Revista mensual Edición de 2° aniversario junio 2008

siriusfem, mi sociedad

 

MUJERES… HOMENAJE PÓSTUMO: IRENA SENDLER

Por: Alicia Ortiz Magaña

 

                        “Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no...”
Joaquín Sabina

 

Hay mujeres consuelo…

Y a una mujer consuelo quiero hacer homenaje hoy… Una mujer que fue consuelo para miles de niños, para miles de familias, mismas que quizás no cuenten su historia hoy, pero sus hijos, esos niños hoy pueden agradecer su vida al esfuerzo y a la entrega de esta mujer, que en época de guerra, de holocausto, de persecución logró salvar más de 2500 vidas humanas de Varsovia.

Irena Sendler el 12 de mayo de 2008 ha trascendido la vida física, misma que dedicó a ayudar de corazón a los que lo necesitaban, sin mirar su religión o su nacionalidad; como le enseñaron de niña.

Alemania invadió Polonia en 1939. Para estas fechas Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia y trabajaba en los comedores comunitarios ayudando tanto a católicos como a judíos, dando de comer a huérfanos, ancianos y pobres, cosa que logró falsificando las listas para poder seguir atendiendo a los judíos.

Para 1942 los nazis habían creado un Guettho en Varsovia, lo que generó angustia y sufrimiento en la población. Ante la situación que se vivía en el lugar, Irena no pudo más que involucrarse al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Consiguió unas identificaciones de la oficina sanitaria que la acreditaban para la lucha contra las enfermedades contagiosas, con lo que se le permitió el pase abierto a la zona, con el pretexto de evitar una epidemia de “Tifus”, a la que los alemanes temían. Así comenzó a llevar a cabo su misión.

Se puso en contacto con familias y les ofreció llevar a sus hijos fuera del Guettho: “Les prometíamos sacar a sus niños de allí e intentar que siguieran vivos hasta después de la guerra, pero no podíamos darles garantías”.  Decía Irena, para después relatar las escenas desgarradoras “cuando los padres arrebataban de los brazos de las madres a sus hijos para dárnoslos, deseando salvarlos, con lágrimas en los ojos, sabiendo que probablemente no los volverían a ver.” Al día siguiente que regresaban, los cuartos donde habían presenciado las dolorosas escenas estaban vacíos… Habían sido deportados por la Gestapo.

Indudablemente esta fue una decisión muy difícil, ya que sin saber qué era lo que les deparaba, entregar a su hijo o hijos a una desconocida era tan doloroso como saber que podían morir junto con su madre en sus brazos. Pero no había otra opción, era un riesgo que tendrían que vivir, y sin saber nunca más las consecuencias, ya que la mayoría de las familias que ahí conoció, murieron.

Sin embargo, 2500 niños fueron salvados; misión verdaderamente difícil no sólo por la forma de sacarlos, que de por sí era todo un riesgo -lo hicieron primero en ambulancias inventando que eran víctimas de tifus, después, ingenió otras formas para no ser descubierta: túneles, sacos, maletas, cofres, cestos de basura, cajas de herramientas, bolsas de papas y hasta ataúdes- sino por la forma de “colocarlos”, ya que necesitaban por niño, la ayuda de, al menos, diez personas. Los trataban de “polonizar” para confundirlos con niños polacos no judíos. Los acomodaban con nuevas identidades en casas, orfanatos y conventos, sobretodo éstos últimos, las monjas fueron unas buenas aliadas en su cruzada.

Ingenió un registro para que los pequeños se pudieran reencontrar con sus padres al terminar la guerra, situación difícil y dolorosa, ya que para 1945 casi todos los padres estaban muertos. Apuntó en papel de cigarrillos las identidades de los niños (las verdaderas y las nuevas) y los guardó en botellas que enterró debajo de un manzano en el patio de un vecino.

En 1943 fue descubierta y el 20 de octubre fue detenida por once soldados, quienes destruyeron todo cuanto había en su hogar en busca de los nombres de los judíos. Al no encontrar nada, la llevaron con la SS, la encarcelaron y torturaron, pero no hubo dolor que le hiciera traicionar a las personas que la ayudaron a acomodar a los niños, a los que les dieron hogar, o a los mismos niños. 

Después de tres meses de estar en prisión fue sentenciada a muerte. Mientras que esperaba su ejecución un soldado la escoltó a un “interrogatorio adicional” y en el camino, éste le gritó en polaco “¡Corra!” Ella lo hizo y después supo que aparecía en la lista de los polacos ejecutados. Se logró su liberación a través de los miembros de Zegota que sobornaron a los alemanes.

Irena continuó viva y trabajó con una identidad falsa. Después de la guerra desenterró los frascos y buscó a los 2500 niños, los contactó con sus familias que se encontraban a lo largo de toda Europa, aunque a sus padres… la mayoría no los volvió a ver.

Irena dijo al comenzar su misión: “ellos (los niños) deben ser la semilla de un nuevo pueblo judío, los nazis no van a poder exterminarlos a todos”.

Hasta 1965 fue una desconocida y solamente en éste año se le reconoció su gran causa y fue honrada con el titulo de “Justa entre los pueblos” y hace cinco años recibió la más alta condecoración polaca, “El águila blanca”.

Fue nominada para el premio Nobel de la Paz en 2007, y no lo ganó… Desgraciadamente ya es tarde para recibirlo. Murió el mes pasado, el 12 de mayo de este 2008.

Con respeto y admiración en Siriusfem hacemos homenaje a su vida y sus logros como una mujer que dejó, aparte de vida para muchos hombres y mujeres, un gran ejemplo de confianza y valor.


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