
SABORES DEL MATE
Por: Miriam Sarli
Los argentinos tenemos un compañero inseparable. Jamás nos falla. Y no, no es un perro. No es nada vivo… aunque originalmente sí lo sea.
Estoy hablando del Mate. Esa bebida que nos hace más amenas las charlas, que nos hace compartir secretos, risas, cuentos, conversaciones interminables.
Que un argentino (o un uruguayo) no tome mate, puede considerarse como un bicho raro. Es que, culturalmente, las familias acercan esta tradición a sus descendientes a los pocos años de vida. Uno puede ver niños de un año saborear con mucho gusto un amargo recién cebado (servido). Con el paso de los años encontrará cuál es el tipo de mate que le guste tomar en compañía o solo.
Les explicaré más detenidamente los significados que tiene cada tipo de mate. Pero, para entender cómo nacen los distintos “gustos” de mate hay que echar mano al ritual de apareamiento en los seres humanos.
Todo se originó allá por los años en que el gaucho (hombre de campo) era gaucho y a su mujer le decían “la china”. No se sabe si porque originalmente las mujeres de estas pampas tenían los ojos rasgados y la piel amarilla. Pero no es el tema a tratar, no. Veremos si más adelante hacemos una investigación profunda de por qué a la china se le decía china, y no porque viniera de ese país.
Prosigamos. Situémonos muy atrás en el tiempo. Allá por 1800. En un rancho en medio de la Pampa húmeda argentina. A caballo se acerca un gaucho con intenciones lujuriosas hacia una china soltera. El gaucho tiene ganas y la china también. El señor no le saca la mirada de encima a la señorita, y ésta se ruboriza. ¿Cómo hacía esta mujer para darse a entender de forma sutil, sin que la sociedad terminara señalándola con el dedo por descocada? ¡¡Aaahh!! Ahí entra el gran invento de los aborígenes de nuestra zona. Le echaba mano al mate. Pero no a cualquier “sabor” de mate. No. He aquí las opciones que podía utiliza la señorita en cuestión:
- Si estaba embobada con el muchacho que tiene ante sus ojos, le ceba un mate con canela, indicándole que se la pasa todo el día pensando en él.
- Cuando le urgía que el gaucho por fin se decida y de “el gran paso”, le ofrecía un mate hirviendo. El significado de éste es: ma-tri-mo-nio. Obviamente que en ese preciso instante el hombre podía darse a la fuga a todo galope.
- Al ver que se aceptaba el mate anterior, la china contraatacaba. Puede ser en el mismo día o no. Con la misma yerba o no. El tema es que sea el mate muy dulce. Lo que significará: ¿que esperás para hablar con mis padres? Bueno, supongamos que se dan todos los pasos sin que el hombre se haya dado a la fuga a todo galope por la pampa húmeda luego de ver a la futura suegra. Se casan o se están por casar. Ahí podía ocurrir lo siguiente...
- El gaucho se pasaba mucho tiempo en sus quehaceres y la china sola en su rancho. Y en algún momento ella se ponía cachonda y quería guerra. Como ahora es una señora con todas las letras no lo va a arrinconar a su hombre contra al aljibe. ¡Nooooo! Entonces sacaba nuevamente el arma para darse a entender. Es así como a su hombre le termina cebando un mate muy caliente (ojo, no es hirviendo, hay una diferencia bastante grande de temperatura entre una clase y la otra), lo que le hace entender que su mujer está así (de caliente) por él.
- Supongamos que la china sea una desvergonzada total y no quiera seguir los pasos protocolares anteriormente propuestos que cualquier dama de la época respetaba. La desubicada preparaba un mate con cáscara de naranja. Con esto, la muchacha (alborotada por sus hormonas) le da a entender al gaucho que quiere ser raptada con intenciones indecentes.
¿Qué pasaba si la china sentía un rechazo importante por el gaucho?
Bueno, había varias posibilidades de hacerse entender por medio del mate (y ahorrándose saliva en explicaciones o insultos):
- Podía pasar que la china fuera una mujer tolerante a las miradas lascivas de aquel hombre. Quiere darle una oportunidad y conocerlo (“un vaso de agua no se le niega a nadie”). Entonces le cebaba un mate dulce, lo que le daba a entender que, por ahora, sólo quería una amistad.
- Si, de plano, no quiere tener nada con este señor, le cebaba un mate lavado. Lo que le sugería al pobre gaucho que estaba siendo rechazado. Mejor que buscara por otro lado este buen cristiano.
- Definitivamente no “registraba” a ese hombre. No existía en el mundo de la china. Entonces le cebaba un mate amargo, indicando la indiferencia que le tenía. Que mejor se sacara las ilusiones que se hizo.
- Ya cuando tenía algo contra este pobre hombre y la cosa se volvía personal, le ceba un mate frío, indicando su desprecio hacia él. Pero lo más jodido de recibir este mate eran las consecuencias post desprecio, porque uno podía (y aún puede) llegar a perder hasta el apellido en el baño.
- Todavía había una forma más de hacerle entender a este hombre cabeza dura de que esta señorita literalmente lo odia: cebando el mate por la bombilla, lo que provoca que el metal de la misma se caliente y al entrar en contacto con los labios de aquél insistente, lo hacía decir improperios hacia toda la familia de la dama. Obviamente que ahí empezaba su huída a todo galope por la pampa húmeda cuando el padre de la china lo sacaba a escopetazos por semejante falta de respeto.
Hay otros “gustos” de mates que no tienen que ser necesariamente relacionados al apareamiento. Estos son propios de la amistad. Aquí los ejemplos:
- Una persona nos cae bien. Para comunicar nuestra simpatía le cebamos un mate con azúcar quemada.
- Esa persona poco a poco se va haciendo un lugar en nuestro corazón. Y le cebamos un mate con leche para demostrar nuestra estima.
- Con el tiempo se vuelve nuestro amigo y comenzamos a compartir momentos de felicidad y tristeza. Cuando vemos mal a un amigo le ofrecemos un mate con miel para darles a entender que su tristeza nos aflige.
- Obviamente que en las amistades, como todo en la vida, surgen diferencias, cosas por las cuales solemos pelearnos. Cuando la ofensa pasa y se quiere perdonar al otro, cebamos un mate con café.
- Y como uno al perdonar quiere hacerle ver al otro que el cariño y el aprecio es verdadero, la yerba se cambia para cebar un rico mate espumoso.
El protocolo indica, además, que nunca se debe servir el mate hacia la izquierda de la ronda que se forma para disfrutarlo en compañía de la familia o amigos, porque es una falta de respeto. El cebador, además, debe ser el primero en tomar, porque el primer mate es “el del zonzo”, y a un familiar o una visita no se la trata así.
Para terminar, quiero que presten mucha atención si alguien les ceba un mate con la bombilla tapada (no se puede tomar) porque quiere decir que hay un enamorado en la habitación.
Independientemente de la forma en que lo cebemos o el “gusto” que prefiramos, el mate siempre será una excusa para compartir momentos con personas a quien queremos o personas que recién estamos conociendo. La mejor de las excusas.
¿Alguien gusta de un amargo?
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