Edición abril 2008

Estaba leyendo el libro “BRIDA” de Paulo Cohelo, en donde la mamá de la protagonista se siente culpable por haber decidido conocer el mundo que existía más allá de los límites de su aldea. Lo que se le ocurrió fue buscar un curso que necesitara estudiar y no existiera en las cercanías. Ella explica que con el tiempo se dio cuenta de que no tenía por qué sentirse mal, sólo era su momento de crecer, de conocer una nueva forma de ver la vida, así estuviera quince kilómetros más alejada de donde vivía.
Son como diez páginas donde aparece la madre pero me hizo reflexionar y creo que la independencia va por ahí, creo que vinimos a la vida a pasar por miles de vivencias, y que así como en un principio somos chiquitos y necesitamos de mamá y de papá o de ese alguien que nos vaya mostrando el mundo, de igual forma llega un momento en el que necesitamos empezar a vivir esas experiencias por nuestra cuenta y creo que es ahí el punto en el que parte la historia de la independencia.
Pienso que todo se resume al instante en que estamos listos, que la vida no nos presenta nada con lo que no podamos y que en el fondo hay una cosita dentro de nosotros que nos dice cuándo es el momento, incluso si aún no queremos percatarnos de ello.
No puedo hablar más que de mi propia experiencia porque debo aceptar que en el camino, yo estoy en el proceso de entenderla. Para mí independencia es tener las herramientas económicas, personales y sociales necesarias para poder tomar tus propias decisiones, pero enfocado al punto en el que, si es una buena o mala decisión, el afectado directo sea uno mismo. El descubrir cómo se va adquiriendo es realmente muy emocionante, son de esas cosas que vibran en el pecho, es algo que puede dar miedito con la misma fuerza con la que da satisfacción.
Me acuerdo cuando recibí mi primer pago por haber ayudado a mi abuelo, estaba en primaria. Lo que sentí fue una gran emoción porque con algo que me había ganado yo solita iba a invitar a mis amigos un chorro de dulces en el recreo, y ese sentimiento no fue por el dinero en sí sino por el poder transformar mis recursos en aquello cualquiera que yo quisiera.
Muchas veces la independencia se aprecia como el poder vivir donde uno quiera, poder firmar contratos, vender, comprar, regalar cualquier interés o bien personal, poder trabajar cuanto uno quiera y donde uno quiera; administrar su dinero mejor le parezca, volver a la casa a cualquier hora, incluso, poder hacer con su cuerpo lo que uno quiera (aretes en la lengua, cejas, frente, parte de atrás del cuello, axilas o cualquier lugar del cuerpo que se nos pueda ocurrir, por mencionar algunas cosas).
Ahora que estoy en el camino de tratar de entender lo que la independencia significa, creo que probablemente sea todo lo que acabo de mencionar pero lo que la hace tan sonada e importante para el ser humano es eso: el poder transformar lo que poseemos gracias a nuestro esfuerzo... en esos dulces (o cualquier cosa que signifique).