Edición Marzo 2007

Inmediatamente después de escuchar la palabra malinchismo pensamos en la “xenofilia”, preferencia que se tiene en nuestro país por las personas, los productos y servicios extranjeros, sobre los mexicanos.
Sin embargo, retomemos la historia de la acepción de la palabra, proveniente de la azteca mujer referida como La Malinche; personaje que en su nombre mismo cuenta con varios adjetivos por fornicar con un forastero, por puta, por ser mujer manipuladora, por desear lo extranjero, por traidora.
Para Frances Kartunnen, especialista en lengua náhuatl, el malinchismo tiene una concepción despectiva hacia lo femenino, "una idea explotada en beneficio del nacionalismo mexicano, ya que asociaba en sí a una mujer, indígena y que además estaba muerta".
Una opinión de las feministas chicanas (mexicanas nacidas en Estados Unidos) reivindican a la Malinche, diciendo que ella supo emanciparse ante un sistema patriarcal en el que se desarrolló como defensora de las mujeres.
Por otro lado y como opinión encontrada, el historiador José Antonio Flores Farfán, se manifiesta en desacuerdo -con un punto de vista un tanto machista- ante estas suposiciones; considera que los esfuerzos por justificar las acciones de esta mujer mexicana la han hecho ver como un hada madrina, defensora, por amor, de los intereses castellanos.
Así, mientras unos tratan de comprender sus actos mediante el conocimiento del pasado, otros desvirtúan su participación en la historia nacional; pero la mayor parte de los mexicanos prefiere no enterarse más del tema y conservar la información popular o utilizar la palabra porque es del dominio público.
Sin embargo, recordemos que la historia está escrita por los vencedores, y la trascendencia que le adjudican al personaje de la Malinche en la conquista de México es determinante, según algunos, para la consumación de este hecho histórico y transformador del rumbo del país.
Asimismo, los historiadores prefieren olvidar a los miles de hombres quienes se unieron a los españoles, a su causa, para derrotar a los aztecas; no así la escritora Laura Ezquivel, autora de “Malinche”, quien opina: “Moctezuma les entrega el Reino a los españoles, en parte por la leyenda de Quetzalcoatl, pero de entrada se los entrega y ¿por qué nadie dice que esa sí fue una traición? Nadie recuerda tampoco a los cientos de miles de indios que se aliaron a los españoles, porque cuando muere Moctezuma sí surge una resistencia. De eso nadie habla, sólo de Malinche, esto es un signo de machismo”.
Para la escritora, la Malinche fue leal a sus creencias, a lo sagrado de la cultura, no a las creencias de Moctezuma que mantenían reprimidos a los demás pueblos.
Retomando un poco la historia de la vida personal de esta mujer tan juzgada por todos los mexicanos; su nombre era Malinali, hablaba náhuatl, nació en Coatzacoalcos -actualmente ubicado en el Estado de Veracruz-, fue vendida por sus padres al cacique de Tabasco, lugar donde aprendió la lengua maya. Posteriormente, a la llegada de Hernán Cortés a estas tierras, le fue entregada como regalo y esclava, para después pasar a ser su intérprete.
Sabiendo lo anterior, nos damos cuenta que no tuvo elección alguna y por tanto, ¿cómo es que se habla de traición? Para cometerla se debe ser libre de elegir y ella no lo era.
Es evidente que la Malinche no es cien por ciento víctima de una situación que le tocó vivir, pero no es tampoco el monstruo creado, en parte, por la aberración machista que se ha descargado en ella. Sí, fue una mujer enamorada del enemigo, antagónico que todos a su alrededor dejaron crecer y ser, incluyendo los hombres guerreros y aquellos quienes lo confundieron con un dios.
Nada en la historia está definitivamente escrito ni dicho; sin duda, estaría mejor prestar atención a todas las aristas y perspectivas de la situación para no juzgar o culpar definitivamente a un solo personaje, dejándose llevar por cosas tan simples como su género.
“El juicio que se emite sobre la Malinche es desproporcionado e injusto”
Laura Ezquivel
Laura Sainz
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