Edición Marzo 2007

siriusfem, mi sociedad

 

LA MUJER DETRÁS DEL PERONISMO

 

Existió una vez, como lo dice todo buen cuento, una mujer de fortaleza y entereza perfecta, delimitada únicamente por su concepción humana y mortal; tan mortal como la nuestra…

Así decía Evita a aquel su pueblo argentino. Era su discurso y su palabra la mano cariñosa que envolvía la mente de toda persona que la oyera.

“Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los limites extremos de mi rebeldía y de mis odios, pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por sí mismo, ni he combatido a nadie con maldad, sino por defender a mi pueblo, a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres "grasitas" a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que "Evita". Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar supo encontrarse con el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta. Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma y sangre del pueblo. No podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida, sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, en la Plaza del 17 de Octubre, ante mis queridos descamisados.”

Esto es sólo un poco de lo mucho que dijo y que se preserva de aquella mujer antes grasita argentina. Ella, de nombre Eva Duarte, nació el 7 de Mayo de 1919 en Los Toldos (Provincia de Buenos Aires); hija ilegítima de una cocinera, se convirtió en la amante del coronel Juan Perón cuando era adolescente, siendo el canto y la actuación radiofónica su forma de vida por aquellas épocas.

¿Qué tanto se podría decir de la Evita, madre del supuesto populismo argentino y ferviente luchadora y defensora del feminismo –en aquellas épocas, tan discutido-? Quizá me sobren las palabras pero fue ella, acaso, la real causante de este populismo del que hablo, de esta lucha de mujeres, de esta pauta en un pueblo que no tenía nada que perder y sí mucho que ganar.

Evita (como ella misma se nombraba y era llamada por su pueblo) fue una mujer entregada, capaz –como sólo pocos- de unificar a la nación que le dio la vida, que fue cómplice en sus ideales y utopías y que la vio crecer en ese mundo de privilegiados y plebeyos; así era la Argentina de aquel tiempo, un acumulado de coyunturas y opuestos, abnegados y reprimidos… pero no rendidos, capaces de luchar, de sacrificar y morir con tal de verse triunfantes, con tal de ser mejores. Fue esto último la pócima vertida por Eva a sus descamisados, fueron su liderazgo y su demagogia, tan intensa y correcta, las armas que la colocan hoy día como un emblema orgullosamente femenino.

Pero esta princesa de cuento fue odiada y amada por muchos y, justamente a ella que fue todo ímpetu y atrevimiento, se le adjudican grados descriptivos como el de “mujer de la vida galante” o “convenciera”; sin embargo, lo importante, lo trascendental, señores, fueron sus actos. Eva Perón trasciende su época para convertirse no en un mito sino en ejemplo de la justicia social.

En definitiva, como decía su consejero, el padre Benítez, a Evita hay que juzgarla más por sus actos que por sus palabras. Eva; fiel amante del régimen Peronista y leal a los recuerdos de la Argentina popular, nunca cesó en su lucha, nunca obstaculizó sus ideales, aquellas ideas en las que creía y sabía crearían el cambio en su amado pueblo de grasitas.

Para un alma tan grande y sublime no se necesita contabilizar la relatividad del tiempo, hoy a la Evita del antes olvidado pueblo argentino, le bastaron 33 años, tres décadas para concretar su lucha; su lucha eterna. Fue tal su impacto social y la enorme brecha que marcó su paso por el mundo, que su ideales se eternizaron; que la gente después de muerta le creía (incluso a la fecha) y luchaba con bandera de Eva Perón, con esa idea, con esa visión única de Evita. Aunque su vida fue corta su impulso causó toda una serie de transformaciones sociales.

Durante su vida sus luchas fueron muchas, incontables quizá; para 1945 cuando detuvieron a Juan Perón, la "señorita radio" movilizó a los sindicatos para que lo liberaran y una vez libre, se casó con él. De esta forma comenzó su participación política. En ese año y el siguiente participó en la campaña presidencial de su marido, ganándose la adulación de las masas, a los que ella llamó "descamisados". Y un año más tarde cuando Juan Perón accedió a la presidencia, ella se convirtió en una influyente líder de acción femenina consiguiendo el sufragio femenino, la participación de las mujeres en la política y conformación del Partido Feminista Peronista en 1949; objetivos perseguidos durante años por los socialistas y feministas, pero siempre inconclusos, truncados en dicha lucha.

Así pues, más allá de lo vislumbrante y tangible; justamente en ese espacio entre el desasosiego social y la lucha concreta por la salvación de un pueblo fue Evita quien actuó; quien se desempeñó en cuanto cargo pudo y a través de sus ideales construyó un pueblo, una Argentina libre e idealista.

Era una lucha inocente la de su país, como cuando se desarrolló de Ministro de Salud y Trabajo y su acto premió generosamente a los trabajadores a través del aumento de sus salarios; quienes, de forma gratificante y feliz, respondieron con el apoyo político a Perón.

Son sus ideas y su lucha sin miedo lo que se admira de ella, no era temerosa en sus actos como cuando eliminó los subsidios a la tradicional Sociedad de Beneficencia -y con lo cual se ganó gran cantidad de enemigos en la élite tradicional argentina-, y la reemplazó con la “Fundación Eva Perón”, la cual fue sostenida por voluntarios y contribuciones, aportes de la lotería nacional y otros fondos. Estos recursos fueron utilizados para establecer cientos de hospitales, escuelas, orfanatos, casas para personas de edad avanzada y otras instituciones de caridad.

Posteriormente, en 1951, su fervor fue truncado (aquella lucha altiva, que sin saberlo, había brindado un mundo de oportunidades a su Argentina de clase trabajadora). Después de introducir la apremiante educación religiosa en todas las escuelas argentinas comenzó su lucha contra el cáncer; y aún es esta lucha fue nominada para la vicepresidencia, pero el ejército la forzó a renunciar a tal candidatura. Aquí se marcó su declive político; las dos carreras que pretendía llevar, a la par, acabaron con ella.

Si bien su estancia fue corta por este pasar de infortunios, su lucha y sus ideas trascendieron el límite de lo antes posible; ella fue un ejemplo de conciencias, un ejemplo de mujer y sobre todo un ejemplo de lucha.

Y es que en este transitar hay conciencias que no cesan; como el conjunto de diatribas o la espera diaria y continua, tan atenuante y diáfana como el paso del tiempo. Así pasó Evita, con su pueblo argentino y con ese espacio, tan concreto y sensible detrás del Peronismo.

Esta feminista argentina falleció en el año 1952, pero su lucha, su lucha señores… no ha muerto.

 

Lisseth Nava
lissy_sister@hotmail.com

 

Mi Mensaje, escrito poco antes de morir, constituye un ejemplo del modo en que Evita se dirigía al pueblo, tanto en sus discursos públicos como por escrito.

 

 

 

 

 

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