Revista mensual Edición de 2° aniversario junio 2008

Por: Eloisa García Lomelí
No es la primera vez que hago mención a mis amigos en este espacio y lo importante que son para mí, que procuro estar con ellos el mayor tiempo posible, compartir sus logros, triunfos; festejar con cualquier pretexto… y que también trato de estar cuando me necesitan, cuando las cosas no van bien, cuando tienen problemas o dificultades.
Considero que soy una persona muy empática, sé escuchar a las personas, intento ponerme en su lugar, las escucho, intento dar consejos cuando me los piden, o bien, opino sobre el tema que me están exponiendo.
Cuando me dijeron que el tema del mes era la empatía, mi cabeza empezó a girar, ¿qué puedo escribir sobre la empatía? ¿Cómo se manifiesta? ¿Cómo puedo desarrollarla?
Y me di cuenta de que hacia afuera puedo manifestarla sin mayor problema, me sale de manera natural; es más, ni siquiera pienso “tengo que ser empática”; cuido las palabras, cuido lo que digo, no juzgo, creo que sólo fluyo. Y las cosas no salen tan mal, por lo menos eso creo.
Pero ¿qué pasa conmigo misma? Cuando tengo un problema, cuando he cometido un error, la empatía sale por la ventana y no regresa.
Somos el juez más cruel que existe cuando se trata de nosotros mismos, buscamos todas las pruebas para declararnos culpables, no merecedores de perdón. Además, ninguna ley en el mundo permite juzgar dos veces por el mismo delito y nosotros diario, hora tras hora, nos enfrentamos a un juicio desgarrador que consume toda nuestra energía.
Todos los días al pararnos ante el espejo buscamos con lupa los defectos, el nuevo barrito que brotó, cómo ha crecido la llantita alrededor de la cintura; si tenemos un signo inequívoco del paso de los años, los senos más caídos, las pompas y piernas más flácidas… y en lugar de decir, “si tengo una cana más es porque tengo más conocimientos, porque tengo más amigos, porque tengo más amor”… no, lo que cruza por nuestra mente son recriminaciones, una tras otra.
¿Por qué es tan fácil aceptar a las personas a nuestro alrededor y es tan difícil aceptarnos a nosotros mismos?
Últimamente he trabajado con esto, con los juicios que alguien más puso en mí: debes de ser “perfecta” en toda la extensión de la palabra, la niña estudiosa que no da problemas, la bien portada, siempre obediente… Bueno, cada quien conocerá mejor sus juicios, las etiquetas que lleva bien grabadas.
La empatía con uno mismo, considero, consiste en romper todas las etiquetas que ya no nos sirven, la de “la Mujer Perfecta”, es la primera, y reconocer y aceptar que hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos. Que seguimos teniendo comportamientos como adultos que nos funcionaron como niños.
Hacer un recuento de lo que sí tenemos y lo que hemos logrado y que el no poder seguir una dieta no quiere decir que seamos una persona inconstante o sin voluntad, sino que es un tema que tenemos atorado por algún motivo.
Pero hemos terminado carreras profesionales, hemos triunfado en el mundo laboral, muchas han dado a luz y formado maravillosos hijos aun cuando el mundo dijo no puedes.
Somos seres maravillosos, llenos de cualidades, así que cada vez que veas el defecto maximizado y estés dispuesta a formular el peor de los juicios, vete con los ojos que verías a tu mejor amiga ¿que le dirías a ella? Seguro las palabras serían algo así como: “No te preocupes amiga, tuviste un mal día en el que… tu jefe te gritó, comiste de más, tu mamá te llamó y te soltó todos sus problemas y reclamos, el chavo que te gusta te mandó al carajo… pero a ver cuéntame ¿qué pasó?”… Y desmenuzar paso a paso las razones de todo esto.
Seguro desde otra perspectiva los problemas, y sobretodo las causas, no son tan grandes; no eres responsable por la conducta de los demás, sólo somos responsables por nuestros propios actos.
Seamos amorosos al momento de emitir el juicio. Entre más amor tengamos para nosotros mismos, más fácil será el camino, más fácil llegarán las respuestas, más fácil estos pensamientos negativos se transformarán.
Ya tenemos comprobado que hacia afuera funciona, ahora sólo lo debemos practicar hacia adentro, con nosotros mismos. Es un camino largo, por lo que les deseo el mejor de los éxitos y los acompaño desde el corazón.