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Entre sopa y amor, la primera es mejor

Este popular refrán nos recuerda a las mujeres la importancia de la comida, en la vida de una familia. No en balde se piensa en la cocina como el corazón de la casa.

¿No es cierto que en las reuniones de amigos frecuentemente gravitemos a la cocina? Con el pretexto de buscar una bebida o ir por más bocadillos, termina haciéndose un corrillo junto al refri o la estufa, recargados en la despensa o arrinconados en el poco espacio libre que exista. Ahí no falta quien vacíe su alma a quien lo quiera escuchar.

Pensemos cuántos de nosotros no añoramos las sabrosas pláticas, cercanas al olor de los alimentos cocinándose, como un rincón propicio para la confianza y las confidencias.

Más que un caldero caliente

Siempre ha sido en la cocina que empieza la vida diaria de la familia y donde termina. El alimento del cuerpo es una necesidad básica que debe llenarse antes que todo. Conforme las costumbres han cambiado, y desafortunadamente desde que las mujeres empezaron a salir a ganar dinero, más y más se ha ido despojando a la cocina de su papel primordial. Las prisas nos han hecho voltear la cara a las llamadas cocinas económicas primero, a los restoranes de comida rápida después y finalmente, a la comida francamente chatarra para llenar esa necesidad.

En épocas de las abuelas, en las cocinas también se preparaban los tecitos para malestares comunes: yerbabuena para la indigestión, manzanilla para calmar los nervios, flor de la pasión o boldo para conciliar el sueño, etc. De hecho algunos males menores como raspones, cortaditas, quemaduras leves, golpes, encontraban su remedio en la cocina, hojas de sábila, aceite de oliva, te de árnica etc. Dolores de cabeza, dolores de vientre, ni se diga. La cocina actuaba de dispensario, pues la mujer al frente de ella (o al centro), sabía cómo preparar esos remedios. Esa función también se ha ido traspasando a la botica de la esquina o a la farmacia de moda.

Alimento de cuerpo y espíritu

83493147 Entre sopa y amor, la primera es mejorEn aquellos tiempos las casas tenían más espacio, era imprescindible una buena despensa en la cocina. Ni se diga en siglos pasados, en donde existía un cuarto especial de despensa donde además de alimentos en conserva, se guardaban yerbas que lo mismo servían para cocinar que para hacer remedios. Todavía nuestras abuelas se las ingeniaban para tener una vitrina con remedios y yerbas colgadas, para preservar esta otra necesidad familiar, la de aliviar las dolencias del cuerpo y del espíritu. Si, por tradición milenaria, la mujer de manera instintiva siente la necesidad de nutrir a los que ama, no sólo con alimento para el cuerpo sino

también para el alma, pero actualmente una se pregunta ¿a qué horas? Especialmente si aún hay niños o adolescentes.

Rescate femenino

Es privilegio femenino construir de nuevo la cadena, empezando con la despensa de hierbas, del tamaño que ésta sea. A lo mejor no encontramos la energía y la voluntad y corremos a comprar comida rápida, o medicamentos en la repisa de la farmacia, pero entonces dejaríamos perder toda una herencia de sabiduría milenaria para nuestros hijos, nietos, bisnietos, etc. Hablando de esto ¿y las abuelas?, ¿las que se aburren?, ¿las que extrañan hijas y nietos? Seguro que saben de remedios, de recetas, de rescates para alma y cuerpo; qué delicioso sería tenerlas de chamán casero, basta que se dejen.

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