Edición SEPTIEMBRE 2007


RESPONSABILIDAD SOCIAL

Por: Alicia Ortiz

 

siriusfem, responsabilidad social“Si queremos crecer como personas lo primero que tenemos que hacer es tomar nuestra responsabilidad como adultos y como padres de familia. A mayor responsabilidad, mayor crecimiento y mayor conciencia. Si nos responsabilizamos con nuestros hijos en casa eso se verá después reflejado en nuestra sociedad. Si nuestros hijos ven que nosotros como adultos asumimos nuestra responsabilidad, les estamos dando el ejemplo para que ellos también crezcan responsables.”

                                Rosa Barocio

El correr de la vida, el correr de los años nos orilla, sin pausa, a llevar a cabo tantas actividades que muchas de ellas ni siquiera nos cuestionamos qué tanto las deseamos hacer. El remolino de la vida…

¿Cómo aprendimos a hacer lo que hacemos? Por supuesto que mucho ha sido por el ejemplo que vivimos de nuestros padres y las enseñanzas que hemos tomado de la sociedad y el sistema coercitivo que nos rige, como el gobierno, la religión, la escuela, el entorno en el que nacemos, crecemos y nos desarrollamos.

Lo que se puede ver sobre lo que nos depara el futuro cuando se es adolescente, y más si eres mujer, generalmente tiene que ver con conseguir pareja y tener hijos, pero… en verdad ¿¿es lo que uno quiere?? ¿Me he preguntado si eso espero de mi vida? ¿Cuánto es aprendido por la sociedad y por la familia?

Como padres, ¿qué tanto enseñamos a nuestros hijos con el ejemplo?  ¿Cuántas cosas hacemos por costumbre o por inercia, sin siquiera cuestionar las razones por las que se hacen o se aceptan?

Cuando me separé del que fuera mi marido, más de una persona me preguntó que si había pensado en mi hija, por quitarle la estructura de la familia y alejar a su padre de ella. Por supuesto que yo no alejaba al padre de mi hija, el formato de la familia cambiaba de “bajo el mismo techo” a “diferentes casas”, pero su padre seguiría siendo su padre toda la vida, y la culpa que me llegó por ser mujer y “separar a la familia” me la cuestioné mucho hasta darme cuenta de que todo estaba fincado en creencias impuestas por la sociedad y mi familia en cuanto al rol de la mujer en el matrimonio, e igual la creencia de que el divorcio era sinónimo de fracaso y de destrucción. Una parte de mí lo veía como una necesidad para gestar mi independencia que no había forjado a temprana edad, y que por más que hubiera querido, mis años veintes no alcanzaban para saber lo que haría toda la vida, o para saberme consciente y completa como mujer independiente y autosuficiente. Por eso sabía que el tiempo que requería era indispensable para lograr encontrarme a mí misma, y que si no vivía esa cruzada sería incongruente conmigo y, por lo tanto, con mi hija, porque de haberme quedado casada por las presiones sociales y la dificultad de emprender el esfuerzo, entonces sí, el ejemplo que le daría a mi pequeña sería de una mujer sumisa y entregada al consenso social en vez de “modelarle” una mujer en busca de sus sueños y sus ideales.

El ejemplo a los hijos más que una forma de educación debe ser un modo de vida fincado más en el padre que en el ejemplo al hijo, ya que si se hace por uno mismo el impacto siempre será positivo al que lo ve como ejemplo, pues la congruencia y lo verdadero trasciende más allá de la propia familia.

Esta actitud, creo yo, genera mucha más educación que todas las clases y maestros que podamos abordar, la educación en el trato interpersonal es la más impactante y necesaria para generar personas responsables y maduras que lideren, gobiernen y dirijan nuestro mundo en adelante.

Así que busca tus deseos y necesidades, ve por ellos, y vive tu cruzada, que lo mejor que puedes regalarle a tus hijos siempre será tu ejemplo y la congruencia de hacer, decir y pensar lo mismo.

 

 

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