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¿Estás abandonando a tu adolecente?

adolecente ¿Estás abandonando a tu adolecente?Cuando escuchamos la palabra adolescencia, muchos la asociamos con una especie de enfermedad, molesta y dolorosa, pero inevitable. Pensamos que como padres y maestros nuestra única tarea es sobrellevar la adolescencia de nuestros hijos, y  rezar para que pase lo antes posible y que emerjan de ella sin convertirse en delincuentes, alcohólicos o drogadictos. Vemos al adolescente, como una especie de enfermo que está pasando por una crisis de calentura y  tenemos la esperanza de que salga fortalecido de la experiencia. O como al  enfermo de varicela que todas las mañanas le contamos las ronchas para saber si ya está mejorando.

Muchos padres que cuando sus hijos estaban en preescolar asistían gustosos a todas las juntas del colegio, y después, en primaria los llevaron en las tardes a todo tipo de clases, ahora que están en la adolescencia, se encuentran  cansados.  En esta última etapa en que el joven está por convertirse en adulto, los padres “tiran la toalla”, se dan por vencidos.  Quieren quedarse sentados en la banca y observar el espectáculo pero sin tener que participar activamente. Cómo quien ve un partido de futbol en el estadio y puede  comentar, quejarse y comparar opiniones con los demás  espectadores, pero sin pegarle a la pelota.

Entonces el adolescente tiene que enfrentar esta etapa decisiva de su desarrollo solo. Solo, para descifrar todo el torbellino interno que lo revuelca. Solo, para entender que se espera de él y cómo puede lograrlo. Solo, para consolidarse como individuo frente a una sociedad que le parece incomprensible.  Solo, para enfrentar este último jalón, este último escalón, que lo colocará en la plataforma del mundo adulto.

¿Por qué perdernos la oportunidad de acompañarlos en esta etapa crítica  de sus vidas? Cuando nos interesamos y caminamos a su lado, les ofrecemos el apoyo que necesitan para  convertirse en mujeres y hombres con una visión amplia y segura del mundo. Como la  pieza de barro que ha sido moldeada y por último necesita un horno  con temperatura adecuada para cocerse, el joven requiere de nuestra presencia, de nuestro ejemplo, de nuestro interés, y de nuestra entereza,  para emerger fuerte, decidido y confiado para iniciar su vida como joven adulto.

Dejemos de ver la adolescencia como una enfermedad, y veámosla como una oportunidad de crecimiento, no sólo para ellos, sino también para nosotros. Como la posibilidad de acompañarlos a atravesar el umbral hacia el mundo adulto. Reconozcamos el privilegio de haber contribuido en su proceso de convertirse en personas maduras y responsables, deseosas de salir a encontrarse con su futuro.

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