Entre dos males no elijas ninguno.
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Después de un año lleno del fervor de la vida, de la contradicción y del caos que siempre trae consigo hermosos regalos de luz, llegó el momento de retomar ese camino que tres años atrás decidí emprender: mi carrera en el mundo de las artes. Pero sería mentira si lo dejara resumido en estas cortas palabras, pues en realidad ese camino empezó cinco años atrás con ese viaje que hice al otro lado del mundo, escapando de mí para encontrarme nuevamente conmigo. Al concluir ese viaje decidí comenzar otro, que de cierta forma fue retomar el mismo, pues empaqué mis maletas y me fui a instalar a una sociedad que se decía activista de un movimiento de paz, en donde me haría cuestionar hasta las raíces más profundas de mi ser. Posteriormente este movimiento de paz me haría enrabiar por su mezcla entre prácticas espirituales y un control brutal; y no aprendí hasta más tarde, que si no soltaba la rabia, no podría tomar esas circunstancias como una enseñanza.
Así fue que entré en un mundo lleno de contrariedades, donde en muchas ocasiones me pregunté con gran seriedad qué hacía allí. Un lugar lleno de artes, donde la música de los pequeños conciertos de cafés y la danza de todo tipo que experimenté le servían a mi alma como un gran banquete, sin poder omitir lo que más disfrutaba aquí, que eran mis amigas. Una combinación hermosa: mujeres de todas las edades con las cuales podía charlar plácidamente sobre sexo, espiritualidad y sobre la vida y sus misterios. Era mi grupo sagrado, allí podíamos ser nosotras mismas, completamente desnudas ante todas las caras que teníamos y así ser vistas a plenitud.
Dos de esas mujeres, sin tardar se añadieron a mi familia espiritual. Lili, con alma Chamánica y un corazón que podría abraza al mundo entero, quien en muchos momentos me sacudió para mantenerme empoderada y quien siempre hace sonreír a mi alma, sin importar en qué grado de tragedia podamos estar metidas, siempre logra calmar a esta alma mía, que en mis 23 años no he logrado domar. Y Paula con alma de yogi, caminando siempre con un sentido del humor maravilloso, siempre sabiendo sacarle jugo hasta a los rincones más amargos de la vida, siempre haciéndome agrandar mi punto de vista ante las circunstancias gracias a su visión más ligera de las situaciones. Así que este pueblo me ofrecía las más alegres de las vidas, pero también las decepciones más grandes, pues no tardé en comprender que este movimiento era una religión sin título, y mi fe siempre se acaba cuando las religiones organizadas comienzan.
De esta forma, después de dos años estando aquí, comencé a sentirme asfixiada y a sentir un impulso hacia otra de mis tantas vidas. Mi relación con este pueblo comenzaba a ser un poco tensa ya que mi corazón se lo había arrebatado una luz de Puebla. Fue entonces cuando regresé a mi país, pues con esta alma de viajera no me puedo estar quieta por mucho tiempo en un solo lugar: mis piernas ya me empezaban a picar.
Decidí dejar mis mantras por un poco más de un año y hacer el amor se convirtió en mi práctica de meditación. Dentro de este año me dejé experimentar todo rango de emociones, desde las alegrías más profundas hasta los celos más severos. Gracias a estas emociones seguí mi misión por tratar de domar está alma rebelde que llevo dentro, la cual anteriormente llegó a ser reprimida por filosofías espirituales del oriente que dictaban que el rango de variabilidad de las emociones humanas fluctuaba dependiendo en el estado de consciencia en el que te encontraras. Así que por falta de consciencia terminé reprimiendo el alma para no llegar al descontrol, donde aparte de tener que lidiar con mi algarabía, tendría también que enfrentar que, después de todos esos años de meditación, no era yo más que una mujer común y corriente con los mismos desconciertos de siempre.
Ese año me dejé ser todas las diferentes fases de mi “yo” y toqué recovecos de mis más mundanos sentimientos. Y esta luz con quien comencé a compartir mi vida, me observó cuando yo no podía verme y reconoció mi alma cuando yo no podía sentirla y me amó cuando yo no fui capaz de hacerlo. Esta luz me sujetó en cada experiencia que tuvimos y me enseñó a amar hasta el más minúsculo detalle que ofrece la vida y me solté llorando como una chiquilla casi cada día y creo que ella nunca se dio cuenta de que mis lágrimas eran de un agradecimiento profundo hacía mi luz, pues de cierta forma sin saberlo se había convertido en mi maestra.
Pasé un plazo de 15 meses, hasta que el destino me dijo que era momento de terminar algo que había comenzado ya años atrás. Así que con esta alma mía de gitana, tuve que hacer mis maletas; guardé puras lágrimas que brotaban de los más mágicos momentos que ahora debía llevarme como recuerdos.
Así regresé a está burbuja de nieve. Y pasé mi primera noche con un dolor que penetraba mi alma. No me ahogué en mi llanto probablemente porque antes de convertir el cuarto en una alberca me quedé dormida. De esta forma retomé mi vida pasada, que sin antes haber concluido, decidí comenzar una en paralelo.
Lo primero a lo que llegué fue a un retiro de meditación, que por más que me afané a no seguir, mi alma me sometió y me hizo llegar hasta el llanto más amargó de mi dolor por las inquietudes que había dentro de mi corazón. Retomé el viaje de mi alma, y consigo el enfrentamiento con mi “yo”.
Reinicé mi amistad con Lili y Paula y después de una convivencia que duró todo el día, como nuestros rituales en aquella vida pasada, Paula se volteó a mí y dijo “parece que nunca te fuiste” pero las dos sabíamos que hablaba de la confianza, que a pesar de los años, nunca se iría y así el retomar nuestra amistad no necesitó de ningún ajuste.
Ayer pasé todo un día en casa de Lili, tratando de entender la vida con mayor profundidad. De regreso, encontré en pie de mi puerta a una gran amiga esperándome: Isabel Allende, plasmada en La Suma de los Días, que era la continuación de Paula. No esperaba encontrarme con ella, pero no me sorprendió topármela. Cuando estaba comiendo en la cafetería me encontré con Diana, quien en la puerta de su cuarto del dormitorio tiene una foto de mi querida amiga Isabel, portando ese carácter latino que tanto me atrae a leerla. Tuve que mencionar que yo también era una gran admiradora del talento de Isabel Allende. Fue así que Diana me hizo saber que tenía varios de sus libros que me podía prestar. Y después de escuchar que el último título que leí había sido Paula me aseguró que no podía estar sin leer esa novela. Es así que anoche no pude soltar La Suma de los Días y nuevamente Isabel logró que un millón de lágrimas me condenara a dormir en una almohada fría y mojada. Esta mañana al tanto que abrí los ojos tuve que retomar donde me había quedado y así fue que mis ojos entre el despertar y el llanto, no se les bajaba lo hinchados.
Las líneas de Isabel también brotaron sonrisas en mí. Especialmente con las tres reglas básicas de Nico en sus relaciones humanas: no es personal, cada uno es responsable de sus sentimientos, y por último la vida no es justa, y es que me recordaron mucho a mi vida. Una de mis primeras lecciones en la India fue que nada es personal. Más tarde llegué a entrar en conflicto con esto, pues como siempre suelo irme a los extremos, permití las apuñaladas más feroces entendiendo que no era personal. Y es curioso cómo la vida da vueltas pues ahora que trato de llevar en práctica el no irme a los extremos, llega a mí esa vieja filosofía cargada de cada uno es responsable de sus sentimientos, frase que me saca de mis casillas: como puede ser una gran verdad, también puede ser una gran excusa para evadir responsabilidad del impacto que tenemos en la gente. Y ¿cómo iba a faltar la frase la vida no es justa? La primera vez que la escuché fue de mi papá, quien me dijo que su padre un día que papá no dejaba de quejarse se volteo y le hizo saber que la vida no era justa y fue eso lo que repitió mi padre al escuchar mis quejidos. Pueden imaginar que al oír esto por primera vez, un sentimiento de indignación se apoderó de mí y no fue hasta muchos años más tarde que comprendí que no por nada mi abuelo lo dijo y mi padre lo repitió.
Después de mi reunión con Isabel, decidí desempacar la última caja que me quedaba, donde estaban algunos libros y apuntes de clases, junto con mis pinturas y cuadernos de arte. Me sorprendió haber dejado esta caja al último, ya que dentro de ella había grandes tesoros. Uno de ellos era el libro que mi abuelo había escrito Caminos de Superación, con el que dejé de ver a mi abuelo como tal y comencé a percibirlo como un hombre sabio; gracias a ese libro entré a sus pensamientos más sabios acerca de los valores humanos. Dentro de ese libro me encontré con mi diploma de Reiki, que había recibido siete años atrás y justo ayer estaba hablando de eso con Lili porque ahora me topo con la oportunidad de considerar volverme Diksha giver.
Encontré también mis fotos de Lakshmi, Shiva y Sarasuati, dioses de abundancia, meditación y sabiduría. Me encontré con cartas muy viejas, que al leerlas me impresionó darme cuenta que mucha gente veía un aspecto en mí que yo todavía no descubría. Y creo que si me hubiera dejado verlo a esa edad, hubiera desaparecido ese sentimiento de que yo tenía algo de alienígena y entonces hubiera podido confiar en esta impaciencia que la gente ya notaba en mí; fue esa impaciencia o esa constante búsqueda, la guía que me llevó por los recovecos más profundos de mis aprendizajes y de mis experiencias humanas.
Y después de esta trayectoria de tantas vidas en tan corto tiempo, no puedo imaginar a dónde me irá a llevar esta inquietud mía o esta alma tan rebelde que todo quiere conocer. Como antes mencioné he retomado una vida pasada, pero en realidad por más que sea una vida pasada es un capítulo nuevo en mi vida. Por más que sea el mismo escenario, la mujer interpretando el papel es alguien nuevo.
He encontrado en la caja mis libros de Krishnamurti, Lazaris, Louisa Hay y Maharishi, todos ellos han estado en algún capítulo en mi vida, hoy me los topo todos juntos, y creo que eso es lo que comienzo, trato de salirme de mis tantos extremos y encontrarme con María en un punto medio; uno donde no es dejar para empezar, sino es empezar gracias a lo vivido: soy un “yo” que lo abarca todo y no abarca nada. Soy y a ratos dejo de ser. Pero esa impaciencia nace, esa rebeldía surge, esa búsqueda llega, porque mi alma tiene prisa por regresar a casa, por regresar a Dios. Regresar a la Diosa.
Me encanta leerte!!! Espero que nos compartas más experiencias de tu vida… siempre me recuerda lo grande que es la vida… y que padre caminar con personas como tu de vez en vez!!! Que la pases maravilloso en donde estes!!!! Alicia
Alicia, me encanta leer tus comentarios y saber que lo disfrutas.
¡Espero que cada día seas más y más feliz!
Mucha Luz.
Hermoso que puedas compartir tu experiencias, tú camino vivido, tus vidas, las vidas de María. A mi igual me gusta leerte, nos dejas entrar en tú vida através de tus palabras. Te mando un abrazo