Yo sé de qué me voy a morir: moriré de haber vivido.
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Por: Susana Gómez Huerta
En la actualidad la sociedad se encuentra en la búsqueda de su bienestar y salud; de mantener un cuerpo en equilibrio.
Por esta razón cada vez hay más interés por conseguir una alimentación más sana y natural. Es bien conocido que la manera más eficaz de lograrlo consiste en consumir frutas y verduras, un cierto número de raciones de cada una al día para conseguir los beneficios que aportan. Gracias a la gran variedad de estos productos, ha surgido una nueva terapia, conocida como Jugoterapia, la cuál es un método, que bien llevado, no provoca efectos secundarios y cura una amplia gama de enfermedades originadas por deficiencias alimenticias, sobre todo debido a la industrialización equivocada de los alimentos, a su producción inadecuada y a la alteración en los componentes de la tierra por la utilización de plaguicidas y fertilizantes químicos o con alteraciones hormonales.
Quien no consume frutas y verduras se pierde sus beneficios en el organismo. Los jugos son una manera diferente de aprovechar sus propiedades, además de que así se pueden lograr combinaciones con grandes resultados.
No importando si nos gustan o no, es muy importante incluirlas en nuestra dieta diaria debido a sus grandes cualidades, indispensables para la salud. Se puede experimentar en distintos platillos, como ensaladas, o bien, tratar las distintas mezclas de jugos, los cuales brindan todos los nutrientes y no dejan residuos en el intestino, además de que son ideales para tratar diversos padecimientos.
En algunos países se ha dado en llamar Jugoterapia al hecho de ingerir en forma sistemática jugos de frutas y verduras a fin de prevenir o curar problemas de salud. Por supuesto, el éxito de las bebidas está en elegir la base líquida de alguna fruta o verdura y saber combinarla con otras en licuadora o extractor, sin que se afecten sus sabores y resulten un deleite al retenerlos en la boca durante algunos segundos, mezclándolos con la enzima Ptialina, proveniente de las glándulas salivales, para iniciar su digestión.
Un beneficio práctico de esta terapia es que al ingerir los licuados se vierten en el organismo los elementos que son necesarios en ese momento para que éste realice la complementación de algún elemento nutricional del cual carece o está presente en forma deficiente, por lo que su acción es alimenticia, revitalizadora, energética, y como mecanismo de arrastre y eliminación de las sustancias no adecuadas al cuerpo con su acción depuradora y desintoxicante.
La terapia de jugos de frutas y verduras tiene sus bases y principios, los cuales deben de conocerse antes de aplicarla para comprender mejor sus alcances y límites.
Cualidades nutrimentales de las frutas y las verduras:
Proteínas: Sus componentes, los aminoácidos, participan activamente en funciones como las reacciones físico-químicas en el organismo, en el transporte de elementos a través del mismo y en el óptimo desempeño de las hormonas.
Minerales: Principalmente actúan formando y fortaleciendo las estructuras de sostén del cuerpo, como huesos, dientes, tejidos, así como hormonas, además de que ayudan a eliminar sustancias tóxicas del organismo.
Vitaminas: Indispensables para que el metabolismo, desarrollo y crecimiento del cuerpo sean normales. Las principales son:
Fibra: Mejora el funcionamiento del aparato digestivo, logrando reducir síntomas de estreñimiento, irritación intestinal y hemorroides, principalmente.
Enzimas: Compuestos indispensables en la transformación y asimilación de alimentos en el proceso de digestión, los cuales actúan igualmente como desintoxicantes, es decir, ayudan al desalojo de toxinas.
Agua: Colabora en las reacciones químicas del cuerpo.
Ahora bien, las frutas se puede decir que se clasifican por su sabor en:
a) Ácidas: Sobre todo los cítricos como naranja, limón, mandarina, toronja.
b) Agridulces: Fresa, grosella, manzana, pera, durazno, guayaba, ciruela y cereza.
c) Dulces: Ricas en glucosa (azúcar); higo, uva dulce, plátano.
d) Secas: Dátiles, pasas y ciruelas pasa.
A su vez, las verduras contienen, además de sus componentes vitamínicos y minerales, clorofila, la cual produce el intercambio entre oxígeno y bióxido de carbono, así como celulosa que ayuda a evitar el estreñimiento.
Todo esto tiene su base en las leyes naturales, gracias a las cuales sabemos que existen alimentos compatibles e incompatibles, por lo que es necesario evitar determinadas combinaciones de estos alimentos que pudieran provocar alguna reacción no recomendable. Afortunadamente casi todas las combinaciones de frutas, verduras u hortalizas frescas son compatibles, con la única excepción de los cítricos, el melón y la sandía; estos últimos deben tomarse solos.
Debemos considerar que para que esta clase de tratamiento tenga buen efecto terapéutico o revitalizante, las frutas y las verduras deben estar maduras, frescas, íntegras, naturales y libres de productos químicos.
Algo importante en todas éstas bebidas es elegir la base líquida de alguna de ellas, pues una particularidad de los jugos es que su digestión se efectúa en la tercera fase, o sea, en el intestino delgado: Los azúcares, los almidones o féculas y las grasas son degradados y absorbidos en esta secuencia, sucediendo el procesamiento final de éstos en el hígado.
Las verduras, gracias a la celulosa que contienen (aunque en el jugo queda poca cantidad de ella), nos ayudan a evitar el estreñimiento, al igual que algunas frutas (excepto las secas), las cuales aumentan la perístasis intestinal.
Todos los jugos son nutritivos y la forma más adecuada de tomarlos es una hora antes del desayuno o de dos a tres horas después de la comida, nunca junto con los alimentos.
Existen terapias exclusivamente a base de jugos sin otro alimento adicional, pero lo recomendable es la supervisión de un médico naturópata o nutriólogo alternativo, para conocer con precisión la cantidad, la indicación, el uso, la frecuencia y la duración del tratamiento.
La variedad de los jugos o bebidas es importante para tener equilibrio, principalmente cuando se relacionan con las estaciones. Así, tenemos que las temporadas de preparación o preventivas son la primavera y el otoño, es decir, que es conveniente durante esas estaciones ingerir los alimentos que la naturaleza nos brinda para preparar el cuerpo a los cambios climáticos con su respectiva carga de enfermedades, como la gripe o catarro, la bronquitis, las neumonías; y otras en el invierno, o las afecciones típicas del verano, como son las infecciones intestinales, alergias, deshidratación, etc. Además de las constantes del año, se debe tener en cuenta el estado físico, la actividad que se realiza y el estrés o tensiones que se viven. Si la persona está enferma o padece alguna afección como la diabetes, se deben evitar los jugos que contengan azucares, solo deben administrarse bajo supervisión médica.