo le hago para no enojarme?” ¡Se vale enojarse! Lo que tengo que saber es qué hacer con ese enojo. Tengo que aprender a manejar mi enojo de una manera adecuada. ¿Se acuerda de “Cuente hasta diez…”? Pues sí, cuente hasta diez, y no pague el precio del golpe.

Recuerde, lo más valioso que tenemos es el amor y respeto que estos niños sienten por nosotros.

 

Rosa Barocio
rosa@rosabarocio.com
www.rosabarocio.com

 

 

 


 

 

 

 

Informacion Legal | Publicidad | Directorio
Hecho en México
Sirius Fem, www.siriusfem.com y www.siriusfem.com.mx son marcas registradas, Derechos Reservados.