Edición enero 2008

Por: Alicia Ortiz Magaña
Es verdad que la lactancia materna es el alimento por excelencia para el bebé, sobre todo y en exclusiva los primeros seis meses de vida. Habrá que notar que me refiero a lactancia únicamente hasta los seis meses, ya que la mayoría de los pediatras insisten si no en destetar al bebé a los tres o cuatro meses, sí en ablactarlos a los cuatro meses.
Pero ¿qué es la ablactación? Es la introducción de alimentos diferentes a la leche en la dieta del bebé, que a partir de los seis meses ya es necesaria. Antes, el pequeño está perfectamente nutrido con la leche de la madre, porque contiene todo lo que necesita para estar sano, además lo mantiene inmune por las células inmunoglobulinas que lo protegerá de enfermedades.
Por otro lado, el aparato digestivo del niño requiere de un tiempo extra para madurar después de nacido, así que estos seis meses le permiten fortalecer y madurar lo necesario para recibir y procesar los alimentos que consumirá el resto de su vida.
Para saber si el bebé ya está listo para los sólidos hay que usar nuestro instinto y observar sus reacciones cuando ve a los adultos comer; si se saborea, saliva o se muestra interesado en lo que nos llevamos a la boca, es síntoma de que ya se interesa por expandir sus horizontes gastronómicos; entonces podemos empezar a ofrecerle probadas de algunas frutas o verduras que sean adecuadas y en muy poca cantidad.
El hecho de que el niño logre sentarse por sí mismo (actividad que realizará alrededor de los seis meses), le va a permitir participar adecuadamente con la experiencia del comer.
Cuando comencé la ablactación con mi hija, me emocionaba la idea de “jugar a las comiditas con mi muñeca”; así que me adelanté una semana antes de que cumpliera los seis meses. Probó lo que le di y al tercer día empezó a escupir cada vez que metía la cuchara a su boca, no permitió que le diera una sola cucharada de sólidos más, por lo que me tomé otro mes de vacaciones y comencé a los siete meses. Ya para entonces aceptó la comida con gusto y diversión, porque estaba más activa y madura; sentada en su silla se encontraba lista para probar y jugar con la comida; explorar sabores y texturas.
Hay que comenzar con alguna fruta (manzana, pera, plátano, papaya, mango) primero tres o cuatro cucharaditas, e ir aumentando poco a poco, cada día, poniendo atención a la reacción del bebé. Cuando ya ha aceptado bien algunas frutas, es recomendable introducir vegetales, como zanahoria, chayote, betabel, chícharos, y luego cereales de arroz y avena. Se aconseja dejar pasar un par de días entre cada alimento nuevo, para identificar cómo recibe lo que acabamos de presentarle. Más adelante, ya que aceptó verduras y arroz, se introduce la carne, empezando por la blanca (pollo o pavo) y también es buen momento para dar a probar las papas y las leguminosas como lentejas, frijoles, garbanzos. Después se pueden introducir las carnes rojas y los cítricos. Es importante esperar hasta el año para que pruebe, leche y lácteos, después de los 18 meses podremos añadir al abanico de opciones huevo, pescado y fresas.
Recuerda que antes del año, primero hay que amamantarlo y luego comenzar la aventura de las pruebas de comida, así puede explorar sin hambre, y disfrutar la experiencia de conocer nuevos productos ¡con sabores, olores y texturas diferentes! Ya después de que haya cumplido un año es recomendable dar los alimentos primero y luego amamantarlo, ya que sabe comer y se empieza a enfocar la importancia de la nutrición en los sólidos. ¡Para entonces dominará el arte de comer y disfrutar de los alimentos! Y tomará la leche al final.
Explorar con alimentos nutritivos y sanos es un gran acontecimiento, para comer dulces y golosinas tendrá el resto de la vida, si permaneces estable con la premisa de no darle un dulce hasta pasado el año, puedes formarle una salud más estable, ya que mientras no los pruebe no los pide, porque no los conoce, y con los manjares que le has dado, seguro que tiene para entretenerse en explorar ¡un sinfín de colorido, texturas, sabores y olores! Deja que lo disfrute ya tendrá tiempo de probar las golosinas, pero el primer año es importante dejar al niño que introduzca la gama nutridora en su alimentación que son frutas, verduras, legumbres, carbohidratos, cereales, proteínas, etc.
Disfruta el proceso y ten paciencia. Intenta de uno en uno, por si le cae pesado, sepas cuál es el que no le sentó y así lo pospones y lo intentas posteriormente. Mientras más relajada y divertida sea la experiencia, disfrutará del comer y difícilmente utilizará los alimentos como arma en contra suya.
Recuerda que el comer debe ser un placer, y los bebés aprenden jugando, los buenos modales ya tendrá tiempo de cultivarlos, usar servilletas y cubiertos es para los grandes, ahora que tiene unos cuantos meses de vida o alrededor de un año es momento de conocer las texturas, las consistencias y de embarrarse, así que escoge un lugar fácil de limpiar, déjalo sin ropa o usa un babero grande de esos que tienen mangas largas, que si se ensucia no te importe. No le metas un trapo a la boca entre probada y probada, ¡el batirse es parte de la experiencia! Ya tendrá tiempo para aprender a limpiarse y comer ¡como Carreño exige!
¡Disfruta de esta bella aventura de la alimentación con tu pequeño o pequeña! ¡Dura muy poco!