Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en él.
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A la ausencia de enfermedad, y en estos tiempos en los que existe un catálogo cada vez más grande de enfermedades, síntomas y dolencias, ¡y de farmacias, medicinas y marcas de medicinas!… ¿conocemos los Seres Humanos la salud?
Si partimos de la idea que la salud es la armonía del Ser, en todos sus planos: cuerpo, mente, emoción y espíritu; podríamos decir entonces que está en búsqueda de la salud.
Los estados saludables del ser son temporales y están basados importantemente en su emocionalidad. La autorrealización, la elevación de la autoestima y el proceso de desarrollo interno son lo que lleva a revisar a conciencia la persona que decide establecer un bienestar general en sí mismo y por consecuencia el cuerpo se verá saludable.
Ha inventado tantas cosas el Ser humano y buscando facilitarse la vida que ha llegado al punto en el que evita el dolor y busca la cura inmediata. Y hablando de enfermedad, en vez de buscar el mensaje que le puede traer para atender, ha recurrido a los especialistas, que por cierto cada vez son tantos como las farmacias, medicinas y alternativas medicinales, y éstos recitan diagnósticos que muchas veces no tiene tanto que ver con la cura pero sí con el consumo de medicina que tiende a componer una cosa y descomponer otra. Y luego uno no entiende por qué de una gripa se pasa a una gastritis, nunca lo atribuimos a la medicina.
El cuerpo humano está capacitado y dotado para salvaguardarse a sí mismo, si estuviera el individuo cerca de su cuerpo, y no me refiero a lo obvio sino a conocerlo y reconocerlo, sabría lo que le está sucediendo, ¿quién mejor que la persona misma que habita en él para saber lo que le pasa? ¿Por qué decidimos entregarle el poder a un tercero que nos diga qué mal padecemos y que éste tercero sea el que busque eliminarlo? ¡Y el cuerpo, ¿a qué hora participa?!
¡Le hemos quitado el poder a nuestro propio cuerpo a curarse solo! Con tanta medicina lo debilitamos y dejamos que nuestros ejércitos internos se adormezcan y pierdan condición al punto de que no sepan en qué momento levantarse a luchar en pos del él.
Alguien decidió que sentir dolor no era bueno y comenzamos a huirle, tanto que buscamos desesperadamente dejar de sentirlo al primer síntoma y dejamos de percibir tantas otras cosas como reflexión, intensión y la fortaleza misma. No es lo mismo un cuerpo que se levanta de una batalla por sí mismo a uno que lo levantan y no lucha ni se defiende. Con esto no quiero decir que los médicos no deberían existir y los especialistas menos ¡No! Quiero decir que los médicos deben ayudar a encontrar junto con la persona la razón de la enfermedad y apoyarla en la búsqueda de su respuesta y su sanación, pero en conjunto.
Es vital reaprender a escuchar nuestro cuerpo, con momentos de silencio y atención podemos generar espacios de reconocimiento, y evitando las medicinas indiscriminadamente vamos permitiendo que el cuerpo y las defensas comiencen a despertar y se empiecen a poner en forma.
Hay que recordar que la ciencia y la tecnología están al servicio del hombre, y la medicina como ciencia es un servidor del hombre, no debemos estar nosotros a merced de ella, recordemos que nuestro cuerpo nos sirve y nosotros lo debemos guiar, y para eso hay que darnos tiempo de reconocerlo y reaprender sus funciones y fuerzas. Escuchándolo, respetándolo, atendiéndolo, pero desde el punto de vista de la salud, haciendo ejercicio, alimentándonos bien, dándole horas adecuadas de sueño, higiene, relajación, atención en todos sentidos, y consultando a los médicos cuando sospechemos que hay algo que empieza a no funcionar bien, para buscar las causas sin necesidad de la emergente salida y hacerle saber al médico que deseas participar en tu sanación a través de tus propios medios, poco a poco se puede ir haciendo el cambio de combatir la enfermedad a la búsqueda de la salud.
Tu cuerpo es tu hogar y el único que tienes, cuídalo, ámalo, respétalo.