Edición SEPTIEMBRE 2007

Por: Alicia Ortiz
En este espacio hemos hablado del proceso que un embarazo requiere, ya sea el deseo de tener un hijo o decidir no tenerlo y, por lo tanto, no experimentar la maternidad desde el sentido literal de la palabra. También hemos tocado el evento de vivir un parto conciente, los primeros días de tener un bebé en casa, y el periodo de posparto que a veces es difícil y genera un espacio de depresión a pesar de la emoción de tener un nuevo miembro en la familia…
Estos procesos son posibles en todas las mujeres, pero no tan cotidianos y repetidos… no en estos tiempos en que cada vez las familias son más pequeñas. Las matrices que antes parían entre siete y diez hijos ahora, con trabajos, cuentan tres y ya porque se les fue, cuatro… Mucho de esto es por el exceso de cesáreas que imposibilita hacer varias incisiones y, como consecuencia, cada embarazo es un riesgo para la mamá por la herida de la anterior cesárea.
En fin, la experiencia de la maternidad cada vez se hace más esporádica, menos repetida, y eso nos pone en un lugar en el que la práctica que nuestras abuelas adquirían en lo temas como amamantar, curar cólicos y hacer papillas, entre otras múltiples actividades que una madre desempeña siempre, se vaya perdiendo. Hoy en día nos vemos un poco inexpertas en estos tópicos y tenemos que acudir a especialistas para que nos recuerden cómo amamantar o… cuándo y cómo empezar a darle de comer a nuestro hijo, ¡y qué!
Pues sí… la historia de la maternidad es todo un evento que nos gustaría que alguien nos resolviera de una forma más práctica, y creo que esto también se debe al tipo de vida que llevamos actualmente y en, este caso, que incumbe a las mujeres.
Estamos muy inmersas es actividades laborales y de quehacer externo, y con esto no pretendo que se crea que debamos volver a lo de antes, a eso de permanecer en casa sin salir a ningún lado esperando quedar embarazadas; lavando, planchando y haciendo de comer, ¡No! ¡De ninguna manera! Yo creo que la actividad que la mujer emprende hoy día (con algunos ajustes) es parte de lo que busca para desarrollar su independencia y autonomía, unas más, otras menos, unas más concientes, otras menos, unas radicales, otras mediadoras. El caso es que tenemos menos claro cómo hacernos cargo de nuestros pequeños cuando decidimos SÍ ser madres y, bueno, para esto tenemos la oportunidad de acercarnos a los cursos psicoprofilácticos que son muy útiles y que hasta a nuestras abuelas les habrían servido de mucho.
Aquí se aprende lo que por intuición debemos saber, como amamantar, cambiar el pañal, bañar al bebé; cómo puede ser el parto (dependiendo de lo deseado) y qué puedo pedir… En fin, un gran numero de sugerencias e información que generan más tranquilidad al saber a qué te enfrentas. Aunque nada de lo que te digan se aproxima a lo que se vive en el embarazo y en el parto, sirve de mucho estar informada y saber de boca de otras mamás cómo es, porque uno de los eventos más enriquecedores del curso psicoprofiláctico es la convivencia con otras madres o futuras madres que de viva voz y recién experimentadas te cuentan sus experiencias; además de verte en las mismas que otras tantas mujeres con sus grandes panzas y su gran sensibilidad…
Así que esa sensación de sentirse la “loca de la cuadra” cuando una es la única embarazada de la familia o del grupo de amigas desaparece, pues en este lugar todas están en “las mismas” y eso da una sensación de tranquilidad, por simple que parezca. Puedes hablar de los mismos achaques, de si te dan agruras y qué te puedes tomar para eso, o si te duele la cabeza o el asco no se quita con nada y una propone un remedio que a la otra no le funcionó pero que a lo mejor a ti sí… en fin.
Esto del curso psicoprofiláctico es útil ya que apoya a la mamá en el momento de la preparación para recibir al bebé. Y aunque tengas cerca a una mamá muy experta o a una abuelita que tuvo quince hijos, te recomiendo que te acerques al psicoprofiláctico que más te llene, investiga en tu ciudad cuántos hay y cuáles son los mejores. Pide una visita a cada uno; si tienes pareja, dile que juntos vayan a buscar el mejor espacio que les agrade para tomar este aprendizaje.
Algo más que puede servir para aprender sobre éste ámbito es el tema de la lactancia, un punto tan importante como el del psicoprofiláctico, ya que una de las principales actividades después del embarazo es la amamantada, y nuestra falta de experiencia en el tema hace que pueda ser difícil algo que por naturaleza deberíamos disfrutar y vivir sin cuestionamientos. Y digo esto al referirme a amamantar porque hay muchas mujeres que elijen no hacerlo; pierden la oportunidad por falta de conocimiento o por la lejanía que existe ante esta destreza, y al parecer lo hacemos mucho más difícil de lo que podría ser.
Hoy la tecnología nos tienta a buscar las cosas fáciles, y hay actividades en la vida que requieren de esfuerzo. La crianza de un bebé, incluyendo el darle pecho, es de hecho una experiencia que requiere de ese esfuerzo. Aunque hayan inventado miles de artículos tecnológicos que ayuden a “mejorar” o facilitar nuestra vida, todavía tenemos que vivir la experiencia de la maternidad como nuestras abuelas y tatarabuelas, eso no cambia, bueno… las cesáreas y algunas cosas sí, pero la esencia no ha cambiado.
Así que lo que tenemos que practicar con ahínco en esta experiencia es la ¡p a c i e n c i a!
Para esto acercarte a la Liga de la Leche es una gran ayuda, porque ahí te pueden apoyar en todas las necesidades que tengas con relación a amamantar, y hay mucha más información de la que te imaginas para hacer de ese evento un verdadero placer.
Desde mi experiencia la lactancia materna es una fase invaluable que no podría explicar con palabras, aunque lo que sí se puede ver es que representa una inversión a largo plazo, porque la seguridad e independencia que se puede gestar gracias a la íntima cercanía del bebé con la madre sólo éste evento la da.
Estos tiempos de carreras, sobre-actividad, alta tecnología, vida fácil, todo fácil… parece que olvidamos que la vida se toma con calma… que a pesar de la evolución que un bebé trae consigo, requiere de tiempo y calma… mucha calma.
Por eso te digo, la palabra mágica en la maternidad temprana, sobre todo, es p a c i e n c i a. ¡Y disfrútala!