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Los excesos de fin de año… Y ahora ¿qué sigue?

Bueno, no nos importó nada, nos habíamos venido portando de lo mejor, comiendo sano, haciendo ejercicio (un poco al menos) y habíamos conseguido mantener un peso, si no perfecto, al menos razonable. Pero vinieron las fiestas, los brindis, las botanas, las pantagruélicas cenas, la rosca de reyes…Y aquí estamos, no nos atrevemos ni a pesarnos porque la báscula nos delatará, como lo hace ya la ropa que “aprieta” un poco más que antes de diciembre.

Así que hemos incorporado, entre nuestros propósitos de año nuevo, dejar atrás por siempre esos kilitos de más, al menos de aquí a la Semana Santa, en la que, con un poco de suerte, iremos a la playa y entonces…todos y cada uno de ellos gritará su existencia y ¡no, por favor!, eso no puede pasar.

El chiste es ver cuánto dura el tan repetido propósito. Mi recomendación es que, para que sea lo suficiente, para que las tentaciones no nos ganen la partida, empecemos por:

1.- Poner una foto en el mismísimo refrigerador. Elijan cuál tiene mejor efecto: una de cuando estábamos delgadas y en la que salimos guapísimas –que será bien motivante-; o la foto del desastre, esa donde se notan todas las “lonjitas” que con tanto arte tratamos de disimular –su efecto es como de pánico, como de “nunca más”- para que nos recuerde lo que ya no queremos más, de ninguna manera.

2.- Vayamos paso a paso con los cambios que deberán ser duraderos, así que deben ser también, paulatinos y no tan complicados. Abran su refrigerador y revisen, con el ojo más crítico posible, su contenido: mantequilla o margarina “light”… ¡FUERA!, crema de esa que hacen en un rancho y que sabe deliciosa ¡ADIÓS!, leche entera (con su 98% de grasa que no justifica mantenerla allí aunque sepa deliciosa) ¡FUERA! Naturalmente, toda clase de pasteles, betún, quesos más fuertes que el panela, el ranchero y el cottage…¡ADIÓS! También la mayonesa – no importa que diga “light”, es puro cuento-; y seguimos esa revisión despiadada en la despensa… Galletitas de cualquier tipo, excepto las habaneras ¡FUERA!, panes dulces y grasosos, chocolates, natillas y bocaditos con nuez o almendras…¡HASTA LA VISTA! Además de todo aquello que sabemos que agrega en vez de restar “volumen” fuera de los sitios obvios.

80612491 590x393 Los excesos de fin de año... Y ahora ¿qué sigue?3.- Ahora vamos a preparar la lista del “súper” de los buenos hábitos. Pondremos en ella más pescado, salmón, atún y pollo que carne roja (aunque conviene mantenerla al menos una vez a la semana y si tenemos varones o adolescentes en casa, dos) y serán de preferencia filetes sin grasa. Incluiremos todos los lácteos desgrasados: la leche descremada o light, los quesos blancos, el yogurt de dieta y sólo haremos excepciones en estos para los niños y las niñas menores de 6 años, porque ellos necesitan la leche entera para formar sus musculitos. Levaremos un frasco de aceite pequeño, al fin sólo lo vamos a usar para el huevo, así que para lo demás llevaremos aceite en spray, para evitar que los filetes se queden pegados por siempre al sartén. Compraremos muchas frutas, de temporada y no, no llevaremos mango, mamey y sólo unos cuantos plátanos. Pondremos en la lista muchas verduras verdes, lechuga y jitomates (no aguacates) y no, tampoco llevaremos aderezos comerciales –porque aunque digan “light” tienen grasa y nos vamos a pelear con ella en particular- así que mejor tendremos muchos limones e ingredientes naturales o congelados para preparar “salsitas” con las que todo quedará más rico. Unos cuantos huevos no estarían mal, cereales con fibra, frijoles, arroz y pastas (que comeremos cocidos, por supuesto) y ¡ya está! Estamos listas para preparar un menú saludable y que no contiene “pecados” de ningún tipo. ¡¡Ah!! y gelatinas de agua (que no tienen que ser “light”, también merecemos un poco de azúcar) y una o dos bolsas de “palomitas” de microondas sin mantequilla.

4.- Haremos tres comidas regulares y algunas “colaciones” lo menos cargadas de carbohidratos que sea posible, para la media mañana y la media tarde. Tomaremos agua inmediatamente después de cada una de ellas y nos despediremos, con lágrimas en los ojos, sin duda, de los refrescos, aún de los de dieta, porque la novedad es que aunque no aumentan el peso, parece que impiden bajar.

5.- Iniciaremos nuestra muy personal rutina de ejercicios. Basta de los pretextos del trabajo, la casa, los hijos… Si no podemos disponer de media hora para caminar a cualquier hora, revisemos ese nivel de esclavitud, no es lógico. Además, y para completar, hagamos la rutina de ejercicio de aquel video que compramos y ni siquiera hemos abierto o bailemos a solas o acompañadas, con los hijos pequeños, algo muy loco y movido que requiera que demos brincos y saltos y pasos muy acelerados, sólo hasta sudar… Eso relaja y siempre sirve para quemar calorías.

¿No parece tan difícil, cierto? Pues intentemos. Cada semana será más fácil ponernos la ropa que hoy aprieta, cada quincena nos encontraremos más delgadas en el espejo y cada mes nos acercaremos más al enorme orgullo de…”Este año sí lo cumplí y por eso….me voy a comprar un bikini”. FELICIDADES.

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