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Somos diosas

diosa Somos diosasDurante mucho tiempo se creyó que las mujeres son seres inferiores, que provienen de la costilla de Adán y que por esa causa deben estar agradecidas con el género masculino, que al tener menos fuerza física (a veces) están subordinadas a ellos.

Los cuentos de princesas y hadas que le cuentan a las niñas les enseñan desde muy temprana edad que los hombres vendrán a rescatarlas de las garras de la terrible madrastra y de los quehaceres de la casa; que ese príncipe las hará felices y que no tendrán que preocuparse después de la relación sentimental con dicho galán.

Las mujeres han aprendido que el sexo está irremediablemente unido al amor. Y puede ser que sea cierto, que el sexo con amor es mucho más satisfactorio y pleno que el sexo casual y que, en verdad, como una vez leí, el amor es el más potente afrodisíaco. Sin embargo, hay mujeres (y cada vez más) que aceptan la posibilidad de vivir su sexualidad libremente, experimentando y disfrutando sus encuentros sexuales sin necesidad de establecer compromisos afectivos.

Desde jóvenes las madres enseñan a sus hijas a servir a los varones de la casa, siendo padre, tíos, o hermanos.  Ellos (por ser hombres) no deben hacer labores domésticas, ese es trabajo de “viejas”, ellos se encargan de traer el dinero.

La violencia en contra de la mujer se categoriza como una situación normal al decir que la agresión verbal no es tan mala como la física, aunque se sabe hoy en día que todos los tipos de violencia son dañinos. Las secuelas psicológicas son peores que las físicas. Asimismo, se cree que si él trabaja, trae lo que se necesita en casa y trata bien a los hijos y a las hijas, no se puede pedir más; sin embargo, la violencia no se justifica, todos merecen ser tratados con respeto y justicia.

Se ha vivido en la creencia de que el varón es más inteligente que la mujer y de que ella es más cariñosa que él, y con las costumbres de que el caballero es el responsable de proveer los gastos del hogar, que las damas toman la decisión en las compras caseras, que son ellas quienes realizan las labores domésticas y que delegarían esta función a su hija mujer. Otra creencia es que ambos deciden usar un método anticonceptivo, y es el varón quien da inicio a las relaciones sexuales.

Sin embargo, hace muchos años, cuando la civilización dejó de ser nómada para formar comunidades sedentarias, las mujeres eran consideradas Diosas: Cintéotl, Cuatlicue, Huitizilopoztli. Se sabía que las mujeres tenían el poder de la fertilidad, que sólo un ser superior era capaz de dar vida y se le temía a la muerte, por eso eran consideradas Diosas por ser dadoras directas de vida.  En aquel tiempo no había desigualdad jerárquica entre los dos géneros, no se sometía uno a otro sino que se complementaban para conservar, proteger y reproducir la vida.

Y llegó la guerra por la territorialidad y el alimento, entonces los hombres tuvieron que salir de las aldeas para pelear contra el enemigo y la mujer se quedó en casa cuidando de los hijos y de las milpas; al hombre le gustó el poder y lo traspoló a su vida diaria: dominio sexual, psicológico y económico. Así a la mujer le arrebatan su valor y privilegios y el hombre pierde el contacto con la esencia de la naturaleza y la fuerza divina.

Es tiempo de que la mujer recupere su valor para crear un nuevo modelo social en el que exista una relación armónica y justa entre hombres y mujeres con un sentido de dignidad y respeto para ambos.

¿Cómo hacerlo? Recuperando el control de su propia vida. No esperando al príncipe rescatador, no entregando la vida en las manos de él, sino, trabajando por y para nosotras mismas. Recordando que somos felices por lo que tenemos y queremos, que una pareja es un complemento para la vida pero no es nuestra vida. Sabiendo que los hijos no son nuestros, sino que tienen su propia vida  y son libres de tomar sus propias decisiones, como lo hacemos nosotras mismas. Entendiendo que una pareja no es como nosotros queremos que sea, sino que él es como es y no cambiará. Aceptando que todos somos personajes únicos y que no estamos en la obligación  de aceptar al otro en sus defectos y virtudes, y de igual manera los demás tienen derecho a no aceptar del todo nuestra forma de ser.

Imagen: cc 2.0 por e³°°°

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Uno dijo que...

  • Jo dice que:

    En aquellos días aún ignorante que yo podía ser derivada de una costilla y dejarme de creer cosas con princesas ignoraba que los seductores seriales, podrían caber tan sólo en una cajita, si mi alma de publicista se hubiera desarrollado me hubiera inventado un par de slogan

    porque ellos también se merecerían sus etiquetas.

    no me gusta ya etiquetarme ni tener alma de cenicienta
    aun cuando las historias esas atiborradas de simbolos y clichés nos los hayan inyectado culturalmente
    Hoy las mujeres y su palabra esa “empoderamiento“ me viene a cuento cuando esta esa necesidad de marcar Su espacio y no solo en la casa y su función esencial la de guardianas de los lazos familiares, hacen gala de las virtudes que se consideran femeninas pero frecuentemente se adentran en el terreno masculino en igualdad

    no se.. soy pesima para discursos pero seguramente siempre habrá versiones de mujeres y hombres … lo mejor es que uno puede escoger quien es o con que soñar por un rato
    no es tan malo

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