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	<title>Siriusfem, Explora tu Interior &#187; Tiestherido</title>
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		<title>Veintidós años</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 09:17:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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Recordaba vivamente un día de septiembre del 2002 en el que oí por la radio un poema de José Emilio Pacheco que me conmovió, especialmente ...]]></description>
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<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/yo-mujer/veintidos-anos/attachment/106446137/" rel="attachment wp-att-5186"><img class="alignleft size-destacado wp-image-5186" title="106446137" src="http://www.siriusfem.com/wp-content/uploads/2012/02/106446137-507x230.jpg" alt="106446137 507x230 Veintidós años" width="507" height="230" /></a>Recordaba vivamente un día de septiembre del 2002 en el que oí por la radio un poema de José Emilio Pacheco que me conmovió, especialmente un verso que decía: “ya tienes para siempre veintidós años”. Ese verso se me quedó grabado quizá porque en aquellos días una amiga, a la que aún aprecio mucho, acababa de cumplir veintidós años. Al menos eso recordaba. Un recuerdo conduce a otro y me acordé de que como regalo de cumpleaños la invité a un concierto de Cranes. Pero la memoria es una tramposa, nos hace fraudes continuamente y es, de hecho, la mejor de las embaucadoras. Gracias a la memoria precisa del internet descubrí que tal concierto se efectuó el 9 de noviembre del 2002. Dos meses después de mis recuerdos. Tal vez fue un ligero error; pero esa fecha me llevó a pensar en otra amiga que ese exacto día dejó de tener veintidós años, y según mi memoria ese día habíamos tomado un café y le había dado el disco One Beat de Sleater Kinney, el cual según Wikipedia había salido a la venta tres meses antes en Estados Unidos. Es evidente que mis recuerdos se ordenaron para parecer más lógicos. No fallaron por un amplio margen; sin embargo, sentí que ese margen de error, por más pequeño que sea, es una pérdida irreparable.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo también tenía veintidós años en el 2002. Era cursi, inmaduro y arrebatado. Soberbio, insensato e intranquilo. ¿Cómo era posible que actuara como si no supiera nada de la vida? A veces decía cosas que creía, pero que aún no había vivido. ¿A quién engañaba? De seguro a nadie. Y de seguro ahora mismo no engaño a nadie. Sigo sin madurez, pero mi kilometraje ya me produce achaques.</p>
<p style="text-align: justify;">Decimos un número como si tal número tuviera un significado en sí mismo. Pero realmente, ¿qué significa tener veintidós años? ¿Una piel bonita? ¿Entusiasmo por las fiestas, el alcohol, los conciertos? ¿Entusiasmo por la universidad, los viajes, la independencia? Quizá sobra decir que todo eso es relativo y, en el fondo, casi no significa nada. Hay quienes conocen los vicios desde la niñez, hay quienes jamás pueden hacer conciencia de la anchura del mundo, y quizá haya quienes lograran madurar pronto y pasaron sus épocas juveniles con un paso lento, de ancianos.</p>
<p style="text-align: justify;">A los veintidós yo no había vomitado aún por culpa del alcohol ni había tosido nunca por el tabaco. No sabía distinguir entre cerveza clara y oscura. Mi ignorancia era comparable con la de los políticos. Por aquellos días que he olvidado comencé a estudiar literatura y un profesor de lingüística, luego de preguntarnos la edad, nos previno contra los veintitantos: tengan cuidado porque a esa edad uno se siente muy inteligente, dijo. Un par de años después, encontré al compañero que estaba a mi lado aquel día del brazo de una chica embarazada. ¿Contra eso nos prevenía el profesor? No sé, pero pienso que la inteligencia, posiblemente, es la desconfianza en la propia edad, cualquiera que ésta fuere.</p>
<p style="text-align: justify;">Es muy conocido un verso de Rimbaud contra la inexperiencia: nadie es serio cuando se tienen diecisiete años. Citaré a otro poeta, Gil de Biedma: “Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”. Pero quizá, tal vez nunca comprendemos la seriedad de la vida, comprenderla significaría ser sabio, ¿y quién es sabio en este mundo de locos?</p>
<p style="text-align: justify;">A los diecisiete, a los veintidós y, aún ahora, frisando la edad de Cristo, no soy serio. Desconfío mucho más de mis ilusiones, eso sí. Creo que adoptaré la humildad de usar la frase: si la memoria no me falla. Porque me falla mucho y me hace perder un montón de pequeñeces que he amado. Aunque por eso mismo sigo con ganas de vivir y de disfrutar las minucias.</p>
<p style="text-align: justify;">Independientemente de mis palabras desordenadas, existe una sociedad que asigna ciertos roles a cada edad. No es una asignación injusta necesariamente, pero no la debemos considerar perfectamente eficaz. Actuamos con los niños condescendientemente, se les trata como si fueran tontos. Con ellos nos damos el lujo de la ternura y de la fantasía. ¿A quién buscamos complacer, a ellos o a nosotros mismos? Pero de pronto crecen, se vuelven capaces de reproducirse y de inmediato se procura lanzarlos fuera del jardín de la irresponsabilidad hacia el este del Edén, que es para más datos un lugar lleno de obligaciones y culpas. Por supuesto, conozco las millones de excepciones. He llegado a creer que los niños pobres no tienen infancia, es decir, tienen muy escaso tiempo para disfrutar los juegos. Basta mirar la mirada de los niños que suben a cantar o a vender chicles en el metro. No es una mirada infantil la que lanzan. Su edad ha sido violada. ¿Y qué decir de las niñas con niñas en brazos? Qué extraño resulta pensar que en la historia de la humanidad lo normal fue que las adolescentes parieran hijos. Vivimos ahora procurando retrasar ese momento: nuestra época le pediría a Adán y a Eva que se esperaran un poquito más antes de arrancar el fruto del árbol de la vida, primero obtengan un doctorado en cualquier cosa y mejoren sus puntos en el buró de crédito, ya después de eso comiencen a equivocarse.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay prisa por madurar en nuestros días. ¿O así fue siempre? Yo ya desconfío de mis ideas. Ahora está mal visto tener relaciones con una menor de dieciocho años. ¿Y quién dijo que los dieciocho son una frontera precisa y clara y natural entre el bien y el mal? La verdad es que yo me imagino a Eva y a Adán como dos púberos. A cualquier edad uno puede ser irresponsable y responsable. Hace unos meses o no sé cuánto casi crucifican a un cantante por tener sexo con una chica de diecisiete años. Tal vez me juzguen como inmoral pero yo no veía ningún delito. ¿Cómo le hacen para tener tanta fe en la edad? Es una duda verdadera. Pareciera decir la ley que a los diecisiete existe el derecho a ser ingenuo y un año después la ingenuidad se debe llamar estupidez. De un año a otro, peor aún, de un día a otro, la crueldad de un asesino pasa de merecer orientación por unos meses a merecer treinta años de prisión. ¿Qué clase de magia ocurre el día que se cumplen dieciocho años?</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no confío en esos números: el kilometraje es mucho más relevante. Caminar y leer mucho, platicar y solitarear mucho, eso hace que avance nuestro kilometraje. El esfuerzo que hacemos por levantarnos de las caídas: no precisamente las caídas y no precisamente el esfuerzo. Eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquella sentencia de Alain Delón: el hombre tiene la edad de la mujer a la que ama. No me parece verídica. Pero yo todavía ni siquiera entiendo qué es la edad. Los casos de Edith Piaff y Theo Sarapo, así como el de Woody Allen y Soon-Yi, yo podría pensar que reflejan el complejo de Edipo, si no fuera porque pienso que la edad es relativa, un misterio aún, y que de ningún modo el amor podría ser una enfermedad ni siquiera en un mundo en el que el odio pretende ser lo natural. Con esto he vuelto a José Emilio Pacheco. Por eso, finalizo con unos versos del poema “A la que murió en el mar” de JEP que desató estos recuerdos y estas divagaciones:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El tiempo que destruye todas las cosas</p>
<p style="text-align: justify;">ya nada puede contra tu hermosura</p>
<p style="text-align: justify;">muchacha</p>
<p style="text-align: justify;">Ya tienes para siempre veintidós años.</p>
</blockquote>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=5164&type=feed" alt=" Veintidós años"  title="Veintidós años" />]]></content:encoded>
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		<title>La misericordia del tiempo</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 09:01:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para el poeta Rubén Bonifaz Nuño , toda juventud es sufrimiento y el joven sufre “hasta que la misericordia del tiempo lo apacigua”.
Son palabras que ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Para el poeta Rubén Bonifaz Nuño , toda juventud es sufrimiento y el joven sufre “hasta que la misericordia del tiempo lo apacigua”.</p>
<p style="text-align: justify;">Son palabras que me impactan, sin embargo, me pregunto a qué se refería exactamente con eso de la misericordia del tiempo. ¿Se trata de la edad? Porque la edad nos apacigua en efecto. Me parece inconcebible un Alejandro Magno conquistando el mundo a los cincuenta años. Si don Quijote se hubiera aventurado a los veinte a proteger doncellas y amparar viudas sería un héroe, aun cuando fuera igual de insensato; pero por haberlo hecho pasado los cincuenta lo llamamos loco.</p>
<p style="text-align: justify;">También llegó a impactarme una reflexión de Nietzsche, cuando yo frisaba los veinte, sobre la inmadurez de Jesucristo. Así como yo miro los catorce años, alguien de cincuenta mirará los treintaitrés de Cristo y podría pensar: pobre chico. Quizá el apaciguamiento también se parezca a la soberbia. Jesús tenía una buena edad para resistir el cansancio y aguantar los propios impulsos, aunque por ahí cometiera alguno. A los cuarenta no creo que hubiera corrido a los comerciantes del templo, aunque existen energúmenos a cualquier cantidad de años. Cuando veo a un hombre de la tercera edad estallar en improperios y agredir físicamente como una bestia irracional, lo menos que puedo decir es que es una persona desquiciada, candidata a manicomio, y me deja una duda: ¿por qué el tiempo no le ha tenido misericordia?</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/el-mundo/la-misericordia-del-tiempo/attachment/misericordia-tiempo/" rel="attachment wp-att-5087"><img class="alignleft size-full wp-image-5087" title="misericordia tiempo" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2012/02/misericordia-tiempo.jpg" alt="misericordia tiempo La misericordia del tiempo" width="414" height="414" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo alguien puede pasar por una edad sin madurar? Pienso que es parecido a cuando vemos un paisaje hermoso, o una sala de arte magistral, u oímos una sinfonía sublime, y alguien a nuestro lado parece que no ha visto, no ha oído o no se ha interesado en lo absoluto.</p>
<p style="text-align: justify;">La frivolidad es enemiga de la madurez. Es enemiga de todas las virtudes, pero en especial de la prudencia, la cual es casi sinónimo de madurez. La fruta verde, si no es pera, es una imprudencia. Conocer el tiempo es para cada cosa la sabiduría máxima o la sabiduría misma. Por eso el Eclesiastés es uno de mis libros preferidos. Lo que no sé es si era tiempo de leerlo durante la adolescencia. ¿No es una época para rebelarse, desenfrenarse, para volcarse con toda la alegría para alcanzar los placeres que ofrece el mundo en lugar de reflexionar sobre las vanidades? Ya sabemos que uno no alcanza esos placeres y que uno se llena de arrepentimientos y de fracasos, y por consiguiente, la alegría va cediendo terreno a la ecuanimidad, en ocasiones a la amargura. Más o menos.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo siento una contradicción palmaria que no me sé explicar: soy mucho menos alegre y mucho más feliz que hace diez años. Es que la alegría es una felicidad engañosa. Yo tenía la alegría aterrada del niño que en un columpio goza el aire y la sensación de vuelo, mas, al mismo tiempo, se angustia por la posible caída, siente un gran miedo y renuncia a continuar columpiándose. Prefiero mi vida actual, sin embargo, no me ha sido fácil desterrar la nostalgia por la alegría de la inmadurez. Desterrarla por completo sería la plena madurez.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace poco platiqué con dos hombres de distintas edades. Uno me confesó que jamás ha votado, que solo ha ido a las casillas electorales para anular su voto y a escribirles cuatro verdades a esos farsantes que llamamos políticos. Me dijo además que este año ya no piensa tomarse esa molestia. Asimismo en alguna otra ocasión me confesó que ya se estaba desesperando de que las cosas no cambiaran: sexenios van, sexenios vienen y nada nuevo bajo el sol de la corrupción, de la impunidad y de la injusticia. El primer voto que anuló fue en 1952 cuando Ruiz Cortines llegó a la presidencia. Nomás sabía jugar dominó ¿para qué votaba por él? Eso me dijo, y el otro hombre, que tampoco nunca ha votado, me dijo algo parecido: solo podemos votar por ladrones. Pero parecía más contento, quizá porque en lugar de 78 años, tiene catorce. Yo disfruté ambas pláticas y aprendí de los dos. Sin embargo, no creo que pudiera invitar a ninguno a una fiesta para emborracharnos oyendo a Joy Division.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres son como las generaciones de hojas, según el clásico por excelencia. Pero quizá no. El sol no es precisamente el mismo. Se va cansando. A una generación de hojas a veces le toca enfrentarse al muérdago, resistir o sucumbir. A una generación humana le toca edificar, a otra destruir. Hay tiempo para todo, como escribió Cohólet. El punto es que nuestra edad está vinculada a una generación dentro de la historia, por tanto le corresponden ciertos retos, ciertas características. Mi generación, siento yo, está comenzando a saludar. Los que nacimos en los ochenta estamos luchando por tener un micrófono para decir apenas las pocas cosas que sabemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada generación mira el mundo desde un lugar distinto y por eso sentimos que es un mundo renovado, simplemente porque nos ubicamos en otro sitio de esa enorme onda que es la historia. No hablo por mi generación porque tengo muy poca idea de qué ideas tenga ella, pero yo veo un mundo muy jodido y demasiado grande. La globalización nos ha vuelto más pequeños. Y también creo que nos hemos quedado sin utopías confiables, con valores endebles y con un planeta que ya claramente se está quejando.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ¿cómo saber si esto es verdad o es la mirada catastrófica de nuestra generación? O más bien, de las generaciones que nos anteceden y que nos han ido heredando. ¿O cómo saber si nada más soy yo el exagerado? Mientras el resto vive feliz tuiteando.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy que he visto, gracias a la magia de Facebook, una foto de los compañeros que tuve en la secundaria y he visto, además, cómo la edad les ha dejado sus marcas, creo más en la eternidad de la vida, no en la mía, sino en esa pasión de la materia que la hace transfigurarse. Y en esa eternidad, sin lenguaje, no puede haber ni historia ni edad.</p>
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		<title>Sobre matrimonios infernales</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 09:03:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse,
pero él les dijo: No todos son capaces de eso…
Mateo, XIX, 10
Se puede ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse,</p>
<p style="text-align: right;">pero él les dijo: No todos son capaces de eso…</p>
<p style="text-align: right;">Mateo, XIX, 10</p>
<p style="text-align: justify;">Se puede creer que uno no desea la desdicha, que ésta es inevitable y que en la vida nos suceden desdichas sin que sea nuestra plena responsabilidad padecerlas.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno puede contraer matrimonio, o algún otro compromiso de pareja, y notar que una buena relación se transforma en un infierno de modo inexplicable. Se puede y se suele, entonces, buscar consejos para que tal cosa no se repita. Pero quizá uno no se da cuenta de que vale la pena preguntarse por las escondidas rutas de nuestro inconsciente que nos llevaron a tal relación infernal.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestras conductas siempre comunican algo, aún a solas y en esa comunicación hay un lenguaje, que filtra la realidad, y si ese lenguaje se vuelve confuso, enfermo, nos trae una realidad desdichada.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos temas que, parece, debieran plantearse con mucha seriedad, tienen un lado absurdo. Desde fuera puede notarse que ciertas parejas que se unen no van a vivir felices, que ambos miembros desean modificar al otro o que sus motivaciones para estar juntos no garantizan que puedan construir un buen matrimonio. Sin embargo, desde dentro, la perspectiva quizá esté muy limitada, acaso, como se suele decir, “el amor es ciego” o la pasión que hace codependientes a los enamorados, limita su capacidad de análisis.</p>
<p style="text-align: justify;">Jay Haley en su ensayo: “Cómo contraer un matrimonio infernal”, utiliza la ironía para mostrar esa serie de errores cometidos por los matrimonios fracasados, que deberían ser evidentes, no sólo para un observador externo, sino para los participantes mismos. Lo cual no sucede en general. ¿Por qué uno no puede ver con claridad el mal camino que está tomando?</p>
<p style="text-align: justify;">“Fundamentalmente –dice Haley&#8211;, la elección de una persona con quien casarse debe cumplir dos requisitos: él o ella han de presentar interesantes defectos diferentes a los propios, y además hace falta tener el propósito de reformar a esa persona para librarla de ellos.”</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.siriusfem.com/sexualidad-y-pareja/sobre-matrimonios-infernales/attachment/l_c3_pareja_matrimonio/" rel="attachment wp-att-5048"><img class="alignleft size-full wp-image-5048" title="L_c3_pareja_matrimonio" src="http://www.siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2012/01/L_c3_pareja_matrimonio.jpg" alt="L c3 pareja matrimonio Sobre matrimonios infernales" width="271" height="184" /></a>Resulta que las personas con defectos diferentes, como los polos opuestos, se atraen. Quizá por esa idea de que los individuos son medias naranjas y no seres completos. El mito andrógino que nos hace pensar que necesitamos un complemento en nuestra pareja para restaurar una originaria escisión, como si fuéramos más débiles solos que mal acompañados.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Pero por qué se atraen? ¿Sólo por una vieja idea platónica? Hay un instinto sexual básico cuyas pulsaciones nos acerca a otras personas, por decirlo de algún modo, pero también hay un instinto de relación social, contrapuesto al sexual, según el psicólogo Alejandro Cuevas1, en el caso de los perros, las hembras distinguen entre un compañero lúdico y uno sexual. Con el segundo prefieren el apareamiento durante su periodo de celo, y cuando se termina ese lapso, vuelven con su compañero de juegos y se portan agresivas con el otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos instintos no son exclusivos de los canes. Los comparten otros mamíferos, incluidos los seres humanos. Por supuesto, no se excluyen mutuamente ambos instintos, hacia una misma persona se pueden conjuntar. De lo cual, podemos inferir que para un matrimonio no infernal, ambas características deben presentarse, es decir, esa parte un poco violenta del instinto sexual y la delicadeza y la simpatía que se aproximan a la fraternidad.</p>
<p style="text-align: justify;">En La sonata de Kreutzer, novela corta de Tolstoi, se cuenta la historia de un hombre muy celoso que asesinó a su esposa porque estaba seguro de que ella le había sido infiel. Lo interesante es que fue ese mismo hombre quien prácticamente provocó que fuera posible la infidelidad de su cónyuge. Él le pidió que tomara clases de piano con un apuesto profesor, a quien consideraba un don Juan, y decidió irse de viaje para que estuvieran a solas. Aparte de eso, la relación entre ellos era infernal, verdaderamente, a excepción de sus relaciones sexuales, el resto era atormentador para él. Y le preocupaba ver que ella lucía cada vez más hermosa, sin embargo, no podían sostener ni una plática breve siquiera. Eran como dos desconocidos que cohabitaban juntos.</p>
<p style="text-align: justify;">La historia es trágica, en mi opinión, porque muestra que un hombre inteligente, sensible y respetable es capaz de matar por una pasión enfermiza. Por relacionarse íntimamente con quien no debería relacionarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el hombre es potencia y es interdependiente, sin duda es muy cierta la sentencia popular: “dime con quién andas y te diré quién eres”. No reaccionamos del mismo modo, con personas diferentes. Nuestros problemas psicológicos no están aislados del medio social en el que nos desenvolvemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese personaje de Tolstoi en la cárcel tuvo un comportamiento ejemplar y viviendo solitariamente, si no fue feliz, al menos, no dañó gravemente a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero nuestra sociedad parece querer convencernos de que la vida se debe vivir en pareja. ¿Todas las personas serán aptas para ello? Tal vez se podría pensar que artistas con temperamentos explosivos o sumamente inestables serían incapaces de una buena relación matrimonial. Yo no estoy seguro de ello, lo que creo es que su condición de artista ocurre a pesar de sus inestabilidades emocionales y no gracias a ellas. En ese sentido, la gente que tiene severos problemas psicológicos, aun cuando su temperamento no sea nada artístico, difícilmente logrará un buen matrimonio, e incluso, tal vez una persona estable en la soltería, bajo “el yugo matrimonial” sea capaz de enloquecer, como el caso de Posdnicheff, el de Tolstoi.</p>
<p style="text-align: justify;">En la literatura hay gran cantidad de ejemplos de relaciones fracasadas. En El túnel de Ernesto Sábato, por ejemplo, un hombre que se enamora porque supone que ha conocido a la mujer que por fin ha comprendido su obra y que, por tanto, es capaz de entenderlo, aunque él no se manifieste interesado en escucharla a ella. Vive solamente en sus proyecciones, atrapado por éstas de alguna manera. Lo cual también lo conduce a la agresividad, a la violencia, al crimen.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya que sabemos que esta clase de relaciones son muy peligrosas, que para llevarlas a cabo debemos estar un tanto ciegos o casi autoengañándonos. Me surge una pregunta inquietante: ¿cómo librarse de caer en una relación así? Se puede creer que es mediante la conciencia de que nuestras conductas significan algo y algo dicen sobre cómo funcionamos en nuestro interior y en nuestras profundidades. Es decir, aprovechando el imperativo clásico: conócete a ti mismo. ¿Mas será posible que alguien no piense “a mí no me va a pasar”? ¿Será posible, sin experimentar una relación tormentosa, darnos cuenta de que no debemos cometer esos errores?</p>
<p style="text-align: justify;">Quisiera responder afirmativamente. Quisiera decir que los consejos oportunos ayudan a los que no han experimentado por sí mismos ciertas malas situaciones para evitarlas. Pero no creo que baste. Se pueden leer novelas que hablen de matrimonios desgraciados, ensayos sobre la pertinencia de la soltería para algunas personas, libros de antropología, sociología o psicoanálisis y, aún así, uno puede decirse a sí mismo: “a mí no me va a pasar”. Y pasa.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace cuatro años cuando leí por primera vez: “Cómo contraer un matrimonio infernal”. Me pareció un texto muy divertido, muy bien escrito. Haley ponía de cabeza las a veces insustanciales obras de superación personal y, agudamente, parecía mostrar unas absurdas y paradójicas maneras de granjearse la infelicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Quedaba clara la conducta autodestructiva, la confusa comunicación que se entablaba entre dos seres para volverse mutuamente desdichados. Quedaba claro el lenguaje enfermizo que estaba detrás de tales conductas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pensé que lo había entendido muy bien en aquel tiempo. Lo que me lleva a preguntar, entonces, ¿por qué me pasó a mí también? ¿Debo desconfiar de mi capacidad de entendimiento? ¿O qué tanto interviene o deja de intervenir la capacidad intelectual en las equivocaciones emotivas? No sé. Pero siento que ahora sí entiendo que la racionalidad contemporánea esté en crisis. “Quienes piensan que la educación puede mitigar la violencia de la gente, sepan que no hay tal cosa y que, en realidad, un mayor nivel cultural puede ofrecer técnicas que no están al alcance del proletariado.” Dice Haley. Y me pregunto si esos hombres del siglo de las luces, que parecían tan inteligentes, pecaron de ingenuidad al esperanzarse en la cultura como reformadora del ser humano.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Si la cultura no salva al hombre, qué lo salva?</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez aunque no exista una salvación tajante, sí exista cierta ayuda. Es útil saber que dentro de nosotros reside una potencialidad agresiva, capaz del crimen, así como una potencialidad capaz de acciones nobles y de producir arte.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenemos que conocernos sí, y todavía más, comunicarnos con nuestras potencias. No es bueno en lo absoluto ir por la vida como barca sin remos. Si nos resulta sumamente difícil controlar algún rasgo perjudicial de nuestro carácter, habrá que considerar que no es una cuestión exclusiva del carácter, el medio afecta, los lugares y las personas con quienes ese rasgo se manifiesta.</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos conocer ese lenguaje interno, lenguaje de inconsciencia, para no confundirnos. Quizá como dice el chiste: el amor eterno dura dos meses.</p>
<p style="text-align: justify;">Al inicio de la novela citada de Tolstoi, Posdnicheff le pide a una mujer que defina el amor. Ella responde que es la preferencia exclusiva de una persona a todas las demás. Pero ya no contesta cuando le vuelve a inquirir: ¿Una preferencia por cuánto tiempo? Es una cuestión importante porque es posible querer a alguien a las diez de la mañana y a las dos de la tarde odiarla.</p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto, como Haley también dice, habrá matrimonios felices. Aunque uno no intente conseguirlos, creo que es bueno suponer que los hay.</p>
<p style="text-align: justify;">1 A. A. Cuevas, Psiconanálisis de la vida cotidiana.</p>
<p style="text-align: justify;">Contacto: raizdealgo@hotmail.com</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=5031&type=feed" alt=" Sobre matrimonios infernales"  title="Sobre matrimonios infernales" />]]></content:encoded>
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		<title>Seres de deseos</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 08:15:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El filósofo más accesible para el público no especializado en filosofía, a mi juicio, es André Comte-Sponville. Accesible no significa que sea superficial ni que ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El filósofo más accesible para el público no especializado en filosofía, a mi juicio, es André Comte-Sponville. Accesible no significa que sea superficial ni que diga obviedades, significa que posee un don que pocas personas inteligentes saben administrar: la sencillez. La gente sencilla y a la vez profunda es capaz de hacer despuntar frases, se diría, con un doble brillo. Una de ésas que dijo Sponville, ahora mismo, me está jugueteando en la mente: “Somos seres de deseos y no seres de necesidades”.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-3661" title="seres de deseos" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/08/seres-de-deseos.jpg" alt="seres de deseos Seres de deseos" width="392" height="461" />Es una frase sumamente optimista y no se trata de un optimismo tonto sino razonado, consciente, que no niega la existencia de las necesidades. Pero ciertamente nuestras necesidades bien poco dicen de lo que somos. Para sobrevivir se requieren apenas unas cuantas cosas: oxígeno, calorías, una temperatura no extrema. Sólo que los humanos no queremos únicamente sobrevivir, ansiamos más: vivir bien, deseamos tener zurcidos los días a los placeres. Lo que nos define como seres humanos es este viento incesante del deseo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué deseamos para vivir bien? Un infinito. ¿Podemos traer en la mano, como un cambiecillo, un infinito? Por supuesto que no y por eso nuestras veleidades, somos alegres y desdichados durante la rotación de un mismo día, qué digo un día, basta una hora o un instante para que se arremolinen las risas y después caigan todas dejando una mueca de amargura.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué necesitamos para vivir bien? Quizá muy poco. Acaso cada uno tenga necesidades particulares. En mi caso, siento la necesidad de sostener una plática amigable e inteligente cada jornada y, también a diario, necesito un rato de aislamiento. Como dicen los gringos, remedando a los etólogos que estudian changos y otros mamíferos, necesito mi espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que ocurre con las necesidades, a diferencia de los deseos, es que puede uno preguntarse: ¿de verdad lo necesito? ¿No puedo pasarla bien platicando boberías? ¿En serio requiero rehuir de las reuniones que se prolongan indefinidamente? ¿No será que sólo lo deseo porque en otras ocasiones he conocido el placer de las conversaciones y de las soledades? Lo que llamo mis necesidades pueden ser mis costumbres, mis vicios, mis necedades.</p>
<p style="text-align: justify;">Es curioso el parecido en español de “necedad” con “necesidad”. Algo nos quiere decir tal semejanza. La frontera entre necesidad y deseo es muy tenue. Pero parece que lo humano, está en el deseo. Lo humano radica en buscar adornos para que una necesidad pura como la de comer se vuelva delicada. La gente ya no necesita solamente calorías y proteínas, sino un plato, una servilleta, un tenedor, y más aún, una ceremonia, palabras mágicas: <em>buen provecho</em>, <em>gracias a Dios</em>, <em>estuvo muy sabroso</em>. Y cambia el sabor de la comida porque cambia el sabor de la necesidad. Somos seres que deseamos tocar al otro aunque con sea con las palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de las palabras, claro está, aun cuando las extendemos y las abrimos como manos dispuestas al roce y al estrechamiento, no siempre tocamos al otro o tocamos puntos indebidos. Solemos andar en diversas sintonías. A veces se parecen mucho al ruido las pláticas. Eso es un peligro porque hay gente muy sensible al ruido. Desean tanto una vida sin ruido que, al ver esa imposibilidad, comienzan a preferir el silencio. Ya sabemos que el deseo es espada de doble filo: si se aniquilan nuestros deseos, no quedan ganas de vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Tengan la paciencia de leerme tres ejemplos. El de Ayax, es el primero. Con su espada de doble filo se suicidó porque no deseaba vivir sin honor y porque sus deseos de gloria estaban por los suelos salpicados con tripas y sangre de carnero. Nadie necesita la gloria ni el honor, pero Ayax deseaba tanto aquello que al aquilatar la vida sin gloria con la muerte, prefirió llamar al mensajero del infierno. Mi segundo ejemplo es don Quijote, quien, a diferencia de Ayax, no estaba loco, por tanto, cuando atacó un rebaño de ovejas confundiéndolo con enemigos malos, pudo decir al cabo de un rato de vergüenza, que tal era cosa común para los caballeros andantes cuando un mago poderoso protege ejércitos enteros mudándolos en rebaños. Como se ve, la enfermedad mental en el caso de Ayax consiste en no aceptar el descuartizamiento de sus deseos. En cambio, don Quijote sí asume su derrota y, valerosamente, se sobrepone a ella, sale al siguiente día a seguir combatiendo ejércitos disfrazados de ovejas. Después de un deseo marchito, hacer florecer uno nuevo, mientras se conserven energías, eso es la salud mental. Uno pierde mucho en la vida: apuntes, teléfonos, calcetines, y no es una tragedia, tampoco es una tragedia perder una ciudad que nunca se podrá conocer, o perder un fetiche heredado de un muerto querido, o perder el sonido de la risa de una amiga. No es tragedia porque uno puede reponerse. Desear de nuevo. Amar de nuevo. No importa si se acumulen los fracasos hay que salir otra vez a romperle la madre a los molinos de viento.</p>
<p style="text-align: justify;">El tercer ejemplo se me perdió. Es que fui por un cigarro suelto y ya no me acuerdo qué iba a escribir. Sentí la necesidad de fumar y se me fue el hilo de esta madeja de palabras. Pero ahorita recuerdo cómo en muchas películas un condenado a muerte pide un cigarro antes de que lo manden al reino del no-ser. Ese último deseo tiene algo de divino. A mí se me ocurrió un cuento una vez acerca de un suicida que despierta una mañana totalmente decidido a matarse; hace una nota para cuando lo encuentren, destruyen algunos papeles que no quiere que se conozcan, acomoda estratégicamente otros que sí desea que sus deudos hallen, pero antes de lanzarse al inframundo, siente deseos de fumar, para entonces ya tiene todas las cajetillas vacías, no le queda ni una bacha; sale a la calle y, como es día festivo, todas las tiendas cercanas están cerradas, de modo que comienza su peregrinar, hasta la noche, en busca de un cigarro. Su deseo, aun siendo ínfimo, lo mantuvo con vida. Quedarse sin deseos es coquetear a lo descarado con la muerte… ya recordé el tercer ejemplo: era una persona quisquillosa para comer al grado de no hacerlo si no hay servilletas o un mantel bonito o una cuchara desinfectada; tampoco come si la sopa no está muy caliente o si la carne quedó dura o si le falta azúcar al café, en fin, todos esos deseos que, si bien impulsan a esmerarse a los que cocinan, también pueden conducir a que los quisquillosos se queden sin comer, lo cual es como el suicidio. Es darle más importancia a deseos bobos que a las necesidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Sé que no he dicho nada nuevo. Todo esto lo dijo Aristóteles hace más de veinte siglos, incluso lo del cigarrillo. Pero yo deseaba escribir, deseaba derramar gotas de agua en el mar. Así como otros desean con un hijo darle vida a la vida, yo deseo darle palabras al lenguaje.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: CC 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/balletonirico/">Nuria Carballo</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3653&type=feed" alt=" Seres de deseos"  title="Seres de deseos" />]]></content:encoded>
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		<title>De ruidos y códigos íntimos</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 08:07:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si todo comunica, bien se podría decir que todo confunde. Vivimos confundidos y más confundidos cuanto más confianza tenemos en las certezas. Por supuesto, acabo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si todo comunica, bien se podría decir que todo confunde. Vivimos confundidos y más confundidos cuanto más confianza tenemos en las certezas. Por supuesto, acabo de caer en una más de mis contradicciones.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-destacado wp-image-3482" title="ruidos" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/07/ruidos-480x230.jpg" alt="ruidos 480x230 De ruidos y códigos íntimos" width="336" height="161" />Por fortuna, para mí, en un ensayo uno puede ser contradictorio y aun así conservar el respeto de los lectores. Privilegio del que no gozan los científicos ni los académicos, quienes, en cambio, gozan de otra clase de respeto, el que inspira el orden, el camino recto, la inteligencia rigurosa.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">A pesar de ello, hasta los caminos aplanados con teorías exhaustivas, con el paso del tiempo, se cuartean, les salen baches, se enchuecan. Justamente hace unos días, esperando un camión a las siete de la mañana, ¡en domingo!, pensaba en los baches que ya lesionan las teorías de la comunicación.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Puedo aceptar que es imposible no comunicarse, a condición de que ésta sea una verdad triste. Es decir, que se entienda por “comunicación” un balbuceo persistente, una tormenta de imprecisiones, una cosa más parecida al nudo en la garganta, que al discurso ordenado.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Inventaré un ejemplo: entra con un traje azul oscuro un estudioso de la comunicación humana, puede ser un lingüista, un comunicólogo, un filósofo, un antropólogo, en fin, pero su corbata es rosa, ¿por qué decidió usarla con un traje azul oscuro? ¿Querrá decir algo? Toca el micrófono y dice: buenas tardes, con un acento extraño, lo cual sumado a su nariz y a su calvicie podría revelar cierta nacionalidad, ¿pero quién exactamente está comunicando esas cosas? ¿Hay en verdad un emisor y un receptor, o sólo un malicioso y criticón receptor? Dice su primera frase: “Toda conducta tiene valor de mensaje”, y queda claro por su voz nasal que no es hispanoparlante de nacimiento. ¿Su calvicie es una conducta, se equivocó en la elección de champú? Él parece querer convencer a los asistentes de que la no-conducta no existe. Pero yo puedo mirar las paredes, los asientos vacíos e incluso mirar por un resquicio de la puerta a un árbol sumamente tranquilo en su lugar, ¿acaso sólo los humanos tenemos derecho a la conducta?</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Puedo recordar también a los muertos, cuando recién mueren, y no creo que esté mal decir que son muy pacíficos. El orador continúa hablando y yo quedo absorto en más ideas estúpidas. Probablemente todos los que como yo tenían caras meditabundas estaban en la luna, ¿el conferencista se dio cuenta?</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Con este ruidoso párrafo intenté decir, nuevamente, que si toda conducta genera un mensaje, entonces, somos prisioneros del ruido y de la confusión. También quisiera remarcar que para mí no hay necesariamente un emisor consciente de sus mensajes y que quien recibe estos mensajes es todo lo contrario a un ente pasivo. El receptor en realidad no necesita de ningún emisor porque le basta con proyectar sus ideas sobre los otros y sobre las cosas.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En el mundo de hoy, me parece, nuestro rol de receptores –rol activísimo, agobiante y hasta angustiante&#8211;, es más evidente que en otras épocas. Estamos sumamente expuestos a la información y con ello a no entender absolutamente nada. Después de pasar ochos horas frente a la computadora enterándome de las escandalosas minucias del día, me doy cuenta de que lo más sano para mi mente y mi espalda sería cuanto antes retirarme a una caverna sin conexión a internet ni señal telefónica. Pero no lo hago y sigo ignorante y averiguando datos intrascendentes. Hoy me enteré que en Palo Alto se encuentras las oficinas centrales de Facebook. ¿Para qué carajos quiero saber eso?</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Según Paul Watzlawick nuestra comunicación fracasa cuando lo hacemos usando un código diferente. Pero creo que pecó de ingenuidad al creer que es posible sostener por más de media hora el mismo código comunicacional. Si en el lenguaje doblemente articulado hay tantas incertidumbres, palabras esquizofrénicas, frases bipolares, construcciones sintácticas gravemente autistas, etc. ¿Cómo esperar que exista un código claro para los gestos o para la ropa o para las miradas? Si todo comunica, hay múltiples códigos todo el jodido tiempo; si hacemos mucho caso de un mensaje, desatendemos otro. El estrépito de la comunicación es ensordecedor, o sea, nos obliga a desoír, a malentender, a sentir el fracaso de una plática rota.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Para escribir esto tuve que cerrar mi Messenger. Recibí seis o siete mensajes en menos de medio minuto. Menos, mucho menos, de los mensajes que recibiría si prendiera la tele o saliera a caminar por una calle transitada. Pero ahora que lo he casi finalizado, sólo pienso en estar en una sala o en una mesa de café con una amiga o un amigo, conversando de esto o de lo otro, porque tal vez así, con buena música y calma, cambie radicalmente de opinión y me alegre de que existan códigos íntimos compartidos, como las risas sabiamente cómplices de quienes al leerme, por conocerme, nada van a creer y luego de una casi sonrisa, columpiarán los ojos.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: cc 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/vshioshvili/">shioshvili</a></em></p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=3467&type=feed" alt=" De ruidos y códigos íntimos"  title="De ruidos y códigos íntimos" />]]></content:encoded>
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		<title>Dignificar la vida, pasarla bien</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 08:16:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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Nos amenaza el clima. Se está enfermando el planeta. Así como cuando uno comienza a sentir molestias en la garganta, congestiones en la nariz, rajaduras ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Nos amenaza el clima. Se está enfermando el planeta. Así como cuando uno comienza a sentir molestias en la garganta, congestiones en la nariz, rajaduras de agotamiento por todo el cuerpo; en ese estado que es comienzo de enfermedad y todavía no es lo más grave, me parece, está el mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Las medidas para controlar el calentamiento global, para hacer menos rápido el deterioro de la capa de ozono y para prevenir los primeros estornudos de la tierra no han sido suficientes. El problema es que los granitos de arena que los ciudadanos conscientes aportan no bastan si los gobiernos de las grandes potencias no cambian radicalmente sus políticas de industrialización.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">El mundo, además de ser un espacio físico, además del núcleo, el manto y la corteza terrestres, además de las diversas capas de la atmósfera, tiene capas meramente humanas, o espirituales si alguien gusta llamarlas así. En ese mundo prevalece la política, el dinero, una organización piramidal que hace pensar a los de abajo que poco o nada pueden hacer para transformar la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Pero el mundo meramente humano no es claro e indudable como el mundo físico. Posee un rostro inmenso y desigual, ya que cada persona lo ve de forma diferente. Basta, de hecho, mover un poquito nuestra propia perspectiva para observar distintos aspectos del mundo. De la mañana a la tarde con los mismos ojos podemos ver dos mundos discordantes.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">“¿Qué pasa en el mundo?” No es una pregunta sencilla. Sobre todo si uno no confía en los titulares de los periódicos. Sucede que hay hombres con deseos de adueñarse de otras personas y cuentan con armas y someten; hay personas que hablan, crean sociedades y están dispuestas a defenderse; en esas luchas por el dominio o la libertad caen edificios, árboles, niños. En los noticieros y los diarios abundan las cifras, detrás de los datos abunda la sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, si pasara un colibrí, ahora mismo mientras escribo, no me cabe duda de que me concentraría en verlo hasta que volara lejos de mi vista. Su aleteo, dice una famosilla teoría, podría causar desgracias del otro lado del mundo. ¿Cómo no sentirse rebasado, avasallado por tanta información y tanta impotencia?</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">A pesar de las leyes de la naturaleza, el universo conoce sendas misteriosas por las que se desenvuelve. El cosmos, el macro y el micro, no cabe ni siquiera en la imaginación. Es impensable como la muerte. Y el mundo está en el cosmos como grano de un grano de arena. ¡Es asombrosa la gran pequeñez de nuestro mundo! Y qué decir de nuestra propia voz en una asamblea de más seis mil millones de personas. Aún así, creo en la vigencia del humanismo y no admito ni una duda en mi único dogma de fe: es digna la vida humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no veo desunida la dignidad de la humildad. Hallo dignos tanto los trabajos manuales como los intelectuales. Y creo que todas las personas humildes, es decir las que tienen los pies sobre la tierra, contribuyen a mejorar el mundo. Tener los pies en la tierra es tener preocupación por la propia casa. No creo, sin embargo, que haya que desentenderse de lo que ocurre al otro lado del mundo. Si bien no podemos evitar que un dictador ordene disparar contra ciudadanos indefensos, si se puede ir formando una opinión pública internacional que, a pesar de las múltiples diferencias, concuerde en un postulado básico: todo humano merece una vida digna.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-destacado wp-image-3003" title="dignificar" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/04/dignificar-500x230.jpg" alt="dignificar 500x230 Dignificar la vida, pasarla bien" width="500" height="230" />Personalmente, me enfrento cotidianamente en mi trabajo a un problema muy relacionado con estas preguntas: ¿qué pasa en el mundo?, y ¿cómo podemos ayudar? Porque doy clases y a los alumnos en cualquier asignatura, básicamente, hay que enseñarles qué pasa en el mundo y también sugerir respuestas a la otra pregunta que es más difícil: el problema de la educación, según yo, radica en eso en investigar las respuestas de ambas preguntas.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Para mí, llevar una buena vida es de gran ayuda para el mundo. Tal es la meta, y tal es el camino para dignificar la vida: pasarla bien. Cuando los alumnos se aburren, se disgustan o se fastidian de la Historia, del Español o de las Matemáticas, siento que no he conseguido hacerles notar que todas esas cosas académicas deben servir para algo, de algún modo, deben ayudar a ser más feliz, y por ende, a mejorar el mundo. Cuando un alumno, después de la clase, se despide de mí con una sonrisa o con agradecimiento (bien sé que puede estar feliz de que la clase acabe), siento que he puesto un granito de un granito de arena en la construcción de un mundo más habitable, y luego puedo tranquilamente lanzar bocanadas de nicotina y monóxido de carbono ya sin remordimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: cc 2.0 por <a style="text-decoration: none; color: #0063dc;" href="http://www.flickr.com/photos/jonathan_hamner/">Hamner_Fotos</a></em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2997&type=feed" alt=" Dignificar la vida, pasarla bien"  title="Dignificar la vida, pasarla bien" />]]></content:encoded>
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		<title>Invitación a la escritura</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2011 09:08:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
No me parece justo que me desgaste pensando en un tema y en unas palabras idóneas para comenzar a escribir.


No me parece justo porque creo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: justify;">No me parece justo que me desgaste pensando en un tema y en unas palabras idóneas para comenzar a escribir.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">No me parece justo porque creo que esto es lo que mejor puedo hacer en la vida. Si no existiera la escritura yo sería un hombre carente por completo de atributos, condenado a ser un número, un fragmento de la masa o, peor aún, sería don nadie, un ninguneado, la mera nada.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Eso es la hoja en blanco: la nada. Heidegger decía que es imposible pensar racionalmente la nada, que ésta pertenece al terreno de los poetas. Él, como filósofo, siempre tenía algo que apuntar sobre la hoja en blanco, no pasó por los trances del escritor bloqueado, por eso no vio que la nada es algo muy tangible, una presencia molesta que susurra al oído de los creadores: eso no sirve, eso no tiene caso, eso es inútil, eso ya está muy visto.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">La nada, que otros seguirán llamando hoja en blanco, es la antimusa, el antigenio que rompe y desbarata nuestras imágenes e ideas antes de que se escriban. Es un duende destructor que ataca no sólo al comienzo de la escritura, sino también a la mitad de la hoja. En mi oído izquierdo ahora mismo me dice: “Borra todas estas tonterías de duendes que a nadie le importan ni nadie será capaz de creerte.”</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Para seguir produciendo, el escritor debe desoír a estos pequeños demonios. Y la forma más efectiva que yo conozco de no escucharlos es disfrutando la escritura. Si me satisface a mí, qué me importa la opinión de esos enanos, emisarios de la nada.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Cuando eso me sucede entonces &#8211;el goce del acto de escribir&#8211;, deseo que todo mundo escriba. Porque yo he aprendido inconmensurablemente acerca de mi personalidad y de mi entorno gracias a leerme. No porque escriba cosas especialmente brillantes, sino porque me doy cuenta hasta qué punto lo que nos hace inteligentes es el lenguaje y, en cambio, con el habla, con nuestra cháchara cotidiana, nos volvemos tontos, se nos ocultan ciertas verdades que sólo a través de las palabras profundas, de las que yacen en el pozo del inconsciente, podemos descubrir.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-destacado wp-image-2895" title="invitacion a la escritura" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2011/04/invitacion-a-la-escritura-500x230.jpg" alt="invitacion a la escritura 500x230 Invitación a la escritura" width="400" height="184" /></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Con la escritura hay una especie de supraconciencia, como si los sentidos se ensancharan y pudieran percibir mucho más de lo común. Aunque tal ensanchamiento no surja de inmediato, puesto que se va generando con la práctica constante.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Me gustaría que se pudiera escribir porque sí. Un poco a la manera de los pintores impresionistas. Me parece que Monet deseaba pintar colores y formas sin detenerse a pensar qué eran en sí las cosas que tenían tales colores y formas. O sea, desinteresarse en el sentido de los entes y plasmar su aparición irracional y hermosa. Vencer al utilitarismo, vencer a la pragmática, gozar un fenómeno sin cuestionarlo científica ni filosóficamente.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">¿Cómo ser impresionista en la escritura? Los pigmentos no tienen sintaxis, pero me parece muy difícil pensar frases carentes de gramática. La escritura automática y las búsquedas literarias que intentaron reflejar el fluir de la conciencia, a lo largo del pasado siglo, fueron un poco impresionistas, a mi juicio. Vencieron a la hoja en blanco. Desoyeron a los exigentes duendes del arte que, en el oído de buenos y malos, de mediocres y geniales escritores, dicen: “tú no sirves para esto”, “deja de escribir”, “rompe lo que has escrito”, “no te atrevas a mostrárselo a nadie”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Por ello escribo esta invitación a escribir. Me la dirijo a mí en primer lugar. El burro por delante, claramente. Pero también a ti, atareadísima lectora, o lector, para que te desocupes un rato, sé ociosa y escribe, descúbrete mediante lo que escribes. Aunque no lo parezca, si zanjamos la hoja en blanco, sembrando palabras en ella, descubriremos más acerca de nuestra personalidad que si nos leyeran la palma de la mano o nos leyeran el café o el tarot o la carta astral. Porque nuestra verdadera carne, nuestros verdaderos huesos, están hechos de palabras. Es decir, sólo podremos leer nuestro destino –pasado y porvenir&#8211;, leyendo lo que somos capaces de redactar, autoexaminando nuestra escritura, cosechando las frases que jamás habíamos pensado que llevábamos por dentro, condenadas al silencio, a la nada.</p>
<p>Imagen: CC 2.0 por erichhh</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=2854&type=feed" alt=" Invitación a la escritura"  title="Invitación a la escritura" />]]></content:encoded>
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		<title>Un poquito de filia al amor</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Oct 2010 07:11:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1867" title="c6_filiadeamor" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/10/c6_filiadeamor.jpg" alt="c6 filiadeamor Un poquito de filia al amor" width="590" height="230" />Carver sorprendió en los 80’s con un librito de cuentos titulado ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Obviamente, esa pregunta puede provocar variadísimas respuestas. Pensar en el amor, en cierto sentido, es absurdo: por más que se analice, se clasifique y se defina, el amor es experiencia personal; irreductible al mero dato.</p>
<p>Si alguien esbozara una brevísima bibliografía del amor, sin dificultades, recabaría unos ochocientos libros de un momento a otro. Para mí, el hecho de que la humanidad haya hablado y escrito tanto acerca del amor es la prueba de lo difícil del arte de amar. Pero esto también revela, y me parece más importante, que nunca ha habido un acuerdo absoluto de lo que significa el amor. De otro modo, ¿qué sentido tendría seguir hilando discursos en torno a este tema? Yo pienso que si recurrimos con tanta frecuencia a este asunto es porque necesitamos el consuelo que escurren las palabras cuando dan vueltas alrededor de un problema irresoluble.</p>
<p>Yo no quisiera arrojar un granito de arena más en la playa inmensa de las definiciones sobre el amor. Prefiero creer que todos saben lo que significa esta palabra de origen latino y expresarme de un modo más personal a favor de una palabra de origen griego: filia.</p>
<p>Para mí, las filias son los amores civilizados. La filia, a diferencia del amor, no nace de la necesidad ni de las carencias, aunque pueda ser un gusto que crezca al grado de volverse indispensable. En este punto, por supuesto, recuerdo el mito que cuenta Diotima en el Banquete de Platón, según el cual, Eros nació de Penia, es decir, el amor es hijo de la carencia. Los doctores en psicología, por más posgrados que acumulan, no consiguen una mejor definición de este demonio erótico, que también es hijo de la abundancia. Por tanto, el amor es una divinidad-demoniaca de excesos, de extremos y de contrastes. Apuesto a que todos los hombres han sido torturados y bendecidos alguna vez por este demonio; pero la filia tiene otra naturaleza.</p>
<p>Yo necesito comer y no amo comer, en cambio, no necesito libros y amo los libros. Se podría decir que necesito conocimiento, pero no lo necesito, sólo lo busco, así como un niño busca cosas en el mundo sin necesitarlas previamente. Y el entusiasmo que experimenta un niño al descubrir las viejas cosas que habitan bajo el sol, bien podría llamarse amor. Pero tanto el entusiasmo de un niño por las novedades, como el entusiasmo que yo experimento con la riqueza de ciertos libros, no siempre se conoce como amor. Si digo que amo los libros se cree que exagero o que me refiero a un sentimiento muy diferente del que me cimbraría si dijera amo a fulanita de tal.</p>
<p>Por ejemplo, si yo celara a la tal fulanita y le hiciera constantes reproches, le exigiera muestras de cariño a cada rato y le ocultara sistemáticamente pasajes de mi vida por temor a su desprecio; si la besara a veces con furia y otras veces le rogara patéticamente por una limosna de afecto; si la insultara y la elogiara desmedidamente, ¿no se diría que amo a fulanita? Por otra parte, si en vez de atesorar con celo, presto y regalo libros, si los disfruto a pesar de que estén rayados o rotos o arrugados; si no busco aumentar el cúmulo de los que poseo ni les asigno en mis libreros, obsesivamente, un sitio, ¿se diría que amo los libros?</p>
<p>Aunque algunas personas no creyeran que amo a fulanita y sí a los libros, pienso que la mayoría no sería de tal opinión. De esto parte mi resistencia a entrar en el jueguito de definir el amor. ¿Para qué si de todos modos la gente usará esta palabra como se le dé la gana? La gente lleva las de ganar. La concepción de la mayoría es la que termina imponiéndose en los diccionarios. Y por eso me decanto por el vocablo filia, que como he mencionado, refiere un amor civilizado, sin pasiones ciegas, sin desbordamientos y sin contrastes explosivos. Un amor que es un gusto, un buen gusto, un placer en tierra firme: el otro amor habita el aire.</p>
<p>Yo me he enamorado, ya no sé ni cuántas veces, impulsado por la miseria. He sido generoso entregándome a quien no me solicitaba. Ahora recuerdo a Lacan: “Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere.” En efecto, el enamorado, como no es dueño de sí, al darse, ofrenda sus carencias.</p>
<p>¿De qué les sirvió mi amor a quienes nunca me lo pidieron? ¿O de qué les sirvió mi amor a quienes me exigieron más del que yo les ofrecía? De nada o de muy poco. De muchos enamoramientos, en ocasiones, lo único rescatable es alguna metáfora. Sé que hoy les tengo un mayor cariño a ciertas mujeres, a las que me resistí a querer del modo incivilizado, idealista y estentóreo; en otras palabras, en vez de acosarlas para que o me demandaran o se acostaran conmigo, las hice mis amigas y, con ello, las he llegado a valorar más y mejor en su especificidad. Sé que Freud diría: Ah, un típico caso de complejo de Edipo. Sin embargo, yo creo que la amistad no es una desviación del impulso erótico ni una sordina para la trompeta ebria del amor, sino un amor más amor, un amor con menos animalidad: sentimiento consecuente de un humano que se ha vuelto más humano. Y para mí quien se ha vuelto más humano es aquel que ha conseguido la humildad: quien tiene los pies sobre la tierra y encuentra placer en la realidad.</p>
<p>La filia es, pues, para mí, un amor humilde y, por humilde, más real y, por ende, más deseable. La filia no es arrebatada, ni ciega ni celosa. La filia es griega: inteligente y sobria. Esto no quiere decir que no haya intensidad, sólo significa que sus intensidades están ligadas a placeres reales y compromisos realistas. Quede claro, por último, que cuando hablo de amor, hablo de filia. Porque amo la filia y le tengo un poquito de filia al amor.</p>
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		<title>La primavera, la muerte y el Renacimiento</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 06:22:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A pesar de los natalicios, resulta imposible comprender en qué momento uno abandona cierta edad y se instala en otra. Si le preguntamos a alguien ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1339" title="c7_primavera" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/06/c7_primavera.jpg" alt="c7 primavera La primavera, la muerte y el Renacimiento" width="371" height="232" />A pesar de los natalicios, resulta imposible comprender en qué momento uno abandona cierta edad y se instala en otra. Si le preguntamos a alguien en qué día de su vida dejó de ser niño, seguro, no sabrá datarlo con exactitud, aunque podría ofrecer un aproximado. ¿Si nuestras vidas fueran en verdad a repetirse eternamente, como soñó Nietzsche, seríamos capaces de encontrar el día exacto en el que ocurrieron los cismas biológicos y psicológicos que nos han trasladado de una etapa vital a otra?</p>
<p>Esto me preguntaba, probablemente, afectado por los baladros del sol de la primavera que en las últimas semanas han atosigado a la ciudad de México. Yo soy de los que no tienen duda de que hace más calor que en otros años, así como también dije durante el invierno que hacía más frío. Me gusta quejarme de la temperatura porque no soy un maldito insensible. Las frases triviales sobre el clima bien pueden ser la semilla de una preocupación seria sobre el cambio climático y sobre la relatividad del tiempo. Pero tanto el cambio climático como la relatividad del tiempo son cosas deshumanizadas que nadie comprende. Sin embargo, desde una perspectiva humana no cabe duda de que conforme uno envejece los días son más veloces. Siento que hace unos momentos estaba contemplando con nieve el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, y nomás pasaron unos minutos y ya llegó la primavera a desaparecer su blancura, y sé que antes de que termine de escribir este texto ya habrá entrado el verano, o si me tardo mucho, quizá sea invierno de nuevo.</p>
<p>El tiempo psicológico y el tiempo cronométrico están ambos contenidos en la madurez de las personas. A diferencia de las estaciones anuales, cuya fecha es precisa, no hay precisión para medir la verdadera edad de un ser humano. Una quinceañera puede ser tanto una niña juguetona, como una madre responsable o una perversa envejecida. Los límites de edad legales que se imponen a los individuos revelan que se le otorga poca importancia al tiempo psicológico, aunque, claro esta, sería caótico no fijar límites de edad cronológicamente.</p>
<p>Lo “cronológico” se usa de preferencia para los sucesos históricos, los cuales son aún más difíciles de fechar con exactitud. Por ejemplo, ¿en qué día concluyó la Edad Media? Unos dicen que con la invención de la imprenta, cuya fecha no es exacta; otros que con el descubrimiento de América, acontecimiento también cuestionable; unos más con el fin de la Guerra de Cien Años o con la Caída del Imperio bizantino. ¿Por qué no con la obra de Lorenzetti o de Brunelleschi? Por esto he decidido proponer mi propia fecha para el fin de la Edad Media y el inicio del Renacimiento: el día en el que nació Simonetta Cattaneo de Vespucci.</p>
<p>No sé quién era aquella mujer, sólo sé que era hermosa. No sobrepasó los 22 años. Casada, pero sin hijos, y quizá con un amante. Es mi novia platónica. Y seguramente fue el amor platónico de muchos, entre ellos, de Sandro Boticceli. Ella fue la inspiración de El nacimiento de Venus y de La Primavera. Vale decir que al morir sugestionó aún más a los pintores y a los poetas, al grado de ganarse el título de la “più bella donna del Rinascimento”.</p>
<p>El Renacimiento es la primavera de la historia, y lo más sublime del Renacimiento floreció en sus imágenes, especialmente en su pintura; y de todas las bellezas del arte renacentista, la Flora de Boticcelli, que es Simonetta y que encarna a la primavera, es la que devino en una de las más representativas imágenes de ese proceso histórico que hizo renacer el amor por lo humano.</p>
<p>El Renacimiento fue la fecundación y la fertilidad, fue marzo convirtiéndose en abril. Fue el período de la gran pintura y la gran literatura. Tal vez no es una época de gran inteligencia como la Ilustración, ni de una explosión emocional como el romanticismo, ni de crisis y profundidad como la barroca, ni de experimentación como la de las vanguardias; pero fue el inicio de todo eso y más, el Renacimiento fue la época de la belleza. Así que no se deberían buscar fechas de guerras o de inventos, de rupturas o de declaraciones para darle un acta de nacimiento. Sería mejor buscar un día bonito, como el día que nació Simonetta, seguramente una madrugada a finales de diciembre de 1453, ya que por su nacimiento las noches se hicieron más breves y más extensas las mañanas, hubo más azul en el mundo, más brillo y más blancura.</p>
<p>¿Aquellas primaveras habrán sido iguales a las actuales? No, en definitiva. Y no sólo por los cambios en la temperatura del planeta, sino porque ya no apreciamos del mismo modo la belleza. Ya se acabó esa época. Ya la calidez del sol no simboliza lo juvenil, sino un cáncer que amenaza al mundo. Venus ha muerto. También Dios, el arte y los valores de la Ilustración, ¿podrá renacer todo lo que ha muerto? He aquí el problema, la primavera debería hacerme ver todo lo que nace y sólo veo lo que ha muerto y, si acaso, lo que me gustaría que renaciera.</p>
<p>Es posible que todo vuelva. Pero cada vez que veo una jacaranda próxima a la miseria, siento miedo de que no renazca para el siguiente año. Más ahora, que ya estamos tan cerca del 2012 y del inminente fin del mundo.</p>
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		<title>Rumi</title>
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		<pubDate>Sat, 01 May 2010 07:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tiestherido</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1225" title="c6_rumi" src="http://siriusfem.com/blogsirius/wp-content/uploads/2010/05/c6_rumi.jpg" alt="c6 rumi Rumi" width="368" height="272" />No voy a escribir sobre el gran poeta persa, sino de una palabra que me resisto a pronunciar y soy incapaz de traducir, tampoco logro inventar una que se acomode a la realidad que vivo a diario. Hace poco dije un barbarismo cuando me preguntaron por ella, por la mujer y por la realidad que no sé describir: “es mi vecina de la siguiente puerta”, dije, lo cual no es una descripción adecuada ni creo que en español se entienda, pero parece que entendieron a la perfección mis interlocutoras o quién sabe qué diablos habrán entendido.</p>
<p>Por más que uno quiera huir de los barbarismos imperiales, es decir, de las gringadas, basta pasear un poco para toparse con éstas, y así nos hallamos ante una sarta de engendros de voces gringas, anglicismos llaman a estos vocablos bastardos. Algunas expresiones mestizas tienen encanto, otras son francamente grotescas. No quisiera extenderme en ejemplos porque ni soy lingüista ni me preocupa la salud del idioma, que posee mucho más vigor que yo. Lo que me inquieta es solamente cómo nombrar a mi vecina inmediata.</p>
<p>Podrán tacharme de pedante insufrible. ¿Por qué no digo roommate o roomie como cualquier hijo de vecino y me dejo de tonterías? Básicamente porque no se me da la gana. Ya tolero suficiente con decir chat en vez de mentidero, que es como más me gustaría decir; ya he sobrellevado con mucha paciencia el bye y el ok, el mainstream y el background, el fuck y el sorry. Así que ya estoy fastidiado de las injerencias gringas. A la chingada los anglicismos.</p>
<p>Además, hay otra razón, mi vecina contigua me ha hecho reflexionar en la novedad de vivir con alguien con quien no se tiene un vínculo amoroso. Esto de compartir departamento requiere una meditación seria y calmada, y no una tan apurada y guasona como las mías. Pienso esto porque la reciente costumbre de compartir departamento ha venido, en mi opinión, a señalar de manera discreta el derrumbe de la familia tradicional, esa institución base de la sociedad y, por tanto, raíz de todo mal.</p>
<p>¿Por qué comparto baño y cocina con una extraña? En mis razones personales, creo, se encuentran las razones generacionales. Porque no tengo dinero y porque no resisto el maternalismo, esa pequeña dictadura. Pienso que el desarraigo que poseo con respecto a mi familia se explica por mi deseo de libertad, o sea, por el deseo de ser hombre sin las cadenas de alguna tradición. Ser hombre de un modo nuevo, no ser hijo de prejuicios, sino de mis actos y de mi conciencia. Por esas mismas razones, en mi opinión, la idea del desarraigo de la patria resulta estimulante.</p>
<p>¿Cómo se sentirá ser hombre sin necesidad de ser mexicano? Aunque sospecho que el desarraigo provoca lo contrario, induce la conciencia de ser circunstancia en todos los poros, de estar cincelado según la historia, la generación, la tierra. Este polvo que somos está lleno de raíces.</p>
<p>Salí de la casa de mi madre como quisiera salir de mi país y como saldría si pudiera de mi lengua española. Pero lo cierto es que no puedo. Mi desarraigo es de chocolate, un exilio de mentiritas. Y mi roommate me lo recuerda. Ella, que por muchos motivos puede tenerse por persona admirable, apela al arraigo con nuestra historia. Y esto lo dice con las palabras más sencillas. Parece confiar en las palabras campechanas. Su afabilidad es llaneza, por tanto, verdadera. En este país de formalismos, hay personas de cordialidad espontánea. En este país de valles ensimismados, de selvas impenetrables, hay también planicies francas, fáciles de caminar, sin misterios. Ella es así y la admiro porque jamás se mete en un problema sin necesidad. No agarra las palabras y las amontona y se sepulta bajo ellas, como yo hago. Nunca pensaría que pudiera ser un problema escoger un sustantivo para nombrar nuestra relación.</p>
<p>Vivimos juntos y ya. ¿Cuál pinche problema?</p>
<p>Casi la puedo escuchar diciéndome: ¿eso qué? Ash, con esta gente que le gusta hacerse chaquetas mentales. Vamos a comer, mejor; ve por las tortillas; me quedó bien rica mi comida.</p>
<p>El mundo está demasiado lleno para hablar de él, escribió Rumi, pero mi habitación, cuando vivía solo, estaba demasiado vacía como para no proyectar muchas palabras que intentaran llenar esos huecos. Ahora que estoy, y sobre todo que me siento, acompañado, por mero pudor, debería escribir menos, especialmente, de temas como éste. ¿Cuál es el tema, por cierto? ¿Qué sucederá en el mundo si los jóvenes prefieren hacer amigos que familias? No, eso no era. ¿Qué pasará con el español invadido de anglicismos? No, eso tampoco. ¿Qué ocurrirá si nos olvidamos de nuestra historia, la historia que está en nuestras palabras cotidianas? No, menos. Pero algún tema habré tratado. Y mi conclusión es que es posible.</p>
<p>Después de esto, mi rumi estirará los dedos como si con ello arrojara una bola enmarañada de palabras, diciendo así que prefiere cambiar de tema. Y yo solamente apachurraré el botón derecho del ratón sobre el vocablo rumi y lo agregaré al diccionario de Word.</p>
<img src="http://www.siriusfem.com/?ak_action=api_record_view&id=1214&type=feed" alt=" Rumi"  title="Rumi" />]]></content:encoded>
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