Edición abril 2008

Por: Mayus Eng
La independencia de los hijos comienza desde su nacimiento; sobreprotegerlos es obstaculizar su desarrollo, proteger a los hijos es casi una cuestión de instinto de padres, verlos así tan pequeños, tan indefensos, casi obliga a abrazarlos cada vez que lloran, a prevenir todo tipo de peligros y a enseñarles lo que está bien y lo que no.
Pero además, es esta la gran responsabilidad de nosotros: guiarlos, enseñarles, orientarlos, para convertirlos en personas de éxito, cuando sean adultos responsables de sí mismos. Aquí es donde radica el problema. Algunos papás vuelcan la atención a sus hijos, en una total opresión, en una preocupación excesiva, en sobreprotección.
Entonces, el cuidado de sus hijos ya no es un asunto de responsabilidad y compromiso, sino de obsesión, con lo que, además, les transfieren a los más pequeños todos sus temores e inseguridades, obstaculizando su desarrollo. Así es el que prodigan los papás sobreprotectores, quienes llegan a realidades tales como:
En síntesis, papás que no les exigen a sus hijos, de acuerdo con la edad que tienen, permiten que vayan creciendo con caprichos e incapacidad para ocuparse de sus propias responsabilidades, tomar decisiones y asumir las consecuencias de sus actos.
Algunas razones por las cuales muchos papás adoptan un sistema de crianza de sobreprotección son:
Desde siempre y no desde los tres, cuatro o veinte años de edad, hay que fomentar la capacidad de autonomía en los hijos. Dejar que tu hijo vaya asumiendo por sí mismo las tareas que le corresponden; no pensar, actuar, ni sentir por él, sino dejar que manifieste por sí mismo lo que quiere o necesita, es ayudarlo a crecer con autonomía e independencia. Y, claro, respetar las decisiones del hijo. Pensar que son individuos y que no harán todo lo que nosotros queremos que hagan, porque también nosotros como padres debemos de procurarnos una vida propia. Es decir, criar hijos independientes sin dejar de preocuparnos por ellos y ser padres independientes, sin descuidar a esos seres que nos llaman “papás”.