Edición febrero 2008

La masturbación implica cualquier actividad autoerótica que incluya la estimulación de nuestro propio cuerpo. Usualmente ocurre en privado, aunque entre los adolescentes es común su práctica en grupo, y para fines didácticos en pareja, la masturbación mutua forma parte de las caricias o juegos sexuales.
Un bebé estimula sus genitales para sentirse independiente de su madre, un adolescente para conocer su cuerpo y un adulto para completar su vida sexual. Además, la mayoría de los profesionales de la salud afirman que la masturbación puede ser benéfica para personas que sufren de insomnio o de baja autoestima; pero cuando se convierte en una obsesión es posible que oculte algún problema psicológico.
El 90% de los hombres y el 60% de las mujeres se han masturbado alguna vez en su vida hasta alcanzar el orgasmo, y esta estimulación puede suscitar tanto una respuesta de deseo, excitación y orgasmo como una simple respuesta sensitiva.
Quizá por tratarse de un hábito casi exclusivamente humano, la masturbación ha sido repudiada durante muchos siglos fomentando sentimientos de culpabilidad en las personas que la practican. Sin embargo, los estudios más recientes aseguran que gracias a ella, además de obtener placer sexual, se puede conseguir otra serie de beneficios como combatir la ansiedad o incluso aliviar ciertos dolores como los que sufre la mujer durante la menstruación, ya que fisiológicamente el orgasmo reduce la tensión neuromuscular.
La palabra Masturbación proviene de los vocablos latinos manus (mano) y stuprare (ensuciarse o violar), o sea, ensuciarse la mano. En sexología, se denomina así a toda estimulación que se hace de los órganos sexuales o de las zonas erógenas, ya sea con las manos o con algún objeto con el fin de alcanzar placer. Varios estudios ecográficos han demostrado que el contacto de las manos con los genitales aparece por primera vez cuando el feto aún está en el útero materno durante los primeros meses de embarazo, actividad que continúa después del nacimiento. No obstante, para un niño la estimulación genital es una forma de descubrimiento como cualquier otra, con la que refuerza su sensación de autonomía con respecto a la figura materna. Muchos padres de familia pueden atestiguar que sus hijos, mediante frotamiento directo o por roces con columpios o barandales de escaleras, alcanzan estados de excitación e incluso orgasmo aún cuando los varones no estén todavía en condiciones de eyacular.
Es durante la adolescencia cuando la masturbación juega un papel determinante, ya que a través de ella el joven aprende cómo es el mecanismo de su respuesta sexual.
En general, los hombres comienzan a masturbarse entre los 12 y los 13 años de edad, y las mujeres entre los 14 y los 16.
Las estadísticas demuestran que las mujeres se autosatisfacen con mucha menor frecuencia que los hombres, o por lo menos lo aceptan públicamente en menor grado. Esto obedece a varias razones: algunos sectores de la población, exhibiendo una doble moral sexual, condenan a las mujeres que obtienen placer sin la presencia de una pareja, mientras que ponderan y elogian que los varones se masturben. Es como si se negara el derecho al placer que toda persona tiene, pero enfatizando esta represión en el cuerpo femenino. Además, no hay que olvidar que existe una “facilidad técnica” en los hombres para masturbarse y es el hecho de que sus órganos sexuales externos están más accesibles y son fácilmente tocados.
Por otro lado, los expertos consideran que continuar con los juegos genitales en la etapa adulta es una buena fórmula para potenciar la autoestima, pues con ello se experimenta una imagen positiva de uno mismo, lo que a su vez permite establecer relaciones con otras personas.
Cuando en la vida de pareja se dispone de gran comunicación afectiva, la masturbación puede ser un elemento muy enriquecedor de la vida erótica y es ahí donde estriba su importancia: el autotocamiento no es sustitutivo de la relación coital, sino un complemento adicional que proporciona gran placer a la pareja.
La masturbación compulsiva, erróneamente calificada como “sexoadicción”, no es frecuente y no tiene un perfil psicológico específico; aunque hay que decir que las personas con este rasgo de conducta no solamente viven la masturbación con ansiedad sino con culpa y frustración, puesto que están conscientes de que abandonan otras actividades importantes de su vida personal.
Los efectos positivos y negativos de la masturbación son subjetivos y personales, ya que lo que es mucho para uno, puede ser poco para otro y viceversa. Con una autoaceptación plena, cada individuo podrá modular la frecuencia y la intensidad de su práctica autoerótica, con la que obtendrá una gratificación que no será abundante ni escasa, sino la necesaria.
Para los hombres la forma más frecuente de masturbación incluye la manipulación del pene con la mano, deslizando la piel del cuerpo del pene para cubrir y estimular el glande, la corona y el frenillo.
Las mujeres también utilizan la manipulación genital presionando, golpeado o estimulando rítmicamente el clítoris, los labios menores, los labios mayores y la entrada de la vagina, aunque parece que en menor grado que los varones.
La masturbación puede realizarse friccionando el pene o la vulva mediante la utilización de cualquier objeto como una almohada, una colcha, un muñeco de peluche, andar en bicicleta, trepar a un poste, etcétera.
La autoestimulación es un medio válido para conocer tus zonas erógenas y tu sexualidad, para lo cual te recomendamos que te tomes un tiempo e intentes el siguiente procedimiento:
1) Antes de comenzar desnúdate y tiéndete en la cama, relájate, no permitas que nada te distraiga, date chance y da vuelo a tu imaginación. Puedes realizar la autoestimulación con o sin aceites para masaje y experimentando distintos tipos de texturas.
2) Comienza tocándote los brazos, los muslos, el abdomen y el pecho con movimientos suaves.
3) Concéntrate en los pechos y en los pezones.
4) Comienza a acariciarte los genitales: Los labios mayores y menores, la zona que rodea al clítoris, la entrada de la vagina, el interior de la vagina. El pene, los testículos, la región perineal y, si te aventuras, el ano. Con la punta lubricada de un dedo realiza movimientos circulares alrededor de la parte externa del ano, posteriormente relájate, introduce un poco el dedo en él y continúa describiendo círculos. Varía la presión y la velocidad de las caricias, deja que tu cuerpo se mueva y responda libremente a medida que se excita
5) Continúa acariciándote los genitales con una mano y los pechos con la otra.
6) Presiona los genitales contra tu mano y a medida que aumente la excitación permítete gemir y jadear. Prolonga el placer todo lo que puedas y entrégate a la experiencia orgásmica.
Una vez que te conozcas, será más fácil disfrutar el placer sexual y guiar a tu pareja para lograr una relación sexual más satisfactoria.
Se recomienda:
* En mujeres con dificultad para alcanzar el orgasmo.
* En las disfunciones relacionadas con el deseo y la excitación.
* En los hombres con eyaculación precoz.
Se aconseja evitar:
* En los hombres tras operarse de fimosis.
* Después de cualquier cirugía genital.
* Aunque se puede practicar después del parto, las contracciones vaginales y uterinas que se producen durante el orgasmo pueden provocar dolor.
Para terminar, quiero agradecer sus correos. Sigan escribiendo. Hasta el próximo mes.