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	<title>Siriusfem, Explora tu Interior &#187; Rosa Barocio</title>
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	<description>Explora Tu Interior</description>
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		<title>Los pleitos entre hermanos</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 09:07:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las peleas entre hermanos son una de las mayores preocupaciones que tienen los padres de familia, y quizás uno de los consejos más difíciles de ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Las peleas entre hermanos son una de las mayores preocupaciones que tienen los padres de familia, y quizás uno de los consejos más difíciles de aceptar es el de no intervenir.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué pasa cuando se pelean los hermanos? Imaginemos la situación: estamos ocupados terminando algún quehacer de la casa cuando escuchamos unos gritos alarmantes y corremos rápidamente esperando lo peor, para encontrarnos con uno de los niños llorando y acusando al hermano o hermana. Y es interesante ver que cada uno de nosotros ya tiene, en esta novela familiar, asumido su papel: está el bueno, el malo y el feo, que en este caso el feo es el juez, que invariablemente es el padre o la madre. Como jueces damos en seguida nuestro fallo a favor del que parece más lastimado, del que grita más fuerte, o en su defecto, del más pequeño. Si observamos detenidamente podemos decir que con frecuencia es el mismo hijo el que ya tiene el papel del “malo”, mientras que el otro es el “bueno” o la víctima. Y el resultado del veredicto es que nos quedamos sintiendo incómodos, por las miradas que matan, por supuesto, del “malo”.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/mama-mujer/los-pleitos-entre-hermanos/attachment/l_c4_aprend_pleitos/" rel="attachment wp-att-5004"><img class="alignright size-full wp-image-5004" title="L_c4_aprend_pleitos" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2012/01/L_c4_aprend_pleitos.jpg" alt="L c4 aprend pleitos Los pleitos entre hermanos" width="283" height="424" /></a>Estamos asumiendo un papel que no nos corresponde, el de jueces, porque ¿acaso somos videntes para saber exactamente qué pasó?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuántas veces ese niñito indefenso con mirada de ángel es el provocador que cuando nadie lo mira, pica al hermano con algún comentario o lo molesta de manera imperceptible para los adultos; y luego, se regocija interiormente porque han regañado al hermano? ¿Qué ocurre cuando ayudamos a perpetuar estos roles de “buenos y malos”, de víctimas y agresores? Pues que desgraciadamente son roles que nuestros hijos aprenden a asumir para el resto de sus vidas&#8230; y no debe, por lo tanto, sorprendernos que cuando van a la escuela se repitan los mismos sucesos.</p>
<p style="text-align: justify;">El niño que juega a la víctima en casa, juega a la víctima en la escuela. Este hijo llega a casa llorando o quejándose de que los otros alumnos lo molestan, de que la maestra no lo quiere, o de que le pegan o lo maltratan. Simplemente está cumpliendo con el papel que le hemos enseñado a asumir. Y si yo como padre o madre voy a la escuela a quejarme con la maestra o a defenderlo contra todos esos niños, ayudo a perpetuar su conducta. El día de mañana se casa con alguien que a su vez se aprovecha de él o encuentra un trabajo con un jefe abusivo. Así cumple en la vida con lo que aprendió desde niño, a ser una víctima de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Desgraciadamente todos conocemos a personas que pasan sus vidas como víctimas, siempre quejándose, con el mundo entero siempre en su contra y la verdad es que no la pasan bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí tenemos que escuchar a nuestros hijos cuando se quejan, pero hay que dejarlos que resuelvan sus conflictos y evitar el primer impulso de ir a salvarlos, de intervenir y sobre todo, de hacerle de jueces. Así, los ayudamos a aprender a enfrentarse a la vida, a resolver sus conflictos, y no depender de nosotros para sacarlos de apuros. Al responsabilizarse de sus acciones, los fortalecemos. Hay que enseñar a nuestros hijos que la vida es una aventura llena de retos, y que vale la pena vivirla.</p>
<p style="text-align: justify;">Contacto: rosa@rosabarocio.com</p>
<p style="text-align: justify;">www.rosabarocio.com</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=4984&type=feed" alt=" Los pleitos entre hermanos"  title="Los pleitos entre hermanos" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Debilita la sobreprotección?</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 08:52:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando proyectamos nuestros miedos y temores sobre nuestros hijos, afectamos negativamente sus vidas. Imaginamos peligros absurdos y los defendemos de monstruos inexistentes. En nombre del ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Cuando proyectamos nuestros <strong>miedos</strong> y <strong>temores</strong> sobre nuestros hijos, afectamos negativamente sus vidas. Imaginamos peligros absurdos y los defendemos de monstruos inexistentes. En nombre del amor que les tenemos no les permitimos vivir ni disfrutar. Crecen atemorizados a veces sin saber por qué. Entonces, por el temor de que este mundo agresivo y violento los lastime, los sobreprotegemos y en vez de capacitarlos para saber defenderse, los volvemos escuálidos y pusilánimes.</p>
<p style="text-align: justify;">El mensaje de la sobreprotección es aterrador, pues asfixia el natural desarrollo del hijo, que crece enclenque y marchito emocionalmente, lleno de inseguridad y miedo, y se queda dependiente. Pero un hijo que nunca logra independizarse significa también que nunca logra su completo <strong>desarrollo</strong> como ser humano. Logramos realizarnos cuando en libertad podemos escoger nuestro propio camino, cuando tomamos decisiones y asumimos las consecuencias. Pero un hijo dependiente nunca da este paso. Como el parásito que no tiene vida propia, no conoce sus dones, su fortaleza, ni su individualidad, pues vive siempre a expensas de otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Vivimos una época de grandes retos, entonces, ¿cómo mejor capacitarlos para sobreponerse a los conflictos que les saldrán al encuentro? Si la sobreprotección los debilita, la <strong>confianza</strong> los fortalece. Cuando confío en mi hijo le doy permiso para que él también confíe en sí mismo. Le digo sin palabras “Yo sé que tú tienes en ti todo el potencial para salir adelante.” La confianza es pariente de la valentía, que le da las agallas para mirar de frente, el peso para sostenerse en lo que cree y la fuerza para enfrentar al mundo. Este valor le dará la voz cuando sea adulto para que pueda hablar su verdad.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="http://www.siriusfem.com/mama-mujer/%c2%bfdebilita-la-sobreproteccion/attachment/c4_matern_amor/" rel="attachment wp-att-4313"><img class="alignleft size-full wp-image-4313" title="c4_matern_amor" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/10/c4_matern_amor.jpg" alt="c4 matern amor ¿Debilita la sobreprotección?" width="299" height="203" /></a>En cambio, una persona sin valentía es una persona tímida que camina a la sombra de los demás. Que sólo transita por el camino de lo seguro pues teme adentrarse por las veredas desconocidas. Es una persona que quisiera, pero no puede. Que sueña, pero no alcanza. Que se agacha y termina por conformarse. Y al final de sus días se tiene que reprochar todas las oportunidades que la vida generosamente puso a su alcance pero que por miedo no se atrevió a tomar. ¿Acaso queremos esto para nuestros hijos?</p>
<p style="text-align: justify;">Enseñe a sus hijos a crearse una <strong>realidad</strong> <strong>maravillosa</strong>. Confíe en sí mismo y muéstreles cómo confiar en ellos mismos. Confíe en la vida, y enséñeles a avanzar con valor y seguridad. Goce de la vida, y sea un ejemplo para que sus hijos también aprendan a  <strong>disfrutar</strong>.</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=4312&type=feed" alt=" ¿Debilita la sobreprotección?"  title="¿Debilita la sobreprotección?" />]]></content:encoded>
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		<title>El niño invade el espacio de los padres</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 08:08:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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Muchos padres se quejan de que sus hijos se pasan durante la noche a dormir a sus camas. Otros se quejan de que ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong> <img class="alignnone size-destacado wp-image-3659" title="niño invade" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/08/niño-invade-590x230.jpg" alt="niño invade 590x230 El niño invade el espacio de los padres" width="590" height="230" /></strong></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong> </strong></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Muchos padres se quejan de que sus hijos se pasan durante la noche a dormir a sus camas. Otros se quejan de que duermen permanentemente con ellos y están hartos. Creo que ésta es una situación que acompaña a los demás males de esta época permisiva. Para mí es un reflejo claro de ella: es la invasión total de nuestro espacio y el resultado de integrar al niño en el mundo del adulto.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">¿Por qué se ha convertido esta situación en un dilema? Hace algunas décadas, esto no era un problema común. ¿Qué ha ocurrido, que ahora parece una epidemia?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Dentro del autoritarismo los padres tenían muy claro su lugar y el de los hijos. Los espacios físicos estaban claramente delimitados, el niño era educado desde pequeño para respetarlos. A un infante no se le ocurría hurgar en la bolsa de su madre como entretenimiento, y si lo hacía no ignoraba que, de ser descubierto, lo reprenderían. El escritorio del padre era un lugar sagrado. El niño sólo exploraba a escondidas y sabiendo que corría el riesgo de ser descubierto y castigado. La recámara de los padres pertenecía a la pareja y era un espacio prohibido para ellos. Si el niño estaba enfermo, como excepción podía permitírsele dormir en el cuarto de los padres, pero todos sabían que esto era una situación pasajera. Una vez aliviado regresaría a su recámara. Los límites para el niño en este sentido eran muy claros; no suplicaba quedarse todas las noches en la cama de los padres ni estos se sentían culpables por no complacerlo.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Pero en esta época permisiva, el escenario ha cambiado. Ahora todo es de todos y el niño se siente con libertad de invadir cualquier espacio sin límite alguno. Es así como el niño termina en la cama de los padres, y ellos se sienten impotentes para corregir esta situación.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Aquí cabría hacernos tres preguntas:</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">1.- ¿Cuál es la motivación de los padres? ¿Por qué han permitido esta situación? ¿Por qué se sienten impotentes para tomar la decisión de enviar al niño a dormir a su cama?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Los padres suelen quejarse de que los niños se pasan en la noche a su cama, pero se sienten impotentes para cambiar la situación. Convendría que revisaran su motivación. ¿Realmente quieren que su hijo duerma en su recámara?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">2.- ¿Por qué algunos padres permiten que los hijos duerman con ellos?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Por comodidad.- </strong>Muchas madres, cuando están amamantando al bebé, encuentran muy cómodo que el bebé duerma con ellas. Les evita la molestia de tener que pararse y la madre disfruta de la cercanía de este ser que depende totalmente de ella. La simbiosis en este momento es absoluta y ambos disfrutan del contacto físico. Pero ¿qué sucede cuando el tiempo pasa y los padres se acostumbran a tener al niño en la cama? Si el niño duerme con los padres los primeros años de su vida, cuando tratan de desarraigarlo de su recámara para que duerman separados, encuentran clara resistencia  por parte del niño. Es de entenderse. Dormir juntos ya se convirtió en un <strong>hábito</strong> y todos sabemos lo difícil que es romper un hábito. Esta separación la experimenta ahora el pequeño como un desgarramiento doloroso. Es una especie de destete, que entre más grande es el niño, resulta más difícil y doloroso.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Porque me produce placer</strong>.- A menudo podemos observar que los adultos disfrutan hacer cosas con los niños pequeños sin tomar en cuenta, en ningún momento, el efecto que esto puede tener en ellos. Cuántas veces hemos visto a adultos besando, apretando o abrazando a niños cuyas caras de disgusto indican claramente que les molesta. Pero el adulto nos puede argumentar que lo hace porque le da gusto, le da placer. ¿Es esto respetuoso y válido? Tratamos al niño como si fuera un objeto que está aquí para complacernos. Sus sentimientos o preferencias, ¿no cuentan? Hay muchas vivencias que nos dan gusto como padres, como puede ser que duerman con nosotros. Sin embargo, pueden no ser lo mejor para nuestros hijos. Me puede dar un placer enorme ver a mi hijo acurrucado a mi lado en la cama, pero ¿qué es lo mejor para él? En este momento me da placer, pero ¿cuál es el resultado a largo plazo?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Cuando educamos con miopía no podemos proyectar las consecuencias de lo que hoy hacemos a futuro. Pero el tiempo pasa rápido; cuando menos lo esperamos el bebé se convierte en un niño de cuatro, cinco y seis años, y vemos que cada vez le cuesta más trabajo separarse de nosotros. Él paga el precio de mi placer y disfrute.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Porque no quiero que crezca.-</strong> Muchas madres que disfrutan su maternidad quisieran que sus hijos se quedaran por siempre pequeños. Sentirse necesitadas les da la razón de ser, y que el niño duerma con ella le da gran satisfacción. No procurarle su propio espacio puede ser resultado de ese deseo inconsciente de que permanezca dependiente de ella. Es ella, como madre, la que no quiere “que la deje”.  El niño percibe su necesidad y tampoco la quiere soltar. Expresiones como “mi nene”, “mi bebé”, “mi chiquito”, cuando está creciendo, refleja claramente el deseo de que no crezcan, de que se queden por siempre pequeños.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Porque el niño llena un hueco emocional.- </strong>Si los padres<strong> </strong>no se sienten queridos o aceptados, o se sienten inseguros o desarraigados, pueden buscar que los hijos sean los que llenen esos huecos emocionales. Los hijos responden, aunque de manera inconsciente, y se sacrifican, pagan el precio. Lo hacen por el gran amor y lealtad que sienten hacia sus padres, por su necesidad de pertenecer y de sentirse aceptados por ellos.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">Los padres necesitamos, antes que nada, aprender a reconocer nuestras necesidades emocionales, y buscar ayuda para sanar nuestras heridas; aprender a querernos y a confiar en nosotros mismos, para no necesitar que el niño se convierta en un remedio para esas necesidades insatisfechas. Ninguna persona puede dar lo que no tiene. Seguiremos perpetuando eternamente la cadena de sufrimiento de la humanidad: yo utilizo a mi hijo para llenar mis huecos emocionales; pero entonces él tampoco aprende a reconocer y a atender sus propias necesidades por estar satisfaciendo las mías. Cuando se convierta en padre de familia, utilizará de la misma manera a sus hijos para llenar sus huecos emocionales, y sus hijos a los suyos, y así sucesivamente.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Por culpa.- </strong>En mis conferencias me encuentro a menudo con padres que dicen estar convencidos de que sus hijos deben dormir en su propia recámara, pero me platican que aun cuando le ruegan al niño que permanezca en su cuarto, invariablemente termina durmiendo con ellos. A este tipo de padres les ocasiona claras molestias esta situación, pero no tienen el valor para tomar la decisión de imponerse. El niño que ofrece resistencia a soltarlos, se da cuenta de su falta de decisión. El niño puede escuchar las órdenes de sus padres, pero percibe su falta de seguridad. Cuando a medianoche el pequeño le ruega al padre que lo deje dormir con él, el progenitor flaquea y el niño entonces confirma su sospecha de que los padres no tienen la fuerza para sostener lo que dicen. ¿Qué impide a estos padres decidir, cuando están convencidos, de que es lo correcto? Muchas veces es la culpa. La culpa corroe nuestras decisiones como el ácido al metal. En esta vida apurada en que los padres se dan cuenta de qué poco tiempo tienen para los hijos, que sus vidas tan ocupadas no les permite atenderlos como quieran; cuando tienen que negarle al niño el permiso para dormir con ellos, aparece la culpa que con voz lastimera susurra: “¿Cómo lo mandas a su cama cuando has sido tan mal padre? ¿Acaso has estado con él durante el día? El sólo quiere estar conmigo&#8230;”</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">De esta manera la culpa se va infiltrando en nuestros razonamientos, hasta que se apodera de ellos y nos convence de volvernos permisivos. Mientras los padres no revisen sus propias motivaciones, la situación permanecerá igual. Las razones inconscientes –basadas quizá en el miedo a perder el cariño del hijo, a que crezca y los abandone, o en la necesidad de sentirse necesitados, en la culpa de ser malos padres, etc.,- se convierten en bloqueos que no permiten a los padres tomar la decisión de transformar la situación. Entonces, aunque intelectualmente estén convencidos, en el nivel subconsciente boicotean cualquier intento de cambio. Se quedan atorados en la queja sin querer asumir su responsabilidad y culpan al niño de la situación.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">3.- ¿Cuál es la necesidad insatisfecha del niño? ¿Por qué necesita dormir con los padres?</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">El hecho de que necesite dormir con los padres nos está diciendo, de alguna manera, que hay una necesidad subyacente insatisfecha en el niño. Quizá no se siente querido o aceptado, se siente inseguro, tiene miedo, o no se siente parte de la familia. Puede ser que esté estresado o esté resintiendo algún cambio. En el caso de niños mayores, ¿acaso quieren seguir siendo bebés? Si es varón, ¿quiere seguir identificando con la madre y no quiere dar el paso a identificarse con el padre? Si el niño insiste en dormir con los padres sabemos que hay una necesidad insatisfecha que atender. Este deseo es sólo un indicador. Permitirles que duerman con los padres es sólo un paliativo que no resuelve el problema. Hay que averiguar qué le está sucediendo y tratar de atender esa necesidad, para que el niño recupere su seguridad y bienestar.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">El padre y la madre tienen que estar decididos, si no, sabotearán las intenciones del otro y no lograrán efectuar ningún cambio. Los padres pueden turnarse para regresar al niño a su cama. Las primeras noches podrá parecerles una danza interminable, pero si se sostienen en su decisión, acabará por acostumbrarse a dormir solo. El esfuerzo bien vale la pena, pues cada uno recuperará su espacio: tanto los padres como el niño.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Afirmaciones para padres que quieren recuperar su espacio</strong></p>
<ul style="TEXT-ALIGN: justify">
<li>Yo tengo derecho a mi espacio. Como adulto que soy, tomo las decisiones necesarias para procurármelo</li>
<li>Yo merezco descansar y recuperarme para ser al día siguiente un padre amoroso</li>
<li>Cuando yo le procuro su espacio a mi hijo, le permito desarrollar su independencia e individualidad</li>
</ul>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: CC 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/fabrisalvetti/">fabrisalvetti</a></em></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<p style="TEXT-ALIGN: justify">
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3644&type=feed" alt=" El niño invade el espacio de los padres"  title="El niño invade el espacio de los padres" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Quieres que tu hijo tenga éxito?</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 08:05:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay padres que equivocadamente piensan que si reconocen los logros de sus hijos en vez de alentarlos, los volverá conformistas y dejarán de esforzarse. Aunque ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hay padres que equivocadamente piensan que si reconocen los logros de sus hijos en vez de alentarlos, los volverá conformistas y dejarán de esforzarse. Aunque ocurre también entre mujeres, encuentro esta actitud  especialmente común entre los hombres con sus hijos varones. El padre se niega a darle el reconocimiento cuando logra algo importante pues piensa que si lo hace entonces se “dormirá en sus laureles” y dejará de tratar. Justifican su actitud diciendo que lo “están motivando.” Piensan, “si no lo reconozco,  se seguirá esforzando cada vez más.” Esta actitud puede ser resultado de un orgullo mal entendido o  competitividad hacia el hijo. El padre siente que pierde algo si reconoce sus logros. Como el avaro que no quiere compartir su riqueza, el padre se niega a darle al hijo algo que para él es vital: su aprobación.</p>
<p style="text-align: justify;">Como el caso de Claudio que por fin logra pasar el examen de matemáticas y corre emocionado a decirle, “¡Papá, papá! ¡Pasé matemáticas, pasé matemáticas!” El padre toma el examen de sus manos,  lo observa, y sin emoción alguna  le dice, “Para estar tan feliz, por lo menos te hubieras sacado un 8.” La cara llena de expectación de Claudio se transforma en clara desilusión.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3308" title="hijos" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/06/hijos.jpg" alt="hijos ¿Quieres que tu hijo tenga éxito?" width="400" height="300" />Me gusta decir, a forma de broma, que si Claudio logra sacar el 8 de calificación que pide, el padre entonces exigirá el 10. Y  si consigue el 10, le dirá, “Y la beca, hijo, ¿dónde está la beca?” Haga lo que haga este niño, el padre nunca va a estar satisfecho. Su aprobación para Claudio se convierte en algo inalcanzable, en una ilusión que nunca se realizará.</p>
<p style="text-align: justify;">Este padre podrá pensar que lo está estimulando para que siga esforzándose, pero desgraciadamente no se da cuenta que está dejándolo con un hueco, un vacío significativo a nivel emocional. Que este hijo necesita de su reconocimiento para saber que lo que está logrando es algo importante. Que va por buen camino. Que lo quiere y está orgulloso de él. El reconocimiento es como la brújula que guía los esfuerzos de nuestros hijos en la dirección correcta.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando no los reconocemos, los dejamos con hambre, hambre de padre, hambre de madre. Hambre que pide escuchar para saciarse, “Hijo, estoy orgulloso de ti, no necesitas hacer nada para ganarte mi amor. Para mí tu eres  importante  y valioso.”</p>
<p style="text-align: justify;">
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El reconocimiento del padre es como una probada de éxito para el hijo. Así, cuando crece, sus logros van siempre asociados y acompañados de ese delicioso sabor que tiene  la satisfacción y el placer que sentimos cuando conseguimos en la vida lo que queremos.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Si deseamos que nuestros hijos no sólo sean exitosos  sino que puedan gozar de esos éxitos, necesitamos alentarlos, ser ese apoyo invisible pero siempre presente que los ayuda en momentos difíciles, y los reconoce cuando consiguen lo que se proponen.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: cc 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/n-o-n-o/">Nono Fara</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3288&type=feed" alt=" ¿Quieres que tu hijo tenga éxito?"  title="¿Quieres que tu hijo tenga éxito?" />]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>¿Estás heredando tus miedos a tus hijos?</title>
		<link>http://www.siriusfem.com/mama-mujer/%c2%bfestas-heredando-tus-miedos-a-tus-hijos/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 May 2011 08:12:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Confiar</strong> es una palabra corta y sencilla pero difícil de poner a veces en práctica. Hay personas que como dicen vulgarmente “desconfían hasta de su sombra.” Ellos viven cuidándose las espaldas y creen básicamente que el mundo es malo. Piensan que todos quieren aprovecharse de ellos, o por lo menos sacarles ventaja de alguna manera. El problema de vivir con esa desconfianza, es que entonces, la vida tiene que  corresponderles y les manda todo tipo de sinsabores. Porque si esperan lo peor, <strong>van a recibir lo peor</strong>. La vida en consecuencia se vuelve muy pesada.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">La desconfianza bien puede ser resultado de heridas pasadas que nos han afectado y marcado. Pero nos preguntamos, <em>¿Por qué es importante confiar? ¿Cómo le afecta al niño vivir en un ambiente de desconfianza? ¿Qué es la confianza?</em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-destacado wp-image-3122" title="miedo" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/05/miedo-590x230.jpg" alt="miedo 590x230 ¿Estás heredando tus miedos a tus hijos?" width="590" height="230" />El niño nace sin confianza en sí mismo. La tiene que desarrollar como muchas otras facultades. Lo interesante es que son los padres y los adultos que lo educan, los que siembran esa semilla de confianza a través de la fe que tienen en él. La tienen que plantar  y cultivar y es a través de esos cuidados que crece y se desarrolla. El pequeño ve a sus padres como sus dioses, que todo lo saben y todo lo pueden. Así, de manera inconsciente, razona: “Si mis padres que son todopoderosos, confían en mí, yo debo ser digno de confianza.”  El papel de los padres, por lo tanto, es primordial, pues de ellos va a depender que  la autoconfianza  germine o muera.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Pero, ¿por qué es importante que tenga el niño confianza en sí mismo? Porque la <strong>autoconfianza</strong> es la fuerza que le permite estar bien parado en la vida, que lo levanta en momentos difíciles y lo empuja a volver a tratar. Lo sostiene en momentos de fracaso o desaliento. Es gracias a su autoconfianza que insiste cuando le cierran las puertas y lo obliga a regresar cuando le niegan lo que quiere. Es el ancla que mantiene al barco en su lugar cuando suben y bajan las mareas. La confianza le da permiso para atreverse a soñar, a buscar oportunidades, a tener aspiraciones. También le da la calma y la paciencia para esperar y recibir lo que sabe que merece.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">La autoconfianza se alimenta de nuestro sentido de merecer y éste, a su vez, de nuestro sentido de valor. Porque sabemos que valemos como personas, sabemos también que merecemos. ¿Qué merecemos? Lo mejor de la vida: amor, alegría, abundancia, felicidad.  Todo ser humano merece esto, pero hay que estar convencidos y creerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Enseñemos a nuestros hijos a enviar un mensaje a la vida lleno de confianza de que todo eso les pertenece, y la vida les corresponderá y se los otorgará. Así se crearán su realidad, y una realidad muy hermosa, por cierto.</p>
<p style="text-align: justify;">Imagen: CC 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/aliveandbreathing/">joseph.antoniello</a></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3108&type=feed" alt=" ¿Estás heredando tus miedos a tus hijos?"  title="¿Estás heredando tus miedos a tus hijos?" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Inteligencia es lo mismo que madurez?</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2011 09:07:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Actualmente muchas personas consideran al niño como sabio, maduro e inteligente,  capaz de tomar muchas decisiones y en algunas ocasiones hasta de dirigir su vida. ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Actualmente muchas personas consideran al niño como sabio, maduro e inteligente,  capaz de tomar muchas decisiones y en algunas ocasiones hasta de dirigir su vida. Hay padres que permiten que sean sus hijos de preescolar los que escojan el colegio que les conviene. Pero hay que analizar esta nueva perspectiva. ¿El niño es sabio? En algunos momentos tenemos que decir que sí lo es.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Como el caso de Melisa, que aún no cumple cuatro años y  le dice a su madre, “Mamá ¿tú sabes que cuando me gritas me duele mi corazón?”</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">O el caso de Pablo,  que  tiene 2 ½ años y quiere ponerse los zapatos y pide ayuda. La madre que quiere alentarlo le dice, “Inténtalo, Pablito,  inténtalo”.  Más tarde el niño quiere treparse una barda pero viendo que no alcanza pide ayuda, y la madre le responde, “Inténtalo, Pablito,  inténtalo”. En la madrugada, Pablo le pide que le lleve una mamila a la cama y cuando la madre se niega, Pablo le grita,  “Inténtalo, mamá, inténtalo”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Dos años y medio y el niño ya sabe cómo regresarle a la madre sus propias enseñanzas.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">¿Inteligente?, sí, muy inteligente, pero acaso ¿inteligencia es lo mismo que madurez? Aquí está la confusión. Pueden ser muy inteligentes, pero eso no quiere decir que puedan manejar sus vidas o que tengan la madurez para tomar decisiones importantes. Porque la madurez es resultado de la experiencia, es decir, asociar causa y efecto y poder recordarlo. Pero el niño no tiene todavía la capacidad para hacer esas asociaciones y ¿cómo puede tener memoria de situaciones que aún no vive?</p>
<p style="text-align: justify;">
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Madurez también implica tener visión hacia el  futuro. Comprender como le afectará al día de mañana lo que hago en este momento.  Pero olvidamos que el niño pequeño vive en el presente, no puede aún proyectarse al futuro.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-2916" style="margin: 2px;" title="13533_178574246217_683746217_3442248_2214186_n" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/04/13533_178574246217_683746217_3442248_2214186_n.jpg" alt="13533 178574246217 683746217 3442248 2214186 n ¿Inteligencia es lo mismo que madurez?" width="293" height="392" /></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando tratamos de apresurar esta madurez en el niño, nos podemos sentir muy frustrados. Pensamos que si damos largas explicaciones, él podrá comprender las consecuencias de sus actos porque es muy listo, y entonces ponemos en sus manos la responsabilidad, para después sentirnos decepcionados, cuando toma la decisión equivocada. Cuando sufre las consecuencias, el famoso “¡Te lo dije!” sólo es sal que añadimos a su herida. Cometemos una gran injusticia cuando dejamos decisiones que no les competen, y después los recriminamos o los castigamos.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Así que cuando estés con tu hijo y hay que tomar una decisión, observa bien la situación, y acepta su responsabilidad como educador. Recuerda que como adulto, tú puedes juzgar y medir las consecuencias, y por lo tanto, a ti te toca elegir, a quién le corresponde la decisión.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Foto: cortesía Jacobeth Sánchez.</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2913&type=feed" alt=" ¿Inteligencia es lo mismo que madurez?"  title="¿Inteligencia es lo mismo que madurez?" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Se vale dar nalgadas?</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Mar 2011 09:14:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Qué piensas de dar una nalgada?
Mi madre siempre me dijo, “Una nalgada a tiempo te puede ahorrar muchos problemas a futuro.”
Cuando doy mis talleres de ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>¿Qué piensas de dar una nalgada?</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mi madre siempre me dijo, “Una nalgada a tiempo te puede ahorrar muchos problemas a futuro.”</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando doy mis talleres de disciplina para padres de familia, invariablemente alguno me hace esta pregunta. “¿Qué tienen de malo? Hay cosas que hacen más daño que dar nalgadas…”  Y estoy de acuerdo, a veces podemos hacer más daño con palabras que con una nalgada, pero ¿qué le estoy transmitiendo a mi hijo cuando arreglo las cosas de esa manera? ¿Alguna vez se han puesto a reflexionar?</p>
<p style="text-align: justify;">Una madre de familia me comentaba que un día su hija de cuatro años estaba muy enojada con ella y le empezó a dar patadas. Entonces la madre la detuvo y le dijo, “¡¿Qué te pasa?! ¡Mi hijita, no me puedes pegar soy tu mamá!”   Y la niña le contestó, “¿Y por qué no? ¡Si tú cuando te enojas me das nalgadas!”</p>
<p style="text-align: justify;">Esta niña tenía razón. Según ella, estaba enojada y era válido hacer lo mismo que su madre. En otras épocas quizás lo hubiéramos pensado pero no nos hubiéramos atrevido a decirlo y mucho menos a hacerlo. Pero los tiempos han cambiado y los niños cada vez nos regresan un poco más de nuestro propio chocolate. Cuando les pegamos, lo que les estamos enseñando es que cuando las cosas se ponen difíciles, así se solucionan, con violencia, y que se vale que el fuerte se aproveche del débil. Y luego, este niño va al colegio y cuando tiene una dificultad con algún compañero ¿cómo va a resolver el problema? Pues por supuesto que con un golpe. Y entonces la maestra lo regaña y le dice que es malo golpear. Y el niño se confunde. “Qué raro… si así es como arreglamos las cosas en mi casa”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado ¿nos hemos puesto a pensar  la impotencia que debe sentir un niño ante la violencia, ante la ira incontrolada de un adulto, que en comparación a su pequeña estatura es como un gigante? Imaginemos por un momento que se nos aparece un hombre enojado de tres metros de altura y nos golpea. ¿Nos podemos dar una idea del miedo que sentiríamos al darnos cuenta que no  tenemos realmente la posibilidad de escapar, que nuestra vida está en sus manos? Eso sienten nuestros hijos cuando los golpeamos. Impotencia, frustración, resentimiento, miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esto no quiere decir que las nalgadas no sirvan. Por el contrario, funcionan. Yo le doy una nalgada a mi hijo y entiende, no lo vuelve a hacer. Pero estamos pagando un precio muy alto por esta obediencia.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2737" title="se vale nalgadas" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/03/se-vale-nalgadas.jpg" alt="se vale nalgadas ¿Se vale dar nalgadas?" width="400" height="266" /></p>
<p style="text-align: justify;">El precio que pago al intimidarlo es el precio de nuestra relación. Porque es imposible querer a una persona que nos provoca miedo. El miedo y el amor se excluyen uno al otro. Y después ¿nos sorprende que el mundo esté como está, cuando estamos condicionando a nuestros hijos a ser violentos desde pequeños? La violencia mundial sólo es un reflejo de la violencia que se aprende en casa.<br />
“Oye, pero entonces, ¿cómo le hago para no enojarme?” ¡Se vale enojarse! Lo que tengo que saber es qué hacer con ese enojo. Tengo que aprender a manejar mi enojo de una manera adecuada. ¿Se acuerda de “Cuente hasta diez…”? Pues sí, cuente hasta diez, y no pague el precio del golpe.
</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerde, lo más valioso que tenemos es el amor y respeto que estos niños sienten por nosotros.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: cc 2.0 por </em><a href="http://siriusfem.com/photos/binusarina/"><em>Creative Donkey</em></a></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2732&type=feed" alt=" ¿Se vale dar nalgadas?"  title="¿Se vale dar nalgadas?" />]]></content:encoded>
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		<title>El niño invade el espacio de los padres</title>
		<link>http://www.siriusfem.com/mama-mujer/el-nino-invade-el-espacio-de-los-padres/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Feb 2011 09:18:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muchos padres se quejan de que sus hijos se pasan durante la noche a dormir a sus camas. Otros se quejan de que duermen permanentemente ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos padres se quejan de que sus hijos se pasan durante la noche a dormir a sus camas. Otros se quejan de que duermen permanentemente con ellos y están hartos. Creo que ésta es una situación que acompaña a los demás males de esta época permisiva. Para mí es un reflejo claro de ella: es la invasión total de nuestro espacio y el resultado de integrar al niño en el mundo del adulto.</p>
<p>¿Por qué se ha convertido esta situación en un dilema? Hace algunas décadas, esto no era un problema común. ¿Qué ha ocurrido, que ahora parece una epidemia?</p>
<p>Dentro del autoritarismo los padres tenían muy claro su lugar y el de los hijos. Los espacios físicos estaban claramente delimitados, el niño era educado desde pequeño para respetarlos. A un infante no se le ocurría hurgar en la bolsa de su madre como entretenimiento, y si lo hacía no ignoraba que, de ser descubierto, lo reprenderían. El escritorio del padre era un lugar sagrado. El niño sólo exploraba a escondidas y sabiendo que corría el riesgo de ser descubierto y castigado. La recámara de los padres pertenecía a la pareja y era un espacio prohibido para ellos. Si el niño estaba enfermo, como excepción podía permitírsele dormir en el cuarto de los padres, pero todos sabían que esto era una situación pasajera. Una vez aliviado regresaría a su recámara. Los límites para el niño en este sentido eran muy claros; no suplicaba quedarse todas las noches en la cama de los padres ni estos se sentían culpables por no complacerlo.</p>
<p>Pero en esta época permisiva, el escenario ha cambiado. Ahora todo es de todos y el niño se siente con libertad de invadir cualquier espacio sin límite alguno. Es así como el niño termina en la cama de los padres, y ellos se sienten impotentes para corregir esta situación.</p>
<p>Aquí cabría hacernos tres preguntas:</p>
<p><strong>1.- ¿Cuál es la motivación de los padres? ¿Por qué han permitido esta situación? ¿Por qué se sienten impotentes para tomar la decisión de enviar al niño a dormir a su cama?</strong></p>
<p>Los padres suelen quejarse de que los niños se pasan en la noche a su cama, pero se sienten impotentes para cambiar la situación. Convendría que revisaran su motivación. ¿Realmente quieren que su hijo duerma en su recámara?</p>
<p><strong>2.- ¿Por qué algunos padres permiten que los hijos duerman con ellos?</strong></p>
<p><strong>Por comodidad.-</strong> Muchas madres, cuando están amamantando al bebé, encuentran muy cómodo que el bebé duerma con ellas. Les evita la molestia de tener que pararse y la madre disfruta de la cercanía de este ser que depende totalmente de ella. La simbiosis en este momento es absoluta y ambos disfrutan del contacto físico. Pero ¿qué sucede cuando el tiempo pasa y los padres se acostumbran a tener al niño en la cama? Si el niño duerme con los padres los primeros años de su vida, cuando tratan de desarraigarlo de su recámara para que duerman separados, encuentran clara resistencia  por parte del niño. Es de entenderse. Dormir juntos ya se convirtió en un hábito y todos sabemos lo difícil que es romper un hábito. Esta separación la experimenta ahora el pequeño como un desgarramiento doloroso. Es una especie de destete, que entre más grande es el niño, resulta más difícil y doloroso.</p>
<p><strong>Porque me produce placer.-</strong> A menudo podemos observar que los adultos disfrutan hacer cosas con los niños pequeños sin tomar en cuenta, en ningún momento, el efecto que esto puede tener en ellos. Cuántas veces hemos visto a adultos besando, apretando o abrazando a niños cuyas caras de disgusto indican claramente que les molesta. Pero el adulto nos puede argumentar que lo hace porque le da gusto, le da placer. ¿Es esto respetuoso y válido? Tratamos al niño como si fuera un objeto que está aquí para complacernos. Sus sentimientos o preferencias, ¿no cuentan? Hay muchas vivencias que nos dan gusto como padres, como puede ser que duerman con nosotros. Sin embargo, pueden no ser lo mejor para nuestros hijos. Me puede dar un placer enorme ver a mi hijo acurrucado a mi lado en la cama, pero ¿qué es lo mejor para él? En este momento me da placer, pero ¿cuál es el resultado a largo plazo?</p>
<p>Cuando educamos con miopía no podemos proyectar las consecuencias de lo que hoy hacemos a futuro. Pero el tiempo pasa rápido; cuando menos lo esperamos el bebé se convierte en un niño de cuatro, cinco y seis años, y vemos que cada vez le cuesta más trabajo separarse de nosotros. Él paga el precio de mi placer y disfrute.</p>
<p><strong>Porque no quiero que crezca.-</strong> Muchas madres que disfrutan su maternidad quisieran que sus hijos se quedaran por siempre pequeños. Sentirse necesitadas les da la razón de ser, y que el niño duerma con ella le da gran satisfacción. No procurarle su propio espacio puede ser resultado de ese deseo inconsciente de que permanezca dependiente de ella. Es ella, como madre, la que no quiere “que la deje”.  El niño percibe su necesidad y tampoco la quiere soltar. Expresiones como “mi nene”, “mi bebé”, “mi chiquito”, cuando está creciendo, refleja claramente el deseo de que no crezcan, de que se queden por siempre pequeños.</p>
<p><strong>Porque el niño llena un hueco emocional.-</strong> Si los padres no se sienten queridos o aceptados, o se sienten inseguros o desarraigados, pueden buscar que los hijos sean los que llenen esos huecos emocionales. Los hijos responden, aunque de manera inconsciente, y se sacrifican, pagan el precio. Lo hacen por el gran amor y lealtad que sienten hacia sus padres, por su necesidad de pertenecer y de sentirse aceptados por ellos.</p>
<p>Los padres necesitamos, antes que nada, aprender a reconocer nuestras necesidades emocionales, y buscar ayuda para sanar nuestras heridas; aprender a querernos y a confiar en nosotros mismos, para no necesitar que el niño se convierta en un remedio para esas necesidades insatisfechas. Ninguna persona puede dar lo que no tiene. Seguiremos perpetuando eternamente la cadena de sufrimiento de la humanidad: yo utilizo a mi hijo para llenar mis huecos emocionales; pero entonces él tampoco aprende a reconocer y a atender sus propias necesidades por estar satisfaciendo las mías. Cuando se convierta en padre de familia, utilizará de la misma manera a sus hijos para llenar sus huecos emocionales, y sus hijos a los suyos, y así sucesivamente.</p>
<p><strong>Por culpa.-</strong> En mis conferencias me encuentro a menudo con padres que dicen estar convencidos de que sus hijos deben dormir en su propia recámara, pero me platican que aun cuando le ruegan al niño que permanezca en su cuarto, invariablemente termina durmiendo con ellos. A este tipo de padres les ocasiona claras molestias esta situación, pero no tienen el valor para tomar la decisión de imponerse. El niño que ofrece resistencia a soltarlos, se da cuenta de su falta de decisión. El niño puede escuchar las órdenes de sus padres, pero percibe su falta de seguridad. Cuando a medianoche el pequeño le ruega al padre que lo deje dormir con él, el progenitor flaquea y el niño entonces confirma su sospecha de que los padres no tienen la fuerza para sostener lo que dicen. ¿Qué impide a estos padres decidir, cuando están convencidos, de que es lo correcto? Muchas veces es la culpa. La culpa corroe nuestras decisiones como el ácido al metal. En esta vida apurada en que los padres se dan cuenta de qué poco tiempo tienen para los hijos, que sus vidas tan ocupadas no les permite atenderlos como quieran; cuando tienen que negarle al niño el permiso para dormir con ellos, aparece la culpa que con voz lastimera susurra: “¿Cómo lo mandas a su cama cuando has sido tan mal padre? ¿ Acaso has estado con él durante el día? El sólo quiere estar conmigo&#8230;”</p>
<p>De esta manera la culpa se va infiltrando en nuestros razonamientos, hasta que se apodera de ellos y nos convence de volvernos permisivos. Mientras los padres no revisen sus propias motivaciones, la situación permanecerá igual. Las razones inconscientes –basadas quizá en el miedo a perder el cariño del hijo, a que crezca y los abandone, o en la necesidad de sentirse necesitados, en la culpa de ser malos padres, etc.,- se convierten en bloqueos que no permiten a los padres tomar la decisión de transformar la situación. Entonces, aunque intelectualmente estén convencidos, en el nivel subconsciente boicotean cualquier intento de cambio. Se quedan atorados en la queja sin querer asumir su responsabilidad y culpan al niño de la situación.</p>
<p><strong>3.- ¿Cuál es la necesidad insatisfecha del niño? ¿Por qué necesita dormir con los padres? </strong><br />
El hecho de que necesite dormir con los padres nos está diciendo, de alguna manera, que hay una necesidad subyacente insatisfecha en el niño. Quizá no se siente querido o aceptado, se siente inseguro, tiene miedo, o no se siente parte de la familia. Puede ser que esté estresado o esté resintiendo algún cambio. En el caso de niños mayores, ¿acaso quieren seguir siendo bebés? Si es varón, ¿quiere seguir identificando con la madre y no quiere dar el paso a identificarse con el padre? Si el niño insiste en dormir con los padres sabemos que hay una necesidad insatisfecha que atender. Este deseo es sólo un indicador. Permitirles que duerman con los padres es sólo un paliativo que no resuelve el problema. Hay que averiguar qué le está sucediendo y tratar de atender esa necesidad, para que el niño recupere su seguridad y bienestar.</p>
<p>El padre y la madre tienen que estar decididos, si no, sabotearán las intenciones del otro y no lograrán efectuar ningún cambio. Los padres pueden turnarse para regresar al niño a su cama. Las primeras noches podrá parecerles una danza interminable, pero si se sostienen en su decisión, acabará por acostumbrarse a dormir solo. El esfuerzo bien vale la pena, pues cada uno recuperará su espacio: tanto los padres como el niño.</p>
<blockquote><p><strong>Afirmaciones para padres que quieren recuperar su espacio</strong><br />
<strong>• </strong> Yo tengo derecho a mi espacio. Como adulto que soy, tomo las decisiones necesarias para procurármelo<br />
•    Yo merezco descansar y recuperarme para ser al día siguiente un padre amoroso<br />
•    Cuando yo le procuro su espacio a mi hijo, le permito desarrollar su independencia e individualidad</p></blockquote>
<p>www.rosabarocio.com</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2551&type=feed" alt=" El niño invade el espacio de los padres"  title="El niño invade el espacio de los padres" />]]></content:encoded>
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		<title>Educando con el corazón</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Oct 2010 07:48:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Maternidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Estamos viviendo una época  de crisis muy interesante que nos ha quitado nuestros sostenes habituales y nos ha lanzado al caos. Nos ha obligado a ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1840" title="c4_educandoamor" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/10/c4_educandoamor.jpg" alt="c4 educandoamor Educando con el corazón" width="590" height="230" />Estamos viviendo una época  de crisis muy interesante que nos ha quitado nuestros sostenes habituales y nos ha lanzado al caos. Nos ha obligado a renunciar a nuestra comodidad para abrirnos a nuevos cuestionamientos. ¿Quién soy? ¿Qué quiero?  ¿Adónde me dirijo? ¿Cuáles son mis prioridades?, son preguntas que nos acompañan cuando tratamos de conciliar el sueño, y están en nuestro lecho al despertar por la mañana. Y en esta crisis y en este caos, están también sumergidos los hijos. ¿Qué exige de nosotros como padres de familia esta época tan compleja? ¿Acaso pensamos que podemos repetir con ellos la misma forma de educar de nuestros padres? O ¿pensamos abandonarlos para que resuelvan por sí solos los retos que los confrontan?</p>
<p>Esta crisis nos pide que busquemos nuevas maneras de acercarnos a ellos. Nuevas formas de interactuar y convivir. Nos pide que aprendamos a educar a través del corazón.</p>
<p>Educar con el corazón quiere decir ver más allá de las apariencias, más allá del comportamiento y más allá de las limitaciones del niño. Significa tocar su parte esencial, aquello que lo hace diferente y  único. Porque cuando logramos acercarnos, libres de prejuicios y expectativas, entonces, tenemos la oportunidad de que él nos muestre quién es. Cuando se siente aceptado y respetado puede con seguridad abrirse y palpamos su ternura, su frescura, su inocencia y su calidez.</p>
<p>La cabeza razona y analiza, pero es el corazón el que comprende, el que perdona y el que es compasivo. Es el corazón el que aprecia lo que realmente tiene significado y hace a un lado lo intranscendente. Es el corazón el que valora y ama.</p>
<p>Pero, ¿acaso es distinto lo que necesita el niño de lo que buscamos los adultos? ¿No ansiamos de igual manera ser aceptados sin condiciones?  ¿Sentirnos seguros para abrirnos sin temor a ser lastimados? ¿Ser comprendidos en vez de ser juzgados? ¿Ser apreciados en lugar de ser criticados?</p>
<p>Educar con el corazón significa  educar en el amor. Pero desgraciadamente nuestro amor muchas veces está contaminado de otras emociones, como el enojo, el resentimiento, el miedo y la culpa. Está teñido de autoimportancia y manipulación. Entonces ese amor, en vez de nutrir, de dar seguridad y un sentido de pertenecer, hace daño. Como el agua que aunque es indispensable para la vida, si está contaminada puede enfermarnos e inclusive matarnos.</p>
<p>Entonces, ¿cómo podemos ofrecer un amor más puro, que realmente alimente la autoestima de nuestros hijos? Primero que nada, tenemos que conectarnos con nuestras emociones, y preguntarnos: ¿Qué siento, me siento frustrada, impotente, celosa, con miedo o enojo? ¿Acaso me siento preocupado, ansioso, triste o abandonado? ¿O es un malestar que aún no identifico? ¿Estoy reaccionando desde mi culpa?</p>
<p>Después de reconocer la emoción, tengo que sentirla. Darle un lugar en vez de ignorarla, negarla o taparla. Porque cuando reprimo una emoción, cualquiera que sea, se vuelve negativa, pues al no darle salida se queda atorada en el cuerpo y se torna destructiva. Imaginemos a estas emociones como la presión que se acumula en una olla exprés a la que le tapamos la válvula. Si se junta suficiente presión, explota; de la misma manera que un cúmulo de emociones reprimidas se convierte en una enfermedad física, como puede ser la gastritis, la migraña, o el cáncer;  o en una enfermedad emocional como la depresión.</p>
<p>Pero desgraciadamente estas emociones reprimidas o mal expresadas (con gritos, insultos, humillaciones o violencia) no sólo nos dañan a nosotros sino también a las personas que decimos más querer en la vida. Cuando nos reprimimos o lastimamos a lo demás, les enseñamos a hacer lo mismo. Y es así que perpetuamos esta cadena de maltrato, hacia nosotros mismos y hacia los demás.</p>
<p>Así que si queremos que nuestro amor no quede enterrado bajo el enojo, el miedo o la culpa, tenemos que reconocer nuestras emociones y aprender a expresarlas sin lastimar. Por eso hay que decir, “Estoy muy enojado y me voy a retirar hasta que me sienta mejor”. De esta manera nos responsabilizamos de lo que sentimos y de soltar el enojo en privado sin herir a nadie. Al hacer esto estamos permitiendo que nuestro cuerpo emocional respire y esté saludable y no acumulamos toxinas emocionales ni creamos depósitos de enojo, resentimiento, culpa o miedo.</p>
<p>Amar a nuestros hijos también significa tomar responsabilidad de nuestras emociones para no caer en la trampa de culparlos por nuestras dificultades o equivocaciones, sino reconocer que estos errores son el medio necesario para aprender, y que amar nada tiene que ver con tratar de ser perfectos. Querer ser perfectos quiere decir que creemos que podemos dejar de crecer para convertirnos en un producto terminado. Esto nos da la ilusión distorsionada de que seremos mejores que los demás y niega el hecho de que como seres humanos siempre estaremos evolucionando y creciendo.</p>
<p>Si queremos educar con el corazón, tenemos que conectarnos con lo que sentimos para dar a los hijos ese anhelo de crecer y querer ser mejores personas. Entonces podemos contagiarles el entusiasmo y la pasión por vivir y el aprecio y la gratitud por la vida. Estaremos por fin cortando las cadenas de dolor y de maltrato para permitir que las generaciones siguientes se desarrollen en libertad.</p>
<p>Aprovechemos esta crisis para dejar a un lado nuestras pequeñeces y dar valor a lo que realmente lo merece. Reconozcamos la oportunidad que nos proporciona la convivencia diaria con los hijos  para abrir nuestro corazón y dar lo mejor de nosotros mismos.</p>
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		<title>¿Tienes miedo a equivocarte con tus hijos?</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 03:20:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rosa Barocio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo]]></category>
		<category><![CDATA[Ser Padres]]></category>
		<category><![CDATA[amor maternal]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1540" title="c4_miedoequivo" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/08/c4_miedoequivo1.jpg" alt="c4 miedoequivo1 ¿Tienes miedo a equivocarte con tus hijos?     " width="303" height="241" />Si tenemos grandes deseos de ser buenos padres, recibimos mucha información y lo mezclamos con una buena dosis de miedo a equivocarnos ¿sabes cuál es el resultado? Pues que nos paralizamos y no tomamos las decisiones que nos corresponden como padres y dejamos que los hijos  hagan lo que quieran.</p>
<p>En la actualidad tenemos acceso a tanta información como nunca tuvieron los padres de generaciones pasadas. Podemos encontrar a nuestro alcance opiniones y comentarios en todos sentidos. Pero mucha información, sin discernimiento o sentido común, sólo nos confunde y nos hace dudar.</p>
<p>El miedo a equivocarnos es justificado y un poco de miedo nos lleva al cuestionamiento y a la reflexión.  Seguro piensan, “Me puedo equivocar al escoger  la marca  de lavadora de ropa o comprar los zapatos equivocados y no pasa nada grave. Pero equivocarme con mis hijos ¡es otra cosa!”  Pero ¿qué ocurre cuando dejamos que nos invada el temor a fallar y terminamos inertes, incapaces de responder ante las demandas importantes de nuestros hijos? Cuando actuamos, claro que corremos el riesgo del error, pero si nos quedamos paralizados, podemos estar seguros de que los afectamos de una manera negativa. Porque un niño con padres inmovilizados es un niño que se enfrenta solo ante el mundo, con sus recursos aún inmaduro e ineficiente.</p>
<p>Tomemos por ejemplo lo que ocurrió en una convivencia de varias familias que se habían reunido para celebrar. Las madres estaban ocupadas sirviendo la comida, los padres se encargaban de preparar las  bebidas, mientras los niños jugaban alrededor de la alberca. “Los niños están tirando cosas a la alberca” le comenta una madre a la otra. “Ay, Dios, qué niños…” le contesta sin levantar la vista mientras sigue sirviendo los platos.<br />
Diez minutos después escuchan el grito de uno de los padres, “¿Qué están locos? ¿Cómo se les ocurre hacer eso?” Los niños habían tirado a uno de ellos con todo y triciclo a la piscina.</p>
<p>Cuando el pequeño ve que sus padres no reaccionan ¿qué hace? Pues se aprovecha de la situación y toma ventaja para hacer lo que quiere. Así se inicia una nueva modalidad: los niños toman la delantera y los padres son los que los siguen.</p>
<p>Les recomiendo que se interesen en el desarrollo de sus hijos, se informen pero usen su discernimiento y sentido común.</p>
<p>Sepan que nadie puede ser mejor madre o padre para sus hijos que ustedes, pues nadie los conoce mejor, ni puede saber qué es lo que realmente les hace falta.</p>
<p>Cuando las dudas los invadan, recuerden que no hay nada peor que ignorar, cegarse o dejar de actuar cuando sus hijos los necesitan.</p>
<p>Un padre paralizado es un padre ausente. Ningún hijo espera un padre perfecto pero sí quiere uno que tenga el valor de actuar aunque corra el riesgo a equivocarse. Quiere un  padre presente que lo acompañe aunque no tenga todas las respuestas. Un padre que por el amor que le tiene, ocupe el lugar que le corresponde como adulto responsable y como guía.</p>
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