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Sombra

¿Quién no disfrutaría un día de campo bajo la majestuosa copa de un gran árbol, el fresco de la mañana de marzo… entre pájaros, flores que pintan el paisaje de colores, y nos recuerdan que el invierno no dura toda la vida, y que el sol, el calor y las flores vuelven cada vez que el invierno se duerme…?

Pues sí, me imagino de bajo de una fresca sombra, ahí en un frondoso árbol, disfrutando de deliciosas viandas y un buen vino, así como cliché de película de Hollywood… y con el concepto de sombra que te resguarda, te protege de los fuertes rayos del sol, y da la sensación de cobijo, y seguridad.

Digamos que esa es la función de la sombra: es esa parte de nuestro subconsciente que funciona como protector cuando no sabemos cómo lidiar con las cosas difíciles de la vida.

Cuando somos niños vivimos experiencias con las que no podemos lidiar, ya sea ser extraordinarios, espontáneos, naturales, pero que esa naturalidad a veces se manifiesta como desfachatez o agresión, y un adulto que representa alguien importante para el niño o la niña (papá, mamá, abuelos, maestros, etc.) reprime y violenta esa libertad y sencillez que un niño puede manifestar.

sombra ali SombraCuando el pequeño se siente reprimido en su natural expresión, no alcanza a reconocer que pudiera ser problema del adulto que no sabe cómo lidiar con su sencillez. Y, ¡no!, el niño cree que él está mal y que eso tan natural, seguramente es un defecto… entonces decide reprimir su naturalidad o espontaneidad o aquello que expresó por lo que fue reprendido, castigado o reprobado. Porque el niño asume que el adulto es quien sabe y quien lo orienta, así que lo que él hace y no le gusta al adulto es malo… por lo tanto lo lleva al lugar donde lo pueda esconder, dentro de sí mismo, y lo guarda. Lo mismo hace con aquellas experiencias con las que no sabe cómo lidiar, como enojo, miedo, dolor. Por ejemplo, si se muere un ser querido y siente mucho dolor y no sabe cómo expresarlo, hace muchos berrinches, porque  no identifica que lo que siente es dolor por la muerte de su ser querido así que solo siente que explota y se enoja, o hace rabietas sin más… cosa que lo lleva a que lo reprendan, lo regañen, lo castiguen, porque se “esta portando mal”. Cuando no sabe cómo manejar sus emociones, y lo sobrepasan o le ocasionan problemas, también esas emociones las va a llevar a un lugar escondido que no le ocasionen problemas, ese lugar donde todo esto se guarda es la sombra.

La sombra, entonces es, efectivamente, ese resguardo que te protege de que la vida se “vuelva en contra tuya” es ese lugar en donde podrás guardar todo aquello con lo que no puedes lidiar en cierto momento de la vida: infancia y adolescencia, esas etapas en las que hay mucho que vivir, sentir y pasar y no sabemos cómo, y no siempre ─más bien, casi nunca─ hay alguien que nos sepa acompañar a sentir y respetar aquello que está pasando. Entonces aprendemos a “comportarnos” como se espera de nosotros, para sobrevivir.

Una vez que hemos pasado este tiempo, emprendiendo una adultez joven, ya adaptados y siendo como creemos que debemos ser, descubrimos que hay cosas que no se ajustan a lo que nos nace en el alma… como que sentimos que hay cosas que son de nuestra esencia, y que sería estúpido sacar o expresar, así que mejor lo reprimimos más, aprendemos a controlar muy bien las emociones, y a expresar las que son permitidas socialmente, y en lo momentos adecuados. A la par podríamos estar desarrollando ciertas enfermedades, que creemos normales o comunes (porque a todos les pasa lo mismo).

Lo que nunca nos preguntamos es por qué hay momentos en los que me siento como si yo no fuera yo o como si algo que pareciera muy ajeno a mí me llama y me motiva. Y qué tal cuando puedo ver que alguien me hace enojar sobremanera y cada que lo veo me detona a rabiar, o bien; otro alguien a quien admiro y reconozco y considero extraordinario. Pues sí, todo esto es mi sombra manifestándose, para que cuando esté listo/a pueda ir y sacarla de ese resguardo seguro y pueda aprender a vivir con todo lo que estoy destinada/o a ser.

La sombra funciona como ese refugio de aquello que no supe manejar algún día, ese lugar en donde escondí aquello que fungía como riesgoso o peligroso en mi vida, sobre todo en los primeros años de vida, en la infancia y adolescencia; todo aquello que no supe cómo manejar lo mandé a la sombra, y ya en la adultez ésta se manifiesta constantemente en mi vida para que la pueda integrar una vez que me sienta preparada/o para ello.

¿De qué manera puedo integrar mi sombra?

Digamos que el primer paso es reconocer que existe una sombra oscura y una luminosa: la oscura es la que veo en las cosas que odio, me chocan, me sacan de quicio en mi vida cotidiana; y la luminosa es la que proyecto en aquellas personas o eventos que son maravillosos, que admiro y suspiro por ellos, como algo difícil de alcanzar pero que anhelo. Tanto las cosas maravillosas que veo afuera porque “no las siento mías” como aquellas que alucino y no soporto, son parte de mi sombra. Las que “odio” me conectarán con esas emociones que no me gustan y que tendré que sacar para expresar y reconocer, para trascender e integrar como emociones dignas de ser expresadas, ya sea dolor, miedo, enojo, o lo que sea que sienta que haya aprendido a reprimir, así como amor, alegría, placer, todas esas emociones que se reprimen se convierten en dañinas, sólo si las expresamos, se dejan pasar y no hacen daño dentro, ninguna emoción expresada es dañina, solo las que se han reprimido lastiman. Y por otro lado está la sombra luminosa, aquellos talentos, capacidades, cualidades que en aquellas edades no supe lidiar con ellas, o eran un problema, las guardé en mi sombra y es luminosa porque una vez que las saque podré brillar y ser más yo, más integrada/o, más quien estoy destinada/o a ser.

La sensibilidad profunda, el amor incondicional, la alegría natural, la intuición, son capacidades que a veces no se pueden expresar sin riesgo en la infancia, son difíciles de compartir porque los adultos cuando educan a un niño no saben cómo lidiar con un niño extremadamente sensible, o muy amoroso, o muy intuitivo… y cuando al niño le parece algo problemático lo manda a la sombra.

Una vez que ya somos adultos y comenzamos a identificar aquello que “veo” reflejado en mi mundo, en mi vida, puedo empezar a integrarlo, a cuestionar por qué me molesta tanto aquel que me reprime y no se cómo lidiar con él… o me brillan los ojos cuando veo a esa persona que es extremadamente inteligente y se maneja con soltura y elocuencia. Si me detengo y reconozco que, tanto la represión como la inteligencia pueden ser parte importante de mí, y emprendo el viaje a descubrirlas de mi interior, voy a comenzar el camino de destapar mi sombra y de integrar mi Ser para convertirme en una persona mucho más congruente y completa, un ser en busca de la felicidad y en amor incondicional.

Convertirme más en ese árbol que protege y acompaña, y yo hacerme cargo de la sombra que me ayudó algún día.

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