Revista mensual Edición mayo 2008

Por: Rosa Barocio
¿Sabías por qué una vez que te sientas a ver la TV te cuesta tanto trabajo pararte?
¿De qué medios se valen los programas para tenernos enchufados?
Estaba leyendo en el libro Endangered Minds de la Doctora Jane Healey, de Estados Unidos, que la televisión se vale de los movimientos rápidos y del efecto zoom, aunado a colores llamativos y ruidos, para atraer nuestra atención. El efecto zoom parece acercarnos las imágenes y nos hace sentir como si invadieran nuestro espacio personal, y entonces nuestros cerebros emiten respuestas de defensa ante el supuesto peligro. O sea que el cerebro trata de alertarnos para que tomemos las acciones necesarias para protegernos.
Si un niño pequeño, por ejemplo, está viendo el “Rey León” de Walt Disney, cuando el zoom le acerca al “malo”, le provocan miedo. Y si observan siempre son a los “malos” a los que nos aproximan en la pantalla. Si el niño es muy pequeño puede que salga corriendo, pero pronto aprende que como en realidad no hay peligro, se puede quedar sentado. Sin embargo, su cerebro sigue siendo estimulado, aunque su cuerpo no tenga desahogo físico, es decir, aunque siga ahí sentado. Se ha observado que inmediatamente después de que un niño ve varias horas de Televisión pasa por un periodo de transición, en donde se encuentra nervioso e irritable, antes de regresar a la normalidad. El pasar horas sin que su cuerpo tenga un deshago natural a tanta estimulación, lo afecta volviéndolo inquieto y nervioso.
Sabemos, por otro lado, que el niño pequeño tiene una necesidad de moverse para desarrollar su coordinación motora, tanto gruesa como fina, y que este desarrollo del movimiento afecta tanto su desarrollo mental como el del lenguaje. Vale preguntarnos ¿qué ocurre con estos niños que, en vez de estarse moviendo, explorando su espacio y experimentando a través de sus sentidos todo lo que los rodea, están pegados inmóviles, pasivos, frente a una máquina?
Han hecho estudios con ratas jóvenes, privándolas de movimiento pero permitiéndoles que observen a otras ratas que sí se mueven. Han encontrado que estas ratas que sólo son estimuladas visualmente, sus cerebros alcanzan un menor desarrollo que las que sí pueden moverse libremente. Nos podemos preguntar ¿cómo estará afectándose el crecimiento del cerebro de todos estos niños que están horas sentados viendo la tele, en vez de estarse moviendo?
Ahora, empezaremos a entender por qué dicen que los niños que ven muchas horas de TV tienen mayor riesgo de tener problemas de hiperactividad, de aprendizaje y de lenguaje.
Conviertan la televisión en la última, en vez de la primera opción, para entretener o divertir a sus hijos. Prefieran que corran, jueguen y hagan tiradero, que se ensucien, en vez de enchufarlos al aparato.
Si quieren hijos, sanos e inteligentes, utilicen la televisión responsablemente y con moderación. Estén presenten y tengan el valor de decir, “Basta de tele hijo, vete a jugar con tus amigos”. No la utilicen como niñera porque el precio que pagan es muy alto: la inteligencia de sus hijos.