Revista mensual Edición mayo 2008

¿Han visto alguna vez una prueba de embarazo? Deténganse en la farmacia del supermercado, tomen una y lean las instrucciones. Existen pocas imágenes tan significativas como lo es este pedazo de plástico que en rosa te avisa si estás esperando un bebé.
Para muchas mujeres y hombres, el que se pinten dos bolitas o rayitas acarrea una gran felicidad, planes, unión o es el final feliz de una larga lucha por concebir. Para unos tantos hombres quiere decir: ataduras, terror... “huya por la salida más cercana.” Para algunas mujeres, es sorpresiva, inesperada, aterradora... desafiante.
Un embarazo trae consigo muchas preguntas, muchas dudas, además de las hormonas disparadas a no sé qué niveles que, a su vez, acarrean estados de ánimo diversos, sin contar, en algunos casos, otros síntomas poco agradables.
La llegada de un bebé cambia la vida, y quien me diga que no es así... pues de verdad no le creeré ni por un segundo. La mera sospecha de estar embarazada trae un raudal de emociones a velocidad de la luz. Hay damitas que al segundo después de la relación sexual quieren correr al laboratorio a realizarse un análisis de sangre. Hay otras que, ante un retraso, se niegan a comprar siquiera una prueba casera. ¡¿Qué haré si estoy embarazada?!
Aquí es cuando cambia todo... cuando la prueba dice “Sí, está usted MUY embarazada, ¿quiere más puntitos rosas?” La espera comienza, los planes, las dudas, las histerias...
Más que hablar de esa imagen maravillosa de la pareja feliz que va formando una familia, hoy en particular quiero hablar de esas otras familias, las que se forman de a dos: la madre y el nuevo ser que viene a la Tierra.
Lo siento por los dos hombres que salen del siguiente patrón, pero argumenten lo que argumenten, la madre –en un 90 por ciento de los casos- es la que lleva la mayor responsabilidad sobre el cuidado de los hijos cuando una pareja se separa. Y qué decir cuando no hubo un padre presente...
Sí, las mamás que están solas, esas que afrontan sus meses de gestación sin una pareja, esas que ahorran como y lo que pueden para ir formando un nuevo hogar, esperado o inesperado. Esas mujeres que tal vez estén casadas, pero que el marido está ausente... O todas aquellas que se enfrentaron a un divorcio y sus hijos viven con ellas. Mujeres solas criando hombrecitos y mujercitas en pleno siglo XXI. Madres solteras, sin importar si tienen algún papel firmado.
Pienso en varios ejemplos... y, claro, la madre de esa pequeña, Valentina, que está en las imágenes, fue la primera que inspiró este texto, Lara. Pero también está mi cuñada, Yunuén, que se chutó algunos años criando a su primer hijo sin el padre al lado. Nuestra querida Margot, que muchas veces nos ha ilustrado –y hecho reír- con sus textos y que de alguna manera está educando sola a sus retoños. Ludmylla, que enfrentó un largo divorcio para, al final, salir con la frente muy en alto ante el mundo con su chiquilla bajo el brazo.
No son las únicas, pero sí las más cercanas... las que me han hecho reflexionar y sentir todo esto que significa una nueva forma de familia.
Cuando una mujer se decide a tener un hijo sin una pareja, vienen muchos cuestionamientos de sopetón: ¿qué dirá la familia? ¿Le aviso al papá? ¿Podré sola? ¡Necesito más dinero! ¿Dónde vamos a vivir? ¿Quién lo va a cuidar? ¿Sabré cambiar un pañal? ¿Y quién le va a pagar la universidad?...
En otras ocasiones, la pareja se disuelve y la madre es la que se queda con la custodia de los hijos. Y no sólo hablo de la responsabilidad moral, ética, familiar... sino también la económica. Hay muchos padres que tratan de estar presentes, que pagan una pensión y conviven con sus hijos, pero también hay muchos otros que se hacen los occisos y hasta desaparecen del mapa.
A pesar de que muchas tienen pareja, lo hacen todo ellas, muchas veces los maridos se van temprano y regresaban cuando los pequeños están dormidos. Ellas están, ellos no. Una amiga me dijo respecto a sus hijas: yo educo, llevo, traigo, juego, baño, peino, visto, regaño, consuelo...
Esas son mujeres admirables. Esas son madres entregadas. Ejemplos de seres humanos que a pesar de cansarse, querer darse por vencidas o tirar la toalla, no se van. Están. Afrontan. Apoyan. Se ilusionan. Forman una familia plena, feliz.
El caso de Lara me hizo sentir muchas cosas. Cuando me llamó y me dijo “¿Qué crees?” no podía con mi asombro. “¿Lo vas a tener?”, le pegunté. Y ella, con su tono de siempre, me dijo: “Pues claro, guey”. Yo sentía una mezcla de felicidad y terror, de admiración y dudas. No sabía qué decir, cómo reaccionar. A pesar de la distancia, a pesar de no ser yo la que estaba pasando por eso, me pregunté qué haría en su lugar. Lara no se lo esperaba, pero ahora está muy contenta y se ve hermosísima con su chicharito en el vientre. “¡Es una niña!” Casi lloramos de la emoción. Un nuevo ser viene. Una muestra del milagro de la vida, de la maravilla de ser mujeres. De ser valientes. De que sí se puede. De que todo está cambiando.
He también escrito sobre esos hombres que se entregan a su rol de padres, pero hoy, antes de que llegue el 10 de mayo –y tomando esta fecha como pretexto- quiero honrar a esas mujeres, reconocer su valentía, su entrega, su arrojo para luchar contra lo que, aún en el año 2008, la sociedad dicta, su valor para enfrentar esa responsabilidad de formar seres con valores y autonomía, únicos, irrepetibles. Son mujeres a quienes admiro mucho, yo no sé si podría hacerlo. Se requiere de una convicción a prueba de temores, un espíritu firme, guerrero. Y vaya que serán muchos los miedos que han de afrontar. Además, seguro, del sentimiento de injusticia que han de experimentar algunas de ellas por momentos: “¿por qué no está él?” “¿Por qué se fue?” “No le importa.”
Esos papás, estarán o no presentes en la vida del nuevo ser. Eso no se sabe, y puede ser que en ratos estén y luego no. Pero, al final, ellas siempre tienen familias, amigas que las amamos y las apoyamos como podamos. Esas DAMAS, contrario a lo que he podido plasmar aquí, nunca están solas. También se tienen a sí mismas.
A las mujeres nombradas arriba, más Ali, que también está sacando adelante a su muchachota bajo sus pautas y sueños.