Edición abril 2008

Por: Eloisa García Lomelí
En inglés se utiliza mucho el término Deadline para indicar el plazo en el cual debemos entregar o hacer alguna actividad. Últimamente he vivido (mejor dicho, sobrevivido) en estos límites y realmente me encuentro físicamente agotada, siento que la vida me ha atropellado.
Mi trabajo tiene la característica de tener picos de actividad, cuando inicio un proyecto es intenso, después se relaja un poco y al final vuelve a subir. Cuando no tengo proyecto tengo que estar buscando qué hacer. Pero en esta ocasión rebasó cualquier pico, es una cantidad laboral impresionante: viajes, aviones, dar pláticas, subir, bajar, escribir, etc.… y no me estoy quejando, realmente me gusta lo que hago, lo que les quiero compartir es la reflexión de cuántas cosas dejamos de hacer por nuestra profesión.
Disfruto escribir, compartir alguna de mis experiencias y esta revista me ha brindado la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, desde mediados del mes pasado me preguntaron, “¿Con qué vas a colaborar este mes?, Elo, ¡estamos esperando tu artículo!”. De verdad que no me daba la vida para sentarme y dedicarle tiempo a escribir, antes que el escribir, no había tenido tiempo de pensar sobre qué iba a hablar.
Ayer, última llamada, “Claro, como Elo ya está ocupada, ya no piensa colaborar más”. Me dolió, fue entonces que me vino a la mente todo eso que dejamos de lado por el trabajo.
Miles de cosas nos perdemos de vivir por estar en una oficina. Hay personas que trabajan tanto que salen de su casa cuando aún no amanece y regresan ya avanzada la noche. Siempre atrás de un escritorio, atrás de un volante, haciendo antesala para ser recibidos por los clientes, se nos van los días en un aeropuerto.
Nos perdemos de cosas simples como nuestro programa favorito, o realmente importantes… ¿Cuántos padres no ven crecer a sus hijos, no asisten a un festival porque no pueden pedir permiso en el trabajo? El caso extremo: hay hasta personas que se han perdido el nacimiento de alguno de sus hijos porque estaban en junta.
En lo personal he pospuesto cosas que sé que son importantes, no me arrepiento porque también entiendo que no era mi momento, pero si lo sigo dejando entonces tampoco llegará nunca el momento.
He dejado a mi familia y a mis amigos por largos periodos y esos momentos no vuelven. Cuando regreso tienen anécdotas nuevas, tienen nuevos chistes “locales” y el volver a integrarme me ha costado.
Creo que el punto está en no perder el equilibrio, saber cuándo se puede sacrificar algo de la vida personal y hasta dónde, y no brincar ese límite que nosotros mismos fijamos. Cuándo es prioridad mi vida, mi familia, mis amigos, mi crecimiento interno, descansar y divertirme.
Analicemos el equilibrio de nuestra vida y hagamos las modificaciones que sean necesarias para poder alcanzarlo. De verdad no dejemos las cosas que nos hacen felices, porque es lo que nos da energía para todo lo demás.