Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.
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Esta frase me ha definido por gran parte de mi vida. Ya que quiero muuuchas cosas, luego entonces me veía “obligada” a PODER hacerlas. Y ahora me he venido dando cuenta de que claro que soy capaz de hacer lo que sea, lo que quiera y a veces hasta lo que no quiero. Pero la verdadera cuestión aquí creo que es tener claro lo que DESEO, realmente.
Me he visto desvelarme incontables veces por seguir “divirtiéndome” en fiestas, o por “cumplir” con proyectos de la universidad; así como desgastar mi cuerpo hasta el límite por “dar lo mejor de mí” en algún partido o entrenamiento; tomar decisiones “responsables” porque soy la hija mayor; en fin, ser alguien que tal vez no quiero ser. Alguien que definitivamente PUEDO ser, y que me ha enseñado mis límites, hasta dónde puedo estirar y arriesgar mi existencia. Supongo que es esa etapa adolescente en la que experimentamos estos límites a los que somos capaces de llegar. El siguiente paso es modular, planear con referencia a las preciosas experiencias que tenemos de stock en nuestro gran museo de lecciones de vida.
A partir de los últimos meses he venido haciendo notas de mis límites y mis DESEOS, y estoy aprendiendo a MODULARLOS, ADMINISTRARLOS para lograr existir y sentirme de cierta manera. Es algo como cocinar, saber qué resultado final quieres para poder definir las “proporciones” de los ingredientes que vas a utilizar.
Al principio tal vez tenga una vaga idea (un pastel de zanahoria), o ninguna (algo agridulce), y el chiste está en arriesgarse a probar, pero en cantidades pequeñas… hacer pequeños ensayos para definir la combinación deseada y después aumentar la escala según los invitados a cenar.
Por lo tanto mi conclusión se sintetiza en buscar lo que DESEO realmente, para quererlo y poderlo materializar… ¿Hoy qué se me antoja cocinar?