Quiero hacerlo simplemente porque quiero.
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Desayunaba con un amigo, Alex Castañeda, en un restaurante cubano. Mientras nos servían café, una persona se acercó al quicio de la puerta y dándonos una explicación de su situación económica nos pidió una moneda. Yo saqué algunos pesos de la bolsa y se los entregué. Mi colega no dijo nada, pero me observó con una mirada suspicaz… Durante la sobremesa me preguntó por qué le di dinero a aquel hombre que tan fuerte y sano se veía para trabajar. Y mi respuesta me remitió a tres anécdotas añejas.
Hace varios años tuve un problema mecánico con mi carro. De emergencia dejé mi vehículo con un eléctrico a varios kilómetros de casa en una zona donde ni la señal del celular llegaba. Aquel día hacía un calor sofocante, no traía efectivo y tampoco encontré un solo cajero automático para sacar dinero y pagar un camión, pues en ese tiempo no había taxis libres en Tijuana. Recuerdo que iba vestido de traje y zapatos de vestir empanizados de polvo después de caminar un tramo de terracería. Viendo a la gente esperando el transporte, tuve la intención de acercarme a alguno de ellos y pedirle que me prestara cinco pesos para la “calafia”. Me detuve en varias esquinas, intenté pedir ayuda en varias ocasiones, pero siempre llegó a mi mente la siguiente idea: “De seguro me van a ver, joven, sano, bien vestido y al pedirles dinero van a pensar que soy un drogadicto, holgazán, abusivo… o se van a preguntar por qué no me pongo a trabajar al menos limpiando carros, en lugar de pedir limosna”. Y así preferí caminar más de dos horas para llegar a casa, insolado y con los pies ampollados.
La segunda anécdota la viví en un semáforo. Por obras de pavimentación, varias calles estaban cerradas y el único acceso al bulevar estaba atascado. Un chamaquito como de doce años, güero, de ojos grises y ropa medianamente limpia, se acercó a mi ventanilla diciéndome: “¿Tengo hambre, no me regala pa´ un taco?” Lo primero que hice fue ver si sus padres estaban cerca, cuidándolo a distancia, esperando aprovecharse de todo lo que el niño pudiese limosnear. Sin encontrar a sus “explotadores”, tomé con cierto desdén dos monedas y antes de entregárselas le pregunté si en verdad las quería para un taco, a lo que el chiquillo presto respondió que sí. Harto por la espera, le subí al estéreo y me olvidé por completo del asunto. Tres semáforos después cuando por fin pude dar vuelta a la esquina, alguien me gritó. Al voltear la cabeza vi al güerito en un puesto de tacos, que desbordante de contento levantaba el plato con la mano para que viera lo que se había comprado. En ese instante, no me sentí nada halagado ni orgulloso, sino humillado y miserable: él me dijo que tenía hambre, me pidió para un taco y yo mezquinamente sólo para un taco le di; me dijo la verdad y no le creí. Tuve ganas de regresarme para comprarle toda la hoya de birria y las sodas que quisiera, pero era tarde, el tráfico lo hacía imposible.
Al final y como última anécdota, recordé las sabias palabras de un querido maestro de la secundaria, el profesor Francisco Casanova. Alguna vez yo le dije que no me gustaba darles dinero a los limosneros porque -según yo- “piden para comer pero en realidad usan lo que recolectan para drogarse”. Mi maestro me observó curioso y sin intentar convencerme de nada se limitó a decir: “Tu obligación moral es ayudar al necesitado y en este caso, al dar una moneda ya estás cumpliéndole a Dios… Lo que el limosnero haga con esa moneda, sea bueno o sea malo, ya serán cuentas que él tenga que darle a Dios, pero al menos tú estarás tranquilo sabiendo que cumpliste con tu misión cristiana”. Gracias a estas historias y “usando un poco de criterio”, desde entonces no tengo el corazón de negarle un peso a quien humildemente me lo pide. No sé si esté bien o mal, pero al menos me siento tranquilo.
jousinpalafox@hotmail.com
Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.
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Uno puede ayudar y sin pensar para qué la ayuda esta dada!!!! Ese profesor al que te refieres fue profesor mio en la secundaria también!! Hace más de 20 años gracias por recordarmelo!!! muchos lo tenemos en buena estima, saludos!!