Revista mensual Edición de 2° aniversario junio 2008

siriusfem, mi sociedad



EMPATÍA ENTRE GÉNEROS

Por: Cristina Mendoza Alcázar

 

La primera vez que hablé acerca de colaborar en un programa de radio de un amigo, -con él y el co-conductor-, me preguntaron qué quería hacer... de qué hablaría en ese programa que semana a semana lleva el cine al cuadrante y a la red. Yo pensé en seguida en diversos temas como: los roles femeninos, la participación de la mujer en la industria cinematográfica, películas que han dejado huella en mí por alguna razón, etcétera... y justo cuando iba a pronunciar las oraciones antes meditadas, uno de ellos me dijo: “Mira, la neta no nos interesa que te pares a hablar sobre qué guapos eran los protagonistas o que si la historia de amor reflejada en la pantalla es lo que quieres en la vida”. La verdad... es que no supe cómo reaccionar. Me tomaron por sorpresa. Está bien que una sea cursi, que disfrute enormemente de una película romántica... pero dar por hecho que es en todo lo que pensamos, hablamos o vemos las mujeres en un filme… me pareció un exceso.

Con el paso del tiempo aprendimos a respetarnos los unos a los otros; ellos aceptaron que algunas veces mis cápsulas son cursilonas, sensibilonas y que en ocasiones no nos gustan las mismas cintas; pero eso no tiene que ver con que sea mujer (al menos no solamente), sino con que tenemos preferencias distintas. Punto.  

Supongo que no es raro que ellos, hombres, pensaran así. Tampoco sería raro que nosotras pensáramos que ellos, hombres, prefieren un filme con muchos balazos, sangre que salpica hasta la última butaca y que... básicamente son seres insensibles que disfrutan del descuartizamiento humano (o alienígena, lo que suceda primero).

¿Injustos? Sí. ¿Cuadrados? Sí. Ambos. ¿Cuál es la diferencia? Ninguna. No sé en realidad si muchas mujeres nos quejamos de la falta de empatía por parte de los caballeros sin ponernos a pensar qué tan empáticas somos nosotras.

Empatía... chistosita palabra. En alguna clase de psicología nos enseñaron que significa “ponerte en los zapatos de los otros”. Mmmm...

Precisamente ahora que estamos celebrando un año más de vida cibernética (¡dos años!), no sería una mala idea detenernos a pensar hacia dónde vamos. Como nuestros adorados lectores sabrán, Siriusfem surgió por la inquietud de una mujer por compartir y contagiar sus descubrimientos, sus ganas, su necesidad de equidad en un mundo “de hombres”, de empatía de un lado hacia otro; sus ganas de que las otras mujeres también descubrieran su lugar en este mundo, su grandeza… y fueran empáticas con ellas mismas y entre ellas mismas.

¿Se habrá logrado algo? Yo creo que sí. Las vibraciones se van expandiendo y cada vez nos hemos vuelto más tolerantes, compresivos; otra vez, empáticos. Aquí, cerquita, entre amigos, con la familia; esa persona que está en España, las dos que están en Argentina, otra, quizás, en Chile, alguna extraviada en Japón y muchas en México. Poco a poco nos hemos vuelto más empáticas. Y empáticos. Al menos, si estás leyendo esta edición tal vez te estés cuestionando. Y eso, por supuesto, es muy valioso.

Y también hemos buscado una empatía entre los colaboradores y los lectores... Siempre buscando dejar algo. Compartir. Hacer pensar. Hacer sentir. Ser empáticos entre todos. Mujeres y hombres. ¿Y eso qué significa? Una vez más volvemos al principio, nuestras diferencias.

Para mí la empatía entre géneros tiene que ver con, precisamente, ver las diferencias que nos “separan”, o más bien, que nos hacen únicos, particulares; hombres y mujeres. Con la grandiosidad de cada una de esas palabras. ¿Se fijan que cada sílaba, cada fonema de esos dos términos son perfectos? Cada uno, con sus siete letras que forman un significado perfecto también, por sí mismo. Ser empático entre géneros significa ver la grandiosidad del otro por el hecho de entenderlo, de tratar de ver a través de sus ojos, sentir a través de sus sentidos y pensar a través de sus neuronas. Pero lo más bonito es que todo esto sucede sin juicios ni prejuicios. Lo más bonito pero lo más difícil.

Hemos aprendido que existen roles bien definidos para uno y otro género, pero esos roles no tienen que ver con las particularidades de ser hombre o ser mujer, sino que provienen de algún lugar… ¿cuál? Habría que irnos miles de años atrás, a la Historia, y descubrir de dónde partió todo esto de los prejuicios, de las imposiciones, de “lo que debe de ser”.

¿Te suenan las siguientes frases?

“Los chicos no lloran, son fuertes y no demuestran sus emociones.”
“Atiende a tu hermano, para eso eres mujer.”
“Si cocina bien segurito es gay, los machos no hacen esas cosas.”
“Nel, es vieja, ella qué va a saber de esto.”
“Tú eres el proveedor, no atiendas a los hijos, dedícate a trabajar.”
“No te corresponde a ti, tú naciste para parir y servir a tu familia.”

Estas frases, esas actitudes sutiles o no tan sutiles, van marcándonos como sociedad. Y obviamente llegó un momento en que se buscó un cambio. Mujeres fuertes, definidas y, por supuesto, enojadas, dijeron “¡Basta!” Entonces, hubo una revolución social, intelectual, familiar y económica. Por supuesto, también una revolución emocional.

Poco a poco las aguas de esa revolución se van asentando y la gente va abriendo los ojos para ver al otro. Como realmente es.

¿Qué sientes? ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué buscas? ¿Quién eres? ¿A qué veniste?

Independientemente si somos hombres o somos mujeres, creo firmemente que poco a poco estamos comenzando a ser empáticos. Vamos dejando atrás esas frases de “Todos son iguales”, “Las hay iguales, y peores”…

¡Claro que somos distintos! Pero el ponernos en el lugar del otro, el aprender a escucharnos, a comunicarnos realmente, nos va abriendo otros panoramas. Nos van brindando nuevas posibilidades de relaciones, con los otros y con nosotros mismos.

Así, antes de gritarle a tu pareja, de “montarte en pantera” porque hace o dice tales cosas, detente. Piensa en él y en ti como lo harías como con tu mejor amigo. Ve de dónde parte, a dónde va. Entiéndelo y explícate.

La empatía, definitivamente nos lleva a tener una mejor comunicación. Y la empatía nos hace sentirnos más libres, ¡de verdad! Porque el entender al otro, mágicamente todo deja de ser “personal”…Nos dejamos de sentir agredidos y comprendemos mejor qué está sucediendo.

La empatía entre géneros significa aceptar esas diferencias, respetarlas y abrazarlas. ¿Quién sabe? En una de esas nos damos cuenta que no todos son unos cabrones y no todas son unas brujas. En una de esas nos damos cuenta que esas diferencias que nos separan, son realmente las que nos unen.

 

 

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