Edición marzo 2008

Por: Alicia Ortiz Magaña
Muchas mujeres cuando tienen bebé pequeño, ya sea recién nacido o todavía de meses, no pueden dormir por las noches porque el bebé se despierta con frecuencia.
Yo me pasé muchas noches despierta alimentando a mi hija, y cuando la acostaba en su cuna, en su cuarto, se arqueaba y no permitía que la dejara sola.
Y es que los bebés a los cuatro o cinco meses desarrollan una conducta instintiva, ya que necesitan corroborar que mamá sigue ahí, que no se van a quedar solos para siempre. Entonces se despierta varias veces por la noche para comprobar que su madre no lo dejará.
Existe como método de crianza el llamado “cama familiar”, y esto lo menciono así porque en el entorno en donde yo he crecido la idea de que los hijos duerman con los padres es un poco aterrador. Creo más bien que está el tema envuelto en un mito de que es malo, que no DEBE ser así, que es peligroso, que no es sano y, de hecho, muchos así lo ven.
Lo que yo sé, es que es una forma más de ser padres y que a veces por las noches el dormir es una prioridad para todos los de casa. Especialmente para mamá que tendrá otras cosas que hacer en el día aparte de asistir a su bebé.
Existen libros y organizaciones que hablan de “la cama familiar” como una forma muy sana de acompañar al bebé los primeros meses de su vida. Sin embargo, lo mejor es lo que a los papás les permita vivir más sanamente en convivencia con su hijo o hija.
Es bueno considerar que el dormir con tu vástago permite que duermas prácticamente toda la noche; cuando lo amamantas, él come y tú duermes, descansas mientras te siente cerca. Recuerda que ¡esto no durará hasta que tu hijo cumpla dieciocho años! Es por unos cuantos meses…
Si no es muy cómodo dormir con el pequeño en tu misma cama por alguna razón, puedes dejarlo en su cuna al lado de tu lecho para que perciba tu presencia, te huela o te escuche si llora para buscarte. Si tiene que comer, te lo pasas a tu cama, lo alimentas y lo regresas a su cuna cuando acabe, así sigues durmiendo mientras lo alimentas.
Insisto en que esta temporada no es eterna y el nutrir la presencia de mamá en los primeros meses se traduce en seguridad en los años posteriores. Si el bebé se siente confiado de que su madre estará ahí cuando la necesita durante ésta época, va a contar con esa seguridad el resto de su vida.
Muchos padres creen que si le dan todo en los primeros meses se volverá insaciable y que se hará demandante para siempre, pero es exactamente al revés. El bebé necesita de todo el amor y cariños, y nunca será demasiado durante los primeros 18 meses. En este tiempo el pequeño reconoce sus necesidades y las establece y si han sido satisfechas lo demostrará. Con eso no quiero decir que después no requiera de amor y cariños, ¡no! Es que la atención ya se combina con límites y disciplina, que irá aprendiendo a integrar en su vida.
Pero volviendo a las noches y el compartir la cama con tu hijo, si necesitas buscar más información investiga a cerca de “La cama familiar.” La Liga de la Leche cuenta con algunos libros e información respecto al tema. Ve qué opciones les acomodan más a ti y a tu pareja. No olvides que lo mejor es lo que te ayuda a estar bien contigo. Si tus familiares te dicen que NUNCA duermas a tu hijo en tu lecho y por eso traes esas ojeras, siente qué es lo que en realidad deseas para tu relación de madre con tu pequeño. Y si a ti te acomoda que pase la noche a tu lado, pues disfrútalo. También infórmate para que tengas de otras fuentes más de dónde escoger. ¡Y recuerda que no tienes que darle explicaciones a nadie!
Ya llegará el momento en que disfrute su cuna y su cuarto y tendrá años para dormir solo o sola. Mientras llega ese día tú podrás descansar cuando el bebé despierta por las noches.
Pocos son los niños que antes de los tres años duermen toda la noche de un tirón, eso es lo normal, es cuestión de paciencia. Mientras tanto, ve cuáles son las opciones que facilitarán la vida nocturna para la familia, especialmente para la mamá y el recién llegado. A veces papá se lleva al bebé a otro cuarto para que ella descanse, o los tres duermen en paz en la misma cama. Elije la forma que más se adecue a tu relación y aprende a fluir con ella. No olvides que tu hijo te necesita y poco a poco aprenderá a valerse por sí mismo. ¡Disfrútalo!