Edición febrero 2008
Por: Gisela Díaz de León
Vienes como un milagro inesperado. ¡Quién iba a creer que vendrías hace dos años!
No vienes del cielo y las estrellas, vienes del amor, la luna y las circunstancias.
No te traen de París, aunque dicen que París es la ciudad del amor y la luz. De allá vienes, de alguna manera.
Recuerdo a mi maestra de sexto, que nos explicó que los humanos se fecundaban de manera parecida a las fanerógamas: el polen entraba al gineceo y ahí crecía el nuevo fruto. Una tía lo explicó de manera más romántica: el papá depositaba una semillita de amor en el vientre de la mamá.
No te trae la cigüeña, que es un pájaro con un pico enorme y trae en la punta de su pico un bebé. Otra vez el romanticismo para explicar que los niños se hacen con una gota de semen que el hombre deposita en la mujer.
Nada de eso, Sofía. Yo creo que vienes de un encuentro amoroso de tu apasionada mamá con tu papá. Creo que en un momento de éxtasis, la miel derramada es aprovechada por un hábil y grandísimo óvulo peludo que atrapa al más guapo espermatozoide y de esa manera empezaste a crecer en el vientre de tu mamá.
No te compran en el Hospital. Te pueden recibir con calor, silencio y cuidados, pero la fiesta es entre tú y tu mamá, la fiesta de convertirse en dos, cuando eran una.
No llegarán los Reyes Magos a darte regalos. Mujeres que quieren a tu mami han llegado antes y traído regalos más prácticos.
Mi regalo: te deseo paciencia, mucha paciencia para conocer a tu mamá y para que te conozca. Quizá pasen algunos días antes de que ella sepa interpretar cada uno de tus movimientos y expresiones, que quieres decir: hola, tengo sueño, hambre, calor, impaciencia de crecer.
No te inquietes, mamá buscará la causa y si no la encuentra, de todos modos te acompaña, te cuida y todo pasará.
Salud y buena vida para ti y los que conforman el hogar a donde llegas.
13 de marzo del 2007
Editorial
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