El dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: “Mira que no me resfrío nunca”; y suponer que va a regalarte su mercancía.
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Siempre me han desconcertado las súbitas y llamativas manifestaciones de amor patrio… iniciando septiembre, el mes patrio, veo surgir por todos lados, incluida la sacra y bluff institución en la que laboro, mujeres ataviadas con atuendos muy mexicanos o en su defecto, llenas de abalorios tricolores y hasta con alguna mini banderita decorando sus mejillas. Tengo un par de compañeras de oficina, que se han empeñado toda la semana en pintarme banderitas en la cara y que no ocultan su desconcierto pues nunca me han visto portando algún vestido muy mexicano… que demuestre mi amor patrio. Y yo, diría Joaquín Sabina, me siento “como un pato en el Manzanares”… tan ajena a tales entusiasmos. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme el porqué jamás me ha nacido hacer algo semejante [desde niña me pasa; recuerdo que en la primaria siempre me escogían para los bailables del 10 de mayo, por más que yo le rogaba al “Ángel de la guarda” que me volviera invisible cuando la maestra empezaba a buscar a los protagonistas… eso nunca sucedió y la Chuyita siempre resultó seleccionada para bailar en el festival… quizá por ello, chiquita aprendí a “hacer de tripas de corazón” y aún muerta de vergüenza escénica, llegaba al dichoso festival a darle al zapatazo, perfectamente ataviada con los vistosos trajes regionales y peinada con trenzas adornadas con listones multicolores, que mi santa abuela tenía a bien confeccionarme].
Pero debo hacer una confesión: mi espíritu cursi y kitsch me hace disfrutar viendo a la Ciudad de México llena de adornos tricolores y las imágenes de símbolos patrios alumbrando el Zócalo capitalino. Gusto mucho de ese decorado tan vistoso, luminoso, multicolor. Me encanta verlo… pero no imitarlo en mi persona…
Septiembre, mes patrio… época de comer pozole, tostadas de tinga y demás antojitos mexicanos… ¿y si a la Chuyita le da por cocinarlos? Pues se dirige a su supermercado más cercano -la Chuyita trabaja y los mercados tradicionales cierran temprano- el cual, para su desgracia resulta ser el de los estadounidenses hermanos Wall-Mart. Templo del consumo clasemediero, donde la mexicaneidad de ocasión se hace presente cada septiembre, merced a lo cual el espectáculo no podría ser más vistoso y surrealista: en medio de los agringados adminículos acostumbrados por halloween en el país de los propietarios, pueden verse mesas cubiertas con sarapes como de Saltillo…pero made in China, provistas de los ingredientes necesarios para elaborar esos platillos taaan mexicanos: maíz pozolero precocido y enlatado… made in USA; lechugas, carísimas por cierto, made in USA, unos chiles parecidos al piquín, rojísimos y preciosos… made in China, limones verdísimos y grandes, divinos pero cero ácidos… cultivados en California; pechuga de pollo para la tinga, importada de USA, aclara la etiqueta con el precio, de esa atascada de hormonas y tan descolorida, que la Chuyita siempre tan mal pensada, sospecha está congelada desde que inició la invasión gringa a Irak en 2003. Para servir esos mexicanísimos antojitos, no podían faltar unos platos hondos propios para el pozole, sí… made in China… but of course. Y finalmente, para brindar por nuestra independencia nacional, el supermercado gringo nos ofrece variedad de botellas de tequila… como tiene denominación de origen, este elixir etílico aún no lo venden los chinos… todavía… o al menos, no con ese nombre.
Ante ese panorama, la Chuyita totalmente decepcionada y emberrinchada desiste de sus afanes culinarios y sale de Wall Mart profiriendo maldiciones a todos los que considera las merecen, tras corroborar, una vez más, el penoso desastre que vive el campo mexicano. No obstante, en medio del desasosiego, se lamenta que su poco aguante para los alcoholes fuertes -a lo más bebidas que no sobrepasen los 20 grados de contenido alcohólico- le impedirán consolarse con una borrachera tequilera que le permita ahogar sus penas patrias y de paso, festejar la noche del 15 de septiembre gritando como mandan los cánones… aunque sin ver la Ceremonia del Grito por Televisión… no vaya a ser que en un arranque de enojo le dé por lanzar la botella –vacía desde luego- al Señor que encabeza los festejos desde el Balcón Central de Palacio Nacional, con el riesgo de descomponer el aparato televisivo… con lo útil que es como reproductor de películas en DVD…
Pero que Viva México pues…
Imagen: Victoria Alada (Ángel de la Independencia) de la Ciudad de México
Tomada de
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