Edición Julio 2007

Extracción del “Libro del niño” de OSHO
La idea de hacer feliz a alguien nunca triunfa. Va en contra de las leyes. Cuando quieres hacer feliz a alguien, le haces infeliz. Porque la felicidad no es algo que se le pueda dar a otra persona. Como mucho, puedes crear una situación en la que la felicidad podría florecer o podría no florecer; no se puede hacer nada más.
Si estás demasiado preocupado por hacerlos felices, y te sientes infeliz porque fracasas, y si eres infeliz ellos serán infelices. Es muy fácil hacer infeliz a alguien. La infelicidad es muy contagiosa, es como una enfermedad. Si eres infeliz, todos los que están contactados contigo, relacionados contigo, en especial los niños, se sentirán muy infelices. Y los niños son muy sensitivos, muy frágiles.
Probablemente no dirás que eres infeliz, pero eso no cambia nada; los niños son muy intuitivos, todavía no han perdido su intuición. Todavía tienen algo más profundo que el intelecto, que siente las cosas inmediatamente.
El intelecto emplea un tiempo y siempre duda; nunca está seguro. Incluso si eres infeliz y una persona piensa en ti, nunca podrá estar absolutamente segura de si eres feliz o estás fingiendo; quizá sólo sea un hábito o quizá es que tu cara es así. El intelecto nunca puede llegar a una conclusión que sea absoluta.
Pero la intuición es absoluta, incondicional, simplemente dice lo que pasa. Los niños son intuitivos y se relacionan de un modo muy sutil y telepático. No se fijan en tu aspecto; inmediatamente lo perciben.
Algunas veces sucede que la madre lo siente un poco más tarde, y el niño lo ha sentido incluso antes que la madre. La madre podría sentirse infeliz, pero todavía no se ha dado cuenta: Aún está llegando a su conciencia desde su inconsciente; pero desde el inconsciente hasta el niño hay un pasaje directo. Para alcanzar tu conciente tendrá que atravesar muchas capas de condicionamiento, muchas capas de experiencias, intelecto, esto y aquello, y tendrá que pasar muchos censores. Esos censores cambiarán el mensaje, lo interpretarán de modo diferentes, le darán un color, y para cuando alcance tu conciente podría ser algo totalmente diferente de lo que era en un principio. Pero el niño tiene un acceso directo.
Hasta una determinada edad, los niños permanecen muy arraigados en ti y saben lo que te está pasando.
Relájate un poco. Déjale que se mezcle con otros niños, déjale que juegue, y deja de hablar en términos de felicidad o infelicidad.
En vez de eso, se feliz. Viéndote feliz, ellos se sentirán felices. La felicidad no es algo que tengamos que buscar directamente: es un derivado. Los niños se quedan muy desconcertados cuando les pregunta: “¿Eres feliz?” De hecho, no saben cómo responder, ¡y yo siento que tienen razón! Cuando le preguntas a un niño “¿eres feliz?”, sencillamente encoge los hombros, porque ¿qué quieres decir?
El niño sólo es feliz cuando no es consciente de ello. Nadie puede ser feliz cuando es conciente de ello. La felicidad es algo muy sutil, que sólo sucede cuando estás totalmente inmerso en otra cosa.
El niño está jugando y es feliz porque, en esos momentos, no sabe nada de sí mismo: ¡ha desaparecido! La felicidad sólo existe cuando has desaparecido. Cuando regresas, la felicidad desaparece.
Un bailarín es feliz cuando aparece la danza y él desaparece. Un cantante es feliz cuando la canción es tan apabullante que el cantante desaparece. Un pintor es feliz cuando está pintando. Un niño es feliz cuando está jugando, quizá una tontería de juego, recogiendo caracoles en la orilla del mar, sin sentido, pero está completamente absorto.
¿Te has fijado en algún niño recogiendo caracoles o piedras? Fíjate en lo absorto que está..., fíjate en lo profundamente inmerso, en lo totalmente perdido que está. Y esa es la cualidad del éxtasis, la cualidad del asombro, la cualidad de toda experiencia religiosa.
Todos los niños son religiosos, y todos los niños son felices a menos que los padres los hagan infelices.
Pero la felicidad no hay que buscarla directamente. Haz otra cosa y la felicidad te sigue como una sombra, es una consecuencia, no un resultado.
Contacto: comentarios@siriusfem.com