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	<title>Siriusfem, Explora tu Interior &#187; Raúl Mejía</title>
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	<description>Explora Tu Interior</description>
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		<title>La habitación propia, la independencia, el dinero</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 09:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Mejía</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para Maya Morales (Bruja)
Un domingo sin el tedio acompañado (prueba irrefutable de haber logrado el ser y estar con la otra persona), sin el “hacer ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>Para Maya Morales (Bruja)</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em></em>Un domingo sin el tedio acompañado (prueba irrefutable de haber logrado el ser y estar con la otra persona), sin el “hacer nada en compañía”, sin las horas frente a la tele y sólo bajando en pijama a la cocina para hacer cualquier cosa de comer y volver a echarse en la cama es, por naturaleza, como una infección. Sin los ingredientes arriba mencionados, ese día es temible, interminable, sin asideros.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/sexualidad-y-pareja/la-habitacion-propia-la-independencia-el-dinero/attachment/habitacion-propia/" rel="attachment wp-att-4400"><img class="aligncenter size-full wp-image-4400" title="habitacion propia" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/10/habitacion-propia.jpg" alt="habitacion propia La habitación propia, la independencia, el dinero" width="450" height="300" /></a>Así lo pasé. Luego de un desayuno básico, me planté frente a los libreros pensando si era buena idea reclasificarlos, como una forma ociosa de ocupar el primer domingo no navegable. Frente a mí, el libro de una mujer nacida en un ambiente intelectual propicio para la creación quien, sin embargo, reclamaba a la cultura machista de principios del siglo pasado lo esencial no sólo para escribir, sino para Ser: una espacio personal. Íntimo. Me refiero a <em>Una habitación propia</em>, de Virginia Woolf. Saqué el volumen de Seix Barral, lo abrí y vi los subrayados hechos hace quizás tres décadas. Las notas escritas en los márgenes con letra menuda por un joven que fui. ¿Qué clase de lector era en mis veintitantos?</p>
<p style="text-align: justify;">Me fui a la sala e inicié la  relectura con curiosidad respecto a mis reacciones en la relectura. Constaté la veracidad de un inicio contundente en los escritos. Apenas en la segunda página, Virginia Woolf lanza la idea central de un discurso que va más allá del acto (liberador) de la escritura: “Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela”.</p>
<p style="text-align: justify;">Dinero y una habitación propia… independencia pues.</p>
<p style="text-align: justify;">Mucho se ha avanzado en el asunto de la liberación femenina desde 1928 (cuando la autora impartió la conferencia cuyo título es ahora un clásico) no obstante, las condiciones de las mujeres siguen siendo, en buena medida, de franca desventaja. Sobre todo en países de mentalidad tropical como México, en donde, apenas disimulado con matices, el ejemplo que Virginia pone acerca de una compositora frente a la crítica masculina, resulta cierto: “Señor, una mujer que compone es como un perro que anda sobre sus patas traseras. No lo hace bien, pero ya sorprende que pueda hacerlo en absoluto” (¡Ah, el humor inglés tan celebrado!).</p>
<p>Tres décadas después de aquella primera lectura juvenil, sigo pensando lo mismo: es esencial  que más mujeres asuman el valor de su independencia material (o crematística, para usar un término más acorde y snob) respecto del hombre. Vivimos, con fuerza creciente, una  transformación intrigante de las relaciones entre hombres y mujeres. Nuevas subjetividades, gramáticas amorosas, pasionales, amistosas, laborales, profesionales se han dado gracias a  las sucesoras de Virginia Woolf.</p>
<p>Es difícil resistirse a la analogía de la habitación propia, su connotación de independencia y el surgimiento de las nuevas mujeres (las mismas, pero otras) con inéditas feminidades. Ese espacio físico e íntimo, conquistado y conquistándose, ha servido para que la mujer se lea y se escriba: se ven en el espejo; se emancipan.</p>
<p>Con esa libertad e independencia de nuestra &#8220;contraparte&#8221;, los hombres hemos dejado de ser un enigma (si acaso lo fuimos) y ello ha trastocado prácticas y valores tenidos por incuestionables. Hay pasmo, sorpresa, ante la nueva mujer con proyectos por cumplir e independencias por asumir. Parece claro no hay hombres con los suficientes valores como para abandonar los sueños (algo común hasta hace relativamente poco, cuando la mujer &#8220;dejaba todo por amor&#8221;). Vivimos la azorada nostalgia de buscar una mujer que ya no existe y ellas a un hombre que todavía no existe.</p>
<p>Viene a mi mente un personaje como Madame Bovary, casi medio siglo antes del ensayo de la Woolf, que tuvo para ella no sólo la habitación propia, sino la casa entera gracias a la fantasmal presencia de un marido apocado, irrelevante. Emma vivía en las novelas que leía porque tenía el espacio y el tiempo para hacerlo, pero a diferencia de Virginia Woolf, el personaje de Flaubert no tuvo un proyecto de independencia: finalmente las deudas la ahogaron. Bovary es una dama <em>para la soledad</em>; los personajes de Virginia Woolf la enfrentan y se miran a sí mismas. <em>Se quedan a solas</em>. Se miran en el espejo.</p>
<p>Las mujeres actuales, en mayor o menor medida, han optado por el camino de otro personaje de ficción: Cósimo Piovasco (<em>El barón rampante</em>), quien decidió trepar a un árbol y nunca más pisar la tierra. Su vida transcurrió en las alturas y viajó por la Europa del siglo XVIII, vivió sus luces plenas y nunca pisó el suelo nuevamente. Cruzó un puente ¿se puede volver atrás?</p>
<p>Esta mujer, de un domingo sin asideros, hace propias las reflexiones del personaje de Italo Calvino cuando finalmente lucha por su vida y vence: &#8220;…gritaba de dolor y de victoria y no entendía nada y seguía agarrado a la espada, al cadáver del gato, en el momento desesperado de quien ha vencido por primera vez y ahora sabe el padecimiento que es vencer, y sabe que ya está comprometido a continuar por el camino elegido y no se le permitirá la salida del que fracasa&#8221;.</p>
<p>La habitación propia reclamada por Virginia Woolf y el espíritu del personaje de Calvino, están siendo cada vez más la norma. Esta nueva mujer (tema abordado, entre muchos otros, por Elisabeth y Ulrich Beck) ha puesto sobre la mesa nuevas formas de intimidad, de relación. Nunca como ahora las nociones de equidad habían sido tan expuestas en el momento de decidir destinos en común. Ante eso, los hombres estamos paralizados. No es fácil abandonar prácticas culturales arraigadas por siglos. La pregunta es si estaremos a la altura de esta mujer que es todas las mujeres. Ya están trepadas en esos árboles de luces: no se van a bajar. No deben. Cruzaron el puente. No hay vuelta atrás.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: CC 2.0 por <a href="http://www.flickr.com/photos/boskizzi/">boskizzi</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=4399&type=feed" alt=" La habitación propia, la independencia, el dinero"  title="La habitación propia, la independencia, el dinero" />]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;Incendios&#8221; y &#8220;La mujer que cantaba&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Aug 2011 08:09:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Mejía</dc:creator>
				<category><![CDATA[A través de la cultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Consta en actas mi entusiasmo de (casi) nuevo aficionado al teatro luego de asistir a una de las obras de Wajdi Mouawad. En este mismo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Consta en actas mi entusiasmo de (casi) nuevo aficionado al teatro luego de asistir a una de las obras de Wajdi Mouawad. En este mismo espacio de La Huesudasalió el texto alusivo a <em>Bosques</em>. Para un novato en materia teatral, lo que vi resultó algo fuera de cualquier parámetro (órale) y de entrada mi entusiasmo lo atribuí a la condición de modesto <em>aficionado</em> que me caracteriza… pero luego me enteré de que mi opinión era la de muchísimas personas: el tal Wajdi Mouawad es un dramaturgo de clase mundial y la puesta en escena de <em>Bosques</em>, dirigida por Hugo Arrevillaga, fue magnífica. Para mi gusto, esa obra resultó la experiencia teatral más intensa de mi vida y quienes me invitaron a verla soltaron una amenaza: “<em>Incendios</em> es más fuerte que <em>Bosques</em>”. Me pregunté a dónde íbamos a parar.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/vida-diaria/incendios-y-la-mujer-que-cantaba/attachment/la-mujer-que-cantaba-poster/" rel="attachment wp-att-3799"><img class="alignleft size-full wp-image-3799" title="la-mujer-que-cantaba-poster" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/08/la-mujer-que-cantaba-poster.jpg" alt="la mujer que cantaba poster Incendios y La mujer que cantaba" width="367" height="520" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Y bueno, en el curso de esta semana, ojeando la cartelera de los cines me topé con un título atractivo: <em>La mujer que cantaba</em>… cuyo título original es <em>Incendios</em> y en letra pequeña el autor: Mouawad. Me dije “esto no puede seguir así”. Agarré un paquetito de Kleenex para el momento de la chillada y me lancé a verla con el resultado previsible: salí de la sala perturbado, atiborrado de reflexiones sencillitas: “¿Qué es la vida? ¿Hacia dónde voy? ¿Tiene sentido lo que pasa?”</p>
<p>En la cima de mi inocencia (o ingenuidad, para ser claros) no creí posible -en un mundo melodramático y <em>posmoderno</em> como el actual- la puesta al día de la Tragedia, pero Wajdi Mouawad, sujeto de múltiples orígenes, me hizo <em>sufrir reconfortado</em>: el sentido de la tragedia sigue ahí. Agazapado entre cientos de melodramas de a peso. Estas son buenas y trágicas noticias para quienes gustan disfrutar de cierto tipo de eventos artísticos. El que busca, encuentra.</p>
<p>¿Cómo pueden pasar tantas cosas en la vida de una persona? Cuando terminé de ver la cinta me sentí “mal” por tener una existencia tan sencilla. ¿Qué me ha pasado como para presumir de un transcurrir medianamente interesante? Cualquiera de mis “cimas” en materia de “historias subyugantes” no pasa de un mero valle florido frente a otras vidas, ésas sí, intensas.</p>
<p>Con la película el asunto va de esta manera: la muerte de Nawal, sorprende y libera a sus hijos gemelos Jeanne y Simón. La lectura del testamento resulta un trámite que debe hacerse con agilidad (según Simón) y pasar a otra cosa. A la vida sin ella: “ya se murió mamá, ahora podemos estar en paz”. Eso más o menos le dice a su hermana, tratando de evadir el cumplimiento de la “última voluntad” materna. Jeanne, por el contrario, decide cumplir el deseo y empieza el viaje al origen. Una odisea: quiere <em>saber</em> (las mujeres, sobra decirlo, se toman en serio todo lo que tenga relación con el origen: son raíz; los hombres siempre andamos por las ramas o, dicho menos elegantemente, <em>en la pendeja</em>). La petición de Mawal es atípica: deben entregar dos cartas. Una al padre de los gemelos (a quien creían muerto) y otra a un hermano de ambos (de quien ignoraban su existencia).</p>
<p>El viaje en pos del origen depara sorpresas a los gemelos respecto al pasado de una madre cuya vida en Canadá transcurrió normal, sin nada excepcional salvo cumplir con un trabajo de secretaria de un notario y abrumada por la pérdida de su hijo, a quien buscó (primero de manera abierta, luego secretamente) por tres décadas… y lo encontró al final de sus días. Atrás de esa existencia sencilla, en donde no cabe especular sobre algo interesante, encontramos una intensidad, vitalidad, coraje y sufrimiento más allá de lo imaginable. La vida en su versión áspera. El lado moridor.</p>
<p>Todo inicia en la mitad de los años sesenta del siglo pasado  con la huida de Mawal (cristiana) en compañía de su novio (musulmán). La relación de estos muchachos ha <em>manchado el honor de la familia</em> y sólo hay una forma de restaurar el orden alterado por el amor: la muerte de los amantes. Que la joven Mawal se haya “entregado” a un refugiado es inaceptable y los hermanos justicieros asesinan al novio. La honra está nuevamente limpia. Milagrosamente ella se salva de correr la misma suerte. La rescata su madre quien a partir de entonces dedica sus mejores y peores afanes en hacerle la existencia insufrible con sus reproches y recordatorios de la vergüenza que sus actos habían dejado al apellido. Sandeces que hasta la fecha siguen operando incluso en México (¡ah, la familia y sus estrictos protocolos!).</p>
<p>Mawal cae en una profunda depresión. Cuando nace su bebé, ella lo abraza unos minutos y una mujer se lo lleva para ponerlo a salvo en un orfanato: “Vete de aquí –le dice a la nueva mamá- aquí no hay lugar para ti”. A partir de entonces su vida toma dos rutas: la búsqueda del hijo y el involucramiento, cada vez de manera más extrema, en el conflicto religioso del Medio Oriente. La guerra hace imposible el reencuentro y ambos, madre e hijo, pasan su vida en la dolorosa esperanza de un encuentro. Esa tensión del “estar juntos otra vez” me recuerda el inicio de una novela de Carlos Fuentes: “No hay peor servidumbre que la esperanza de ser feliz”. Pues más o menos es lo que le pasa a Mawal y su hijo perdido: ambos se hacen siervos de esa esperanza: la de encontrarse. Ser felices.</p>
<p>No adelantaré más. Prefiero decirles sinceramente que no me considero un recomendador, ni crítico de cine o teatro medianamente competitivo -para eso están Sylvain Provillard, Carmen Avendaño y Omar Arriaga en esta revista- pero me tomo la libertad de ser impune: para mí, esta película –y seguro mucho más la puesta en escena- es una aproximación u homenaje a <em>Edipo Rey</em> o cuando menos a <em>Antígona</em>. Una verdadera obra maestra que desde mi modesta capacidad de persuasión recomiendo. En cuanto la pongan en cartelera vayan. En nuestro país le pusieron el título de <em>La mujer que cantaba</em>.  No está mal, aunque como bien lo dijo el postsocrático Juan Gabriel: “¿pero qué necesidad?”</p>
<p>Es una película que hace de la memoria, de lo íntimo, de la búsqueda del sentido de la vida, de lo mitológico, del peso de las tradiciones familiares su premisa y cuyo final, según supe después, dejó insatisfechos a muchos espectadores. Para mí fue excepcionalmente bueno y fuerte… muy fuerte. Trágico pues.</p>
<p>Ahora vean lo que son las cosas: mientras escribía este texto, me llega la noticia: el viernes 12 de agosto (o sea, mañana) se estrenará <em>Incendios</em> en el Foro Shakespeare en el DF y será dirigida por Hugo Arrevillaga, el mismo sujeto que dirigió <em>Bosques</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Dice uno de los productores que es tal la intensidad y el desgaste actoral, que no hay funciones dobles ni una larga temporada. <em>Incendios</em> sólo permanecerá ocho semanas (termina el 2 de octubre) y de verdad os lo digo, eventuales lectores: si pueden venir al Distrito Federal EXCLUSIVAMENTE a ver esta obra, no se arrepentirán.</p>
<p>Es de esos acontecimientos que ameritan se reporten enfermos, pidan un día de permiso, se tomen  vacaciones adelantadas o aprovechen el fin de semana. Lo que sea, pero no se queden sin ver esta obra de teatro. Si en mi departamento hubiera lugar para más de tres invitados, ofrecería el espacio a eventuales fans del teatro en “crisis de liquidez”… pero ya están apartadas esas tres plazas. Si pueden, de verdad, de verdad, de verdad, vengan a verla.</p>
<p>Trascendió que hay la posibilidad de que se lleven a cabo algunas pocas extensiones a la provincia. Yo me pregunto: ¿habrá la sensibilidad y la generosidad en alguien (persona o institución) como para llevarla a Morelia? Pocas veces se tiene la oportunidad de ver algo tan bueno.</p>
<p>Termino con unas palabras de Mouawad: “En 1992 pedí una beca para ir al Líbano. Salí de ahí con ocho años y regresé con 25. Pretendía volver a un país que había acabado por ser un fantasma en mi memoria, con la esperanza de que lo que en mi infancia viví como una suma de horrores no fuera más que un mal sueño. Pero mi ilusión se esfumó. Ver los lugares olvidados fue un recuerdo espantoso que me transportó a un pasado real. No fue tanto un viaje iniciático como una odisea, porque la odisea es un retorno hacia sí mismo”.</p>
<p>FICHA: <em>Incendios</em> se presentará los viernes a las 20.30 horas; los sábados a las 19 horas y los domingos a las 18 horas en el Foro Shakespeare (Zamora #7, en la Condesa).</p>
<p>Me avisan si vienen.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Para qué leer</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 07:45:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Mejía</dc:creator>
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El asunto del fomento a la lectura ha sido un tema que ha ocupado la atención de todos&#8230; aunque esos todos sean unos cuantos. Parece ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3239" title="por qué leer" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/05/por-qué-leer.jpg" alt="por qué leer Para qué leer" width="300" height="225" /></p>
<p style="text-align: justify;">
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<p style="text-align: justify;">El asunto del <strong>fomento a la lectura</strong> ha sido un tema que ha ocupado la atención de todos&#8230; aunque esos todos sean unos cuantos. Parece haber consenso en eso de que la gente debe leer más. Luego, para amarrar, se dice que la lectura nos hace mejores seres humanos. Yo, la verdad, no sé si leer haga eso porque he visto ejemplos que desmienten la aseveración.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Otro punto que se saca a la menor provocación es que en México se lee medio libro al año (otras encuestas dicen que uno&#8230; qué alivio). No sé cómo le hacen para sacar ese porcentaje porque, la verdad, yo transito por un país de lectores. Por doquier veo gente leyendo, ensimismada en algún texto. Es más: cuando llego a una peluquería (o mejor, a una &#8220;estética&#8221;), lo primero que busco es el número más reciente de TV Notas (no confundir con TV Novelas, que es muy mala). Confieso que, si por azar, en ese establecimiento estuviera el último número de Nexos o Letras Libres&#8230; escogería sin dudar, el de TV Notas. Ese, amigos míos, es el pequeño naco que aletea en mí.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Y a mi alrededor, mientras me dan mi afinada capilar, veo lectores absortos de Vanidades, Cosmopolitan, Hola y demás joyas de la literatura. O sea, para abreviar, que en México se lee mucho, lo que pasa es que alguien se preocupa porque no leemos &#8220;lo que debemos leer&#8221;. ¿Qué es lo que deberíamos leer en lugar de tan amenos productos literarios de segunda clase? Pues libros. Así. Libros.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Entramos a otro problema: ¿no se lee muchísimo a un engendro como Carlos Cuauhtémoc Sánchez? Chequen sus tirajes. Los libros de superación personal y esotéricos ¿no tienen miles de ejemplares por edición? Respuesta: sí, pero no se refieren a eso quienes se preocupan porque sólo leemos medio libro al año.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Ya sé. Se refieren a que deberíamos leer, cosas como <em>El Principito</em>, <em>El Quijote</em>, a Octavio Paz, Fuentes, Zaid, Pacheco, Borges, a Calvino&#8230; en lugar de seguir las sagas del <em>Código Da Vinci</em>, por ejemplo. Estaría bien, pero no lo hacemos ¿por qué? La verdad, en mi experiencia, no se leen a esos autores y obras porque, como todo lo que vale el esfuerzo en esta vida, dan<strong> </strong>trabajo. No son fáciles. Creo que, actualmente, hasta se necesita cierto apoyo de un lector sin fisuras que sirva como guía en tan magna empresa. Otro problema: leer no da beneficios materiales ni prestigio aunque Borges, que de esto sabía mucho, decía que se sentía más orgulloso de los libros que había leído y no tanto de los que había escrito (yo estoy de acuerdo con él).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Los ejemplos de burros que han triunfado sin leer ni siquiera medio libro (chance ni media página) son numerosos y distinguidos: Juan Gabriel lo confiesa de lo más conchudo: &#8220;nunca he leído un libro&#8221; y mírenlo, rico hasta la ofensa. El expresidente Fox tenía una relación de lo más conflictiva con los libros y llegó a ser el mero machín de México gracias a nuestro voto. ¿Ustedes creen que los vanguardistas escuincles de RBD leerán dos páginas de un libro en su vida? Yo lo dudo (leen TV Notas).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Lo que uno, desde su modesta y humilde posición guadalupana puede hacer, es aprovechar cualquier ocasión para seducir y convertir a alguien a la buena lectura (o sea, autores como los que mencioné antes). Seducir, como todos los que leen este texto saben (porque leen libros&#8230; o blogs) significa algo así como &#8220;llevar aparte&#8221;&#8230; y eso se hace con los libros o las conquistas femeninas o masculinas (depende pues). Si el tipo que quiere convertir a otra persona a la lectura no es lector, seguro que el esfuerzo fracasará. Por eso en las escuelas esto es un desastre. ¿Cómo van a ser seductores los profesores si son unos burros absolutamente competentes?</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Si quieren ver la manera en que la lectura transforma a quienes se hacen adictos, vean una película (jeje, en lugar de decir &#8220;lean un libro&#8221;, recomiendo ver una película) que se llama &#8220;La sociedad de los poetas muertos&#8221;. Les va a gustar y chance hasta ganas de leer les den.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Yo, por mi parte, en mi buró tengo una historia magnífica que creo terminar en dos días más: <em>Autobiografía de mi madre</em>, de Jamaica Kincaid, ed. Lumen.</p>
<p style="text-align: right;"><em> Imagen: CC 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/neeta_lind/">Neeta Lind</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3238&type=feed" alt=" Para qué leer"  title="Para qué leer" />]]></content:encoded>
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		<title>El amor</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Feb 2011 09:25:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Mejía</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y bueno, a petición de Cristina, miembro distinguido  (“miembra distinguida”, para no ofender al feminismo) de esta revista electrónica, me pongo a deslizar el lápiz ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Y bueno, a petición de Cristina, miembro distinguido  (“miembra distinguida”, para no ofender al feminismo) de esta revista electrónica, me pongo a deslizar el lápiz (cosa difícil siendo computadora) para ver si sale algo. Lo dudo y me sorprende que me pidan “chorear” sobre algo de lo que es casi imposible hablar con propiedad o con datos irrefutables. ¡Como si yo supiera algo del asunto! Más bien, como muchos y muchas, soy un damnificado de semejante sentimiento. ¡Oh, qué desgraciado soy, por los clavos de Cristo!</p>
<p style="text-align: justify;">Pero sí se siente bonito eso de estar enamorado, hay que decirlo de entrada. No me refiero a ese “estar enamorado” de los hijos, de los padres, de la familia. No. Sabemos a qué nos referimos.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque parezca un monumento a la cursilería, saber qué es el amor es cosa de lugares comunes, por ejemplo “amor es tu sonrisa”… o frases inmortales que les dejo de tarea a los cinéfilos: “Amar es no tener que pedir perdón” o una de verdad matadora en el contexto en que se pronuncia: “Nosotros tenemos Paris…” y la última: “Hay cosas que sólo se sienten una vez en la vida y eso siento por ti”. Eso es el amor y un amor para que pase a la historia personal de manera significativa o pase a la Historia (con mayúsculas) de la humanidad… debe ser trágico o cuando menos un drama pero nunca un melodrama. Ya lo dicen los clásicos: los amores felices no hacen Historia.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-2577" title="amor" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/02/amor1.jpg" alt="amor1 El amor" width="334" height="400" /></p>
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<p style="text-align: justify;">Un sentimiento que a todos nos hace felices siempre está permeado por la infelicidad ¿por qué? Ni idea. Pero así es. Como ya lo dijo el filósofo José José, “el amor acaba” y ésa es la bronca: ¿por qué acaba? ¿Acaso antes no acababa y es “culpa” de esta trepidante modernidad o posmodernidad? Más adelante pondré algo al respecto. Digamos que en el último párrafo (no se vayan a olvidar de esta información).</p>
<p style="text-align: justify;">Últimamente he pensado que la “culpa” la tiene la pasión, ese sentimiento del que uno es gozosa víctima. La pasión, ese padecimiento (de ahí nace la palabra) nos hace ver cosas y decir otras que no son del todo ciertas o que están circunscritas al momento justo de esa locura y está bien. Las pasiones, como dijo alguien, no se analizan, se obedecen… y así nos va muchas veces.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo malo es que la pasión, que es un vil padecimiento, cumple sus propias reglas: si algo se padece… dejará de padecerse. Ya sea porque uno se “alivia” o se muere. La pasión pues, se acaba. Eso no hay la menor duda. La pasión sólo requiere, para Ser, de un ingrediente: el deseo… y éste para ser deseo también requiere de algo básico: la imposibilidad. Sobre esto hay un chamaco bien picudo que se las sabe todas: Lacan. Es un perro este tipo y si quieren saber más de eso los remito a sus libracos. Yo paso. Demasiado elevado para mis terrenales reflexiones.</p>
<p style="text-align: justify;">La pasión pues, busca satisfacer un deseo, una imposibilidad y cuando el virus pasional nos agarra… Oh my God! Es de lo más satisfactorio porque se establece ese momento mágico de la unidad platónica antes de que Zeus separara a los andróginos… o dicho en palabras del grupo Timbiriche “tú yo somos uno mismo”. El lenguaje de los amantes es exclusivo y excluyente (valga la redundancia) y en ese momento en que el tiempo se detiene y las mentiras, que dicen más que la verdad, fluyen sin control, se está plenamente en el amor, amor, amor.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero se acaba, carajo. ¿Saben por qué? Porque el deseo, cuando se cumple, deja de ser deseo.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo creo, a mi augusta edad de medio siglo y luego de haber jugado varios partidos en la liga premiere y en la municipal (y haber pagado las consecuencias de tal desacato) que el “problema” está en la pasión: si uno quiere que el amor sea eterno mientras dure, debe hacer algo con la pasión. Aprovechar, digamos, esa magia para construir algo más allá de la carne (pero sin renunciar a ella porque no se trata de una penitencia).</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí está lo difícil porque el mundo moderno está en contra del amor duradero. Los roles han cambiado, las mujeres han avanzado de manera descomunal y nos han dejado a la orilla del trayecto amoroso. Parece que ellas están buscando un hombre que todavía no existe y los hombres una mujer que ya no existe. En otras palabras, está cabrón.</p>
<p style="text-align: justify;">Terminajos como compromiso, lealtad, fidelidad, parecen descabellados pero de verdad creo que son esenciales si queremos salir airosos de un mundo al que no le importa lo que hagamos mientras seamos productivos, consumidores, olvidadizos, sin referentes, sin sentido religioso de la vida, plagados de razones y no de sentidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y bueno, la verdad no soy quien para decir algo del amor porque me ha ido como en feria (pero lo bailado no me lo quita nadie, eso sí).</p>
<p style="text-align: justify;">En mi computadora me encontré algo que escribí sobre el amor y que dejo nomás como referencia. No les dejo el texto completo porque estaba (yo) en fase intelectual y eso es insoportable. Creo sirve a fin de cuentas. Así que salud y déjense llevar por la pasión y hagan algo decente con ella… porque se acaba, amiguitos. Se acaba.</p>
<p style="text-align: justify;">La sociedad actual está sobre institucionalizada e impide el proceso de retransmisión de la Ley a nivel de lo simbólico; todo se normatiza. Se desresponsabiliza cada vez más al individuo de sus actos dejándolo dentro de una incertidumbre que dificulta el estar en pareja. “La segunda modernidad, con su individualismo no lineal, es el resultado de la retirada de las instituciones clásicas (el Estado, la clase, la familia nuclear, el grupo étnico). Los roles que en la primera modernidad reproducían individuos y sistemas lineales han sido ahora transgredidos&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">El individuo está inmerso en un amor caótico, un amor sin referentes reales que hacen girar la mirada hacia la idealización de un amor posiblemente inexistente (debido a las circunstancias sociales actuales, la búsqueda del amor a partir de una diferencia que pareciera irreconciliable) y nostálgico. Al amor resguardado por instituciones que lo hacían funcionar y en donde ahora pareciera que se ponen cada vez más trabas para su realización: La falta de Ley, de referentes comunes, el individualismo egoísta, la casi nula retransmisión de lo simbólico del padre a los hijos, la inserción de la mujer al campo laboral, la independencia, la libertad&#8230; El amor como derecho de réplica, el amor como elección.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>I</em><em>magen CC 2.0 por <a href="http://www.flickr.com/photos/zenera/">zenera</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2544&type=feed" alt=" El amor"  title="El amor" />]]></content:encoded>
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		<title>Hombres buenos y maravillosos</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jul 2010 21:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Mejía</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Mi Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[programas]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Dónde si no en la tele?
Los artistas (cantantes, actores y fauna parecida) junto con los deportistas, son los seres más chistosos de la vida cotidiana. ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1434" title="c6_hombrebueno" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/07/c6_hombrebueno.jpg" alt="c6 hombrebueno Hombres buenos y maravillosos" width="351" height="233" />¿Dónde si no en la tele?</p>
<p>Los artistas (cantantes, actores y fauna parecida) junto con los deportistas, son los seres más chistosos de la vida cotidiana. Paso a explicar el asunto.</p>
<p>Cuando alguien decide meterse a tablajero no podrá decir que le deprimen los chillidos de los puercos cuando los está matando. Si sale gimoteando que no puede poner oídos de carnicero a los chillidos de los marranos, la cosa está mal. Muy mal. Si un futbolista sale de nena quejándose de las patadas que le acomodan cuando el árbitro no ve las acciones… la cosa está mal.</p>
<p>Cuando Jared Borgetti se va con sus amiguitos a un antro, se liga a una chava, le toman fotos y luego asume la actitud de los artistas mezclada con la de los deportistas mediáticos arrepentidos… la cosa es patética. ¿Pos qué esperabas, chamaco? Leer sus sentidos arrepentimientos en TV Notas es de lo más… mmh… ¿cómo decirlo? ¿Simpático? ¿Triste? No. Es ridículo.</p>
<p>¿Qué pasa por la cabeza de estos sujetos y sujetas siempre listos a ventilar sus problemas íntimos para regocijo del respetable público?  Pocos artistas y deportistas conozco capaces de llevar una profesión sujeta al escrutinio de miles de personas y al mismo tiempo mantener a buen recaudo su vida familiar. Un cantante que permite difundir sus problemas de pareja ¿es un hombre maravilloso? La esposa de Borgetti ¿se siente satisfecha y lista a perdonar a su marido cuando éste utilizó una revista para decirle que está bien arrepentido, que la ama y que por favor le dé un chance a la relación?</p>
<p>Suele ocurrir con las artistas. Una actriz conoce a un mequetrefe, la pasea, la trata bien… y a las dos semanas lo anuncia a las revistas del corazón: “Es un hombre maravilloso, respeta mi carrera, por fortuna está alejado del medio artístico y eso me hace amarlo más. Me ha devuelto la fe en el amor y aprendí a perdonar a mi anterior marido”. Wow.  Al medio año pasa lo normal: es un mequetrefe (y ella una mequetrefa). Cuando vi  las fotos de Borgetti con una chava me dio pena ajena. Cuando vi su cara compungida, sirviéndose unos frijoles en el hotel, solito, desolado e implorando perdón por ser tan normal, me dio risa. Pobre tipo. ¡Ventilar su vida en una revistilla de a peso!</p>
<p>El colmo de la frivolidad, el mal gusto, la vulgaridad y el ansia de ser parte del show, lo escenificó una mujer conocida como La Chiva. Famosilla por salir en un programa de tele, estar bien buena y ser muy pendeja (o sea, lo esencial para triunfar en el negocio del “showbisnes” y en “sociedad”). Esta mujercita ya había sido echada al olvido piadoso por Televisa. Luego de sus minutos de fama, de rolarla en antros con amigos bien buena onda, ser asidua del hoy famoso Bar Bar donde le dieron un balazo a Cabañas, se fue a su natal Mérida. Muchas cosas feas experimentó esta grácil damita, ya saben: decepciones amorosas, laborales, peticiones indecorosas aceptadas sin muchos réditos a cambio y, en fin, todo lo normal en esta vida le pasó a la Chivita. Incluso la roló con un gañán de billete (de manera informal, ya saben; nada serio) quien es presunto responsable del balazo al futbolista. En medio año, el JJ la paseó, la trató bien y la embarazó… luego, claro, desapareció. La Chivis se fue a Mérida en donde (por supuesto) encontró a un hombre maravilloso que la comprendió, le devolvió la fe en el amor y todas esas macanas.</p>
<p>Pero la Chiva se aburría. Su hombre bueno era eso: bueno. Ninguna relación con la adrenalina secretada al lado del mequetrefe JJ… fue cuando ocurrió el milagro: el tipo que intentó asesinar a Cabañas… era el padre de su hija. La Chiva pensó “ya era hora… esto no podía seguir así” y anunció a la nación en pleno, con mucha pena, claro, que ese sujeto miserable, delincuente y asesino (a todo hay que anteponerle el vocablo “presunto”) era el padre de su hija. ¿Cómo la ven?</p>
<p>En un acto de valentía, para apoyar a las autoridades y volver a salir en la tele, las revistas y los noticieros, la Chivilla se pasó por el arco del triunfo a su hija, familia, amigos y a ella misma. ¡Todo por salir en la tele otra vez! En esta sublime estupidez contó con el apoyo de un hombre bueno y maravilloso, quien pudo decirle: “Sí mi amor, cuenta todo a México. Diles que un delincuente, con quien la rolaste de manera informal, es el padre de tu hija y que yo, aunque creí ser un papá para ella, es mejor lo sepa: el verdadero  autor de sus días es un pelafustán. Constará en los medios de comunicación, mi amor: anda y ve”.</p>
<p>Y la Chivilla la roló, de manera formal, por procuradurías y canales de tele poniéndole en la mother a su hija. ¿Se imaginan a esa niña cuando le recuerden que su papá (el verdadero, no el “hombre maravilloso”) es un delincuente?</p>
<p>Lo que hay qué ver.</p>
<p>Ayer me fui a cortar el pelo. Frente a mí estaba la revista Proceso, un Letras Libres y TV Notas. Por supuesto que agarré TV Notas (¿quién tomaría esas aburridas e intelectualizadas revistas? Es más: ¿qué hacían en una peluquería?). Abrí sus páginas y vi al buen Jared Borguetti chillón, atribulado y pidiendo perdón de la manera más patética posible: en una revista de chismes. Tal vez la misma que lo captó con una amiga en un antro. ¿Pensó en su esposa, sus hijos, su familia? No creo. A los artistas, los políticos y  los futbolistas no se les da la sinapsis.</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=1433&type=feed" alt=" Hombres buenos y maravillosos"  title="Hombres buenos y maravillosos" />]]></content:encoded>
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