Edición Mayo 2007

siriusfem, mi sociedad

 

SALTO A LA REALIDAD

Por: Santiago Rojas Valdivia

 

— Si siguen viendo eso no van a dormir.
— Sí dormimos mamá.
— No quiero que me vayan a despertar a media noche para meterse a mi cama.
— No mamá.
— Apagan todas las luces antes de irse a dormir
— Sí mamá.

siriusfem, monstruos, sustosEsas eran las indicaciones que siempre daba mi madre a gritos desde su cuarto, antes de acostarse a dormir, cuando mi hermana y yo veíamos alguna película de espantos en la sala de la casa.

A pesar de que sabíamos que no dormiríamos bien, permanecíamos imantados al cinescopio observando con atención lo que sucediera, y para soportar lo más posible la tensión del miedo, generalmente utilizábamos una cobija de la cual no debían escapar pies o manos cuando mi mamá mañosamente apagara el foco y nos dejara sólo con la luz de la televisión. Sólo los ojos y un pedazo de nariz para poder respirar bien, podían escaparse a la protección, así esperábamos al final de la película.

Calculando unos diez minutos antes del final, las preocupaciones se centraban en quién debía prender la luz para escapar al cuarto de ese sitio impregnado de monstruosidades. Eso no era de fácil solución pues comenzaban las cuentas.

— La última vez me levanté yo.
— No es cierto, fui yo.

En esta ocasión decidimos de común acuerdo levantarnos juntos y protegernos con el manto anti-monstruos.

Terminó la película. Comenzaron los comentarios para infundirnos valor y salir de esa comprometida situación hacia la salvedad de nuestras camas.

— No estuvo tan fea.
— El monstruo parecía de plástico.
— Además eso no puede pasar.

Una cuenta de tres nos ayudaba a tomar valor. Primero un pie, después el otro, y luego a caminar despacito sin dejar partes descubiertas y evitando los tropezones. Así dábamos dos vueltas, una para encender el camino y otra para ir apagando uno a uno los interruptores de camino a la calma.
Era imposible evitar la sensación de pelos en los pies y respiraciones en las orejas mientras caminábamos de regreso, en medio de la penumbra. En un momento se me descubrió un talón, pero pude resguardarlo antes que las garras de una bestia lo arañaran.

Llegamos al paraíso prometido después de varios tropezones y una caída, todo sin dejar descuidado un solo espacio. Al entrar a las sábanas sentí la paz que esperaba después de tantas tensiones, mis impenetrables cobijas me garantizaban un buen descanso.

Ya a salvo, volteé a ver el tortuoso camino recorrido, cuando algo hizo que me brincara el corazón hasta la boca. Desde la cocina se proyectaba un rayo de luz hasta mis ojos, habíamos olvidado apagarla antes de que empezara la película, cuando nos abastecimos de una ración doble de helado.
Avisé a mi hermana del error.

— Ya estoy dormida.

Esa respuesta me indicaba una indisposición terminante. Tenía que tomar valor yo solo para apagarla y evitar los regaños de la mañana siguiente.

Me levanté destendiendo mi cama para utilizar mis cobijas como capa impenetrable, respiré hondo y corrí hacia la cocina como desaforado.
Mientras transitaba ese largo pasillo, sentí varios animales de cuerpo gelatinoso bajo mis pies, algunas mordidas que se quedaban tras mi cabeza, y una que otra mano que intentó detenerme. No podría asegurar todo esto, pues cerré los ojos mientras corría.
Saqué aprisa la mano apagando la luz, y retomé el camino de regreso.  A la mitad tropecé y  caí justo frente a la puerta abierta del baño, de donde escaparon unos gritos desesperados de algún loco, pero pude levantarme ante de que saliera por mí.

Con apuros llegué al cuarto y prendí la luz para desvanecer a mis perseguidores, pensando que ahí acabarían mis temores. Pero me esperaba todavía una misión más difícil, debía de arrancar a mi hermana de las mandíbulas del monstruo de la película, que en ese momento la estaba devorando.

 

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